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Kétchup

Verde Malaquita

Como siempre llegaban tarde. Da igual que lo avisaran con tiempo, que saliera más tarde de casa o que llegara con retraso el metro, el autobús o cualquier otro tipo de transporte. La realidad era que siempre era la primera en llegar al lugar donde habíamos quedado o al punto de encuentro. El concepto de puntualidad, que en mi caso estaba tan interiorizado, para otras personas no existía o no parecía existir. Para paliar la espera y no pasar frío decidí ir a por una bebida caliente a un bar cercano. Abrí la puerta, entré y me acerqué a la barra para pedir un café con leche. Mientras lo preparaban me entretuve jugueteando entre los dedos con el típico sobre de kétchup que hay en el centro de mesa y me vino a la mente lo que había escuchado hace tiempo en un programa de televisión. Que esta salsa es capaz de activar todos los tipos de papilas gustativas de cualquier parte de la lengua: dulce, amargo, salado, umami y ácido. Una delicia para el sentido del gusto, una combinación perfecta que es la razón científica de su gran popularidad y consumo mundial. Tan cotidiana y tan clásica, para algunos indispensable a la hora de comerse unas patatas fritas, o en mi caso, mientras esperaba un café.