Los multiversos de Vega
Eramar
"Jamás hubiera imaginado que todos mis descubrimientos se acontecieran gracias a un púlsar que parpadeaba como un corazón en las inmensidades del cosmos", repetía Vega mientras seguía procesando lo ocurrido.
Todo comenzó una calurosa noche de verano, cuando Vega se encontraba en el observatorio de Yebes contemplando las maravillas del universo.
Como de costumbre, un silencio casi absoluto inundaba el observatorio, solo el tenue y constante sonido de los equipos e instrumentos se atrevían a romper la calma.
De repente, el gran radiotelescopio ARIES XXI que poseía el observatorio, detectó un púlsar, es decir, una estrella de neutrones que gira rápidamente, emitiendo haces de radiación desde sus polos magnéticos similares a un faro cósmico. Los llamados relojes más precisos del cosmos. En ese instante, Vega se sintió muy afortunada de haber observado ese extraordinario fenómeno de la forma más casual posible. No había salido aún de su asombro, cuando el telescopio comenzó a emitir una intensa señal acústica haciendo indicar un hallazgo descomunal. Vega rápidamente entendió que no solamente había descubierto un púlsar, sino una gran sucesión de púlsares.
La joven astrónoma, cuya curiosidad era insaciable, pasó días y noches leyendo sobre las señales de los púlsares, pero lo único que pudo averiguar fue que todas tenían algo en común: se repetía en intervalos exactos de 0.005 segundos.
Lo que había sucedido, nunca antes había sido detectado por nadie en el campo de la astrofísica, por lo que Vega empezó a relacionar estos púlsares con todas la hipótesis posibles. Ninguna de ellas guardaban relación con lo ocurrido y empezó a descartarlas rápidamente, todas excepto una: la teoría de los multiversos.
Lo acontecido no podía tratarse de un simple fenómeno astronómico, sino de una señal enviada desde otro universo.
Inmediatamente, Vega (antes escéptica con esta teoría), se puso a pensar cómo podía comprobar si de verdad fuera posible. Investigó a través de diversos medios hasta que encontró un artículo sobre cuántica. Tras su lectura, su mente quedó repleta de posibles ideas, aunque había una que destacaba respecto a las demás. Se trataba de la construcción de una máquina cuántica que le permitiera estar en dos lugares al mismo tiempo, siendo esto posible gracias a la teletransportación cuántica.
Recopiló una gran cantidad de materiales y consiguió crear uno de los objetos que posteriormente pasaría a la historia de la ciencia, aunque en ese momento no era consciente de su hazaña. Dicha maquinaria provocaba que los átomos de su cuerpo permanecieran entrelazados a distancia compartiendo un mismo instante en el tiempo. Tras ponerla en funcionamiento, el cuerpo de Vega se encontraba físicamente en el observatorio, pero su mente viajaba entre el espacio-tiempo. A su invento lo llamó <>.
Al funcionar con éxito, empezó a perseguir los púlsares para ver su procedencia. El recorrido no fue fácil, se encontró con meteoritos y rayos gammas, pero lo peor fue percatarse de la presencia de un agujero negro supermasivo. Antes de que pudiera reaccionar, ya se encontraba afectada por su increíble fuerza gravitatoria. Si se quedaba atrapada, ya nunca podría regresar. Finalmente, Vega perdió la batalla contra la fuerza gravitacional y fue engullida por el agujero negro. Afortunadamente, no pasó mucho tiempo hasta que fue expulsada a través de un agujero blanco.
No obstante, su felicidad duró poco, ya que descubrió que los púlsares que perseguía se habían fugado. Sin saber muy bien lo que hacer, Vega estuvo flotando en el espacio durante unas tres horas, hasta que asombrosamente, otro conjunto de púlsares atravesó la oscuridad, iluminando su alrededor y devolviendo la esperanza de poder encontrar otro universo.
Tras mucho tiempo de recorrido, llegó a una zona donde solo podía ver nebulosas, estas estaban por todas partes, y cuando las atravesó, sintió cómo su cuerpo percibía sensaciones las cuales nunca había vivido, se encontraba en una zona desconocida.
No pudo reconocer ningún elemento, sabía que su universo era muy diferente a este. No había planetas ni estrellas.
Solo averiguó que los púlsares provenía de una especie de vacíos cósmicos.
No se quiso quedar allí mucho tiempo, ya que todo era desconocido y no sabía qué peligros podrían ser presentados ante ella, así que retomó el camino a su universo natal.
Cuando consiguió unirse de nuevo a su cuerpo, inmediatamente informó al resto de la humanidad de los nuevos hallazgos científicos y con la ayuda de célebres investigadores e ingenieros, consiguió mejorar la máquina incorporando nuevos elementos para comenzar otra expedición y estudiar lo desconocido.
La próxima misión era saber cuántos multiversos existían y si todos ellos estaban conectados por nebulosas. Para ello contaba con una fuerza tan poderosa que era capaz de trascender las dimensiones del tiempo y el espacio: su amor hacia el universo.
Todo comenzó una calurosa noche de verano, cuando Vega se encontraba en el observatorio de Yebes contemplando las maravillas del universo.
Como de costumbre, un silencio casi absoluto inundaba el observatorio, solo el tenue y constante sonido de los equipos e instrumentos se atrevían a romper la calma.
De repente, el gran radiotelescopio ARIES XXI que poseía el observatorio, detectó un púlsar, es decir, una estrella de neutrones que gira rápidamente, emitiendo haces de radiación desde sus polos magnéticos similares a un faro cósmico. Los llamados relojes más precisos del cosmos. En ese instante, Vega se sintió muy afortunada de haber observado ese extraordinario fenómeno de la forma más casual posible. No había salido aún de su asombro, cuando el telescopio comenzó a emitir una intensa señal acústica haciendo indicar un hallazgo descomunal. Vega rápidamente entendió que no solamente había descubierto un púlsar, sino una gran sucesión de púlsares.
La joven astrónoma, cuya curiosidad era insaciable, pasó días y noches leyendo sobre las señales de los púlsares, pero lo único que pudo averiguar fue que todas tenían algo en común: se repetía en intervalos exactos de 0.005 segundos.
Lo que había sucedido, nunca antes había sido detectado por nadie en el campo de la astrofísica, por lo que Vega empezó a relacionar estos púlsares con todas la hipótesis posibles. Ninguna de ellas guardaban relación con lo ocurrido y empezó a descartarlas rápidamente, todas excepto una: la teoría de los multiversos.
Lo acontecido no podía tratarse de un simple fenómeno astronómico, sino de una señal enviada desde otro universo.
Inmediatamente, Vega (antes escéptica con esta teoría), se puso a pensar cómo podía comprobar si de verdad fuera posible. Investigó a través de diversos medios hasta que encontró un artículo sobre cuántica. Tras su lectura, su mente quedó repleta de posibles ideas, aunque había una que destacaba respecto a las demás. Se trataba de la construcción de una máquina cuántica que le permitiera estar en dos lugares al mismo tiempo, siendo esto posible gracias a la teletransportación cuántica.
Recopiló una gran cantidad de materiales y consiguió crear uno de los objetos que posteriormente pasaría a la historia de la ciencia, aunque en ese momento no era consciente de su hazaña. Dicha maquinaria provocaba que los átomos de su cuerpo permanecieran entrelazados a distancia compartiendo un mismo instante en el tiempo. Tras ponerla en funcionamiento, el cuerpo de Vega se encontraba físicamente en el observatorio, pero su mente viajaba entre el espacio-tiempo. A su invento lo llamó <
Al funcionar con éxito, empezó a perseguir los púlsares para ver su procedencia. El recorrido no fue fácil, se encontró con meteoritos y rayos gammas, pero lo peor fue percatarse de la presencia de un agujero negro supermasivo. Antes de que pudiera reaccionar, ya se encontraba afectada por su increíble fuerza gravitatoria. Si se quedaba atrapada, ya nunca podría regresar. Finalmente, Vega perdió la batalla contra la fuerza gravitacional y fue engullida por el agujero negro. Afortunadamente, no pasó mucho tiempo hasta que fue expulsada a través de un agujero blanco.
No obstante, su felicidad duró poco, ya que descubrió que los púlsares que perseguía se habían fugado. Sin saber muy bien lo que hacer, Vega estuvo flotando en el espacio durante unas tres horas, hasta que asombrosamente, otro conjunto de púlsares atravesó la oscuridad, iluminando su alrededor y devolviendo la esperanza de poder encontrar otro universo.
Tras mucho tiempo de recorrido, llegó a una zona donde solo podía ver nebulosas, estas estaban por todas partes, y cuando las atravesó, sintió cómo su cuerpo percibía sensaciones las cuales nunca había vivido, se encontraba en una zona desconocida.
No pudo reconocer ningún elemento, sabía que su universo era muy diferente a este. No había planetas ni estrellas.
Solo averiguó que los púlsares provenía de una especie de vacíos cósmicos.
No se quiso quedar allí mucho tiempo, ya que todo era desconocido y no sabía qué peligros podrían ser presentados ante ella, así que retomó el camino a su universo natal.
Cuando consiguió unirse de nuevo a su cuerpo, inmediatamente informó al resto de la humanidad de los nuevos hallazgos científicos y con la ayuda de célebres investigadores e ingenieros, consiguió mejorar la máquina incorporando nuevos elementos para comenzar otra expedición y estudiar lo desconocido.
La próxima misión era saber cuántos multiversos existían y si todos ellos estaban conectados por nebulosas. Para ello contaba con una fuerza tan poderosa que era capaz de trascender las dimensiones del tiempo y el espacio: su amor hacia el universo.