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Organización y Lucha

MX

Pasado un tiempo, los soldados le informaron de lo que más temía: la llegada del experto “adecuado para este trabajo”, recordándole otra vez la fugacidad de su vida en ese momento. Pero no fue él el más afectado por la situación, sino su socio, que en un arrebato de ira le ordenó que contestara al mensaje recibido de un número desconocido. Él, de manera prácticamente inconsciente, respondió, interrumpido por el disparo al móvil del secuestrador tras sonar la notificación de mensaje enviado.

Desesperanzado al ver el resultado nulo de su acción, perdió toda esperanza en su socio como último recurso, aunque no fue una pérdida duradera. Diez segundos después del mensaje, una vibración casi imperceptible dio paso a una espectacular explosión que provocó que los enemigos cayeran muertos, golpeando el suelo y dando fin a la sonata de muerte provocada por él.

Su socio le indicó que le siguiera al edificio. Este pareció reaccionar a su presencia, ya que las puertas se abrieron al acercarse, revelando un camino señalizado con luces que se apagaban al compás de sus pasos. Mientras avanzaban, su mano derecha le dio las órdenes de colocar explosivos remotos en cada sala, con el fin de detonarlos todos al salir de allí. Si lograban acabar con el enemigo por el que luchaban, sería otra victoria contra Omnis, o eso creían.

Siguiendo las luces y colocando explosivos en cada sala, llegaron al final, donde se encontraron frente a una gran puerta blindada con una cámara de seguridad que se movía observándolo. Tras unos segundos, las luces del pasillo se apagaron y las puertas comenzaron a abrirse, revelando lo que parecía una silueta conversando por teléfono en una sala con una luz tenue y acogedora, que simulaba un despacho rústico de un dueño adinerado.

La silueta, aparentemente tranquila, continuaba la conversación. Él alcanzó a oír: “Ha llegado, es el momento”, seguido del giro de la silla en la que estaba sentado el desconocido. Su amigo, al instante, exclamó: “¡Debemos matarlo, cuando lo hagamos habremos ganado!”. El extraño respondió con calma: “Te ha dicho que me mates, ¿verdad?”. Su socio, nervioso, insistió: “No lo escuches, es un mentiroso, mátalo”, mientras le entregaba un cargador para la pistola que él llevaba.

Siguiendo las palabras de su amigo, levantó el arma y apuntó a la silueta, que permanecía inmóvil ante la amenaza. “Está desesperado por matarme, ¿no?”, dijo el hombre. “No le hagas caso, no es real, es solo una simple ramificación; en algún momento debías saberlo”. Él, enfurecido, lo llamó mentiroso y apretó el gatillo, pero la pistola no disparó.

“Te ha dado un cargador, ¿no? Ya te dije que él no era real, solo fruto de un fallo de creación”, continuó la silueta. “¿Crees que tengo esquizofrenia y que mi mejor amigo es creación mía?”, respondió él. “No, no puedes tener esquizofrenia. Lo que ocurre es que una ramificación fallida de ti ha tomado el control. ¿No recuerdas que lo teníamos previsto desde hace tiempo?”.

“¡Yo a ti no te conozco!”, gritó él.
“Parece que has llegado a la última fase de la ramificación: perder la memoria, pero no sin antes acabar con todos tus propios medios del partido, incluso con tu propio creador, el experto que te controlaba y se aseguraba de que esta inversión no fuera en vano. Has defraudado a todos los demás gobernantes de otros países. Omnis, hemos de reemplazarte”.

“¿Soy Omnis?”, respondió él. En ese momento, se dio cuenta de su falta de recuerdos previos al odio hacia Omnis, de su ausencia de identidad propia y de la dudosa existencia de su socio, que desapareció tras ello, pero no sin antes dejar un último mensaje en su mente: “destruye a Omnis”.