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El Astronauta que No Envejeció

Mar

Imagina que el universo es como una cama elástica. Si pones una canica en el centro, la tela casi no se mueve, pero si pones una bola de bolos, la tela se hunde muy profundamente. Eso es lo que pasa con los agujeros negros, son tan pesados que hunden “la tela” del universo. Pero hay algo extraño en todo esto: cuando el espacio se estira mucho, el tiempo también se estira y se vuelve más lento.

Carla era una astronauta que tenía que bajar a un planeta que estaba muy, muy cerca de un agujero negro. Su compañero, Pedro, se quedó esperándola en la nave principal de mandos, lejos de aquel agujero.

—Solo bajaré a recoger unas muestras y vuelvo en una hora —dijo Carla por la radio.

Ella bajó al planeta, y a su parecer el tiempo transcurría normalmente. Miraba su reloj y los segundos hacían tic, tac, tic, tac como siempre. Caminó por grandes rocas, incluso pudo coger algunas más pequeñas y guardarlas en bolsas, y después de 60 minutos exactos, subió a la nave donde se encontraba Pedro.

Cuando entró se llevó un susto tremendo. Pedro ya no era el joven que ella había dejado hacía una hora. Ahora tenía arrugas e incluso canas.

—¡Carla! –grito Pedro emocionado—. ¡Has estado fuera 20 años!

Ella no podía creerlo. Solo había consumido una hora de su vida. Pero como estaba en un lugar donde la gravedad era tan fuerte, su tiempo se había vuelto lento comparado con el de su compañero. «Esto no es magia, sino ciencia. Se llama dilatación del tiempo», dijo Pedro. «Si hay mucha gravedad, el tiempo pasa más lento; si hay poca gravedad el tiempo es normal».

Sara no viajó en una máquina del tiempo, simplemente estuvo en un lugar donde el tiempo fluía de forma distinta. Para ella fue simplemente una hora, pero para el resto del universo pasaron dos décadas. Pues tal como decía Albert Einstein: “el tiempo es algo relativo”.