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Una puerta a la eternidad

Nicto

Berlín, Alemania, año 1943. Los científicos nazis estaban buscando la forma de poder atacar a su enemigo, Estados Unidos, desde dentro. Después de varios años se consiguió, al fin, descubrir la forma perfecta de hacerlo. El proyecto Yggdrasil, liderado por el científico Robert Amadeus Wagner, consistía en crear una máquina que pudiera doblar el espacio, y así poder viajar a cualquier parte del planeta instantáneamente.

En Junio de 1943, Robert decidió hacer la primera prueba en territorio enemigo, enviando a un comando de soldados a California. La máquina Yggdrasil ocupaba todo un edificio. El agujero de gusano se abría dentro de un gran círculo de metal extraño, rodeado de unos cables conductores que parecían brillar con luz propia. A su alrededor, el aire parecía volverse espeso. Había un enorme atril de metal al lado del gran círculo, con botones y palancas de decenas de colores. Junto a su equipo, Robert accionó un mecanismo que funcionaba con energía termonuclear, recientemente descubierta por los científicos nazis, siendo la única suficientemente potente como para doblar el espacio.

Los cables comenzaron a brillar más, de un color azul verdoso, mientras una imagen se formaba lentamente en el círculo. Los soldados alemanes, equipados con sus armas, cruzaron el portal a toda prisa. Vieron cómo la realidad a su alrededor se desvanecía y se volvía a crear, dando lugar a la imagen nocturna de una espesa selva. La selva, calurosa y sombría, parecía no ser de este mundo. Había plantas enormes y extrañas, nunca antes vistas por ningún ser humano. El aire olía a azufre y costaba respirar. En el horizonte, podía verse un gigatesco volcán vomitando humo al oscuro cielo. La Luna brillaba rojiza en el firmamento, como cirio luchando a duras penas contra la oscuridad.

Los soldados, extrañados, no sabían qué hacer. Aquello no era la California que ellos esperaban. Un sonido, seguido de un leve movimiento en la maleza, los alertó. Algo los estaba acechando desde las sombras. Un soldado pudo ver que, detrás de un enorme árbol, se distinguían dos malignos ojos amarillos que lo miraban fijamente. Los ojos estaban estáticos, no le quitaban la vista de encima.
Sin previo aviso, una criatura enorme saltó sobre otro soldado, que gritó de dolor mientras accionaba el gatillo de su ametralladora. El sonido de los disparos alertó a los demás soldados, los cuales mataron al animal con sus armas. El soldado atacado falleció despedazado. El enorme animal, parecido a un reptil, yacía en el suelo, muerto.

Su postura bípeda hizo que los soldados se estremecieran. Ninguna bestia que ellos conocieran se parecía a aquello. Era tan grande como un hombre y sus escamas estaban recubiertas por plumas. Sus patas acababan en tres garras en forma de hoz, de unos 30 centímetros cada una. Uno de los soldados, que resultaba ser un paleontólogo de la Universidad de Colonia, palideció cuando consiguió identificar a aquella extraña criatura. Retrocedió unos pasos y gritó "¡Es un Utahraptor!".

Siguió con su explicación. "Los Utahraptors son dromeosauridos de unos dos metros de alto y andan a dos patas. Vivieron en la época cretácica, en lo que hoy en día es el estado Utah, muy cerca de California. Esto explicaría la aparición de este espécimen en medio de la selva... salvo que se extinguieron hace más de 60 millones de años".

La frase siguiente fue lo que heló la sangre de sus compañeros: "Cazan en manadas". De entre las sombras de la selva, un gruñido grave sonó, alertando a todos. Sin previo aviso, otro Utahraptor saltó entre los helechos y tumbó a otro de los soldados. Todos ellos, poco a poco, fueron sucumbiendo a la emboscada de Utahraptors.

Desde el laboratorio, Robert pensaba en la palabra que había escuchado por la radio: "Utahraptor". Mientras por la megafonía se oían los gritos de los soldados, Robert quedó en shock. No tardó en darse cuenta del terrible error que había cometido. Tal y como Einstein había descubierto, el espacio está unido al tiempo, de manera que doblando a uno acabas doblando al otro. Al abrir el portal a un lugar tan lejano como los Estados Unidos, también habían doblado mucho el tiempo, enviando a sus soldados a California... pero a su versión del Cretácico.

Los científicos escuchaban aterrorizados la explicación de Robert. Uno preguntó si era posible cerrar el portal. Un silencio sepulcral invadió la habitación. La tensión podía respirarse. Después de varios segundos, Robert respondió con un tajante "No". El portal era demasiado inestable como para cerrarlo de forma segura, pudiendo convertir a todo el planeta en un agujero negro.
De repente, un sonido metálico se oyó en la zona del portal. Unos gruñidos inundaron la habitación. Robert miró hacia el gran anillo y pudo ver una gran garra asomando por el portal y chocando gravemente contra el suelo metálico.