El impacto del factor
Marcello Castelovecchio
Hola, soy Arjás. Recibí el número hace un año, más o menos. Es el 230226, es decir, el doscientos treinta mil doscientos veintiséis, mil euros. Si vosotros no habéis recibido ningún número puede que sea porque nadie cuenta con vosotros para el futuro, yo qué sé. O quizá esto signifique que yo cuente demasiado, yo qué sé. Espero que sea lo segundo, puesto que, si fuese lo primero, significaría que vuestra supervivencia no está asegurada y que deberíais haber empezado ya a correr a por ella. Ojalá la realidad solo fuese un sueño, yo qué sé. De hecho, creo recordar que yo tengo dos números, así que supongo que podría quizá elegir más bien uno, o yo qué sé, y darle el otro a alguien, o algo.
Sobre los párrafos de este texto, cabe destacar que algunos funcionan como introducción a los mismos y otros son los continentes de su significado propio. Por ejemplo, el cuarto párrafo del relato es un intento de homenaje a Roberto Iniesta, mientras que el resto es un homenaje, en vida, a Albert Pla. El segundo párrafo, que es este mismo, y, en particular, esta frase, que está repleta de comas, es un pequeño guiño picaresco que quiere inspirarse en la literatura cervantina, aunque conste aquí que no ha habido otro más grande en España que Federico García Lorca. Se me olvidaba también poner que el primer párrafo se ha inspirado en Juarma, y que también un poco en Tarkovski, aunque cabe destacar sobre este último que las dos películas suyas que he visto me han parecido más bien aburridas debido a su lento ritmo, esencialmente. Quizá esto sea porque Andrey siempre careció de corazón. Mi madre, por último, fue y es Woolf, mientras que mi padre es Manuel Vilas, u Ordesa, ya no lo recuerdo. Y también hay algo de Salvador Dalí por algún lado o por todos, y algo o mucho de Martin Crimp y Angelica Lidell para cuando esto se teatralice. Bonaventura, es como si este párrafo no fuera nunca a acabarse, ¿verdad? En realidad, de hecho, ahora que lo pienso, este texto vuelve a ser el mito de la caverna, pero con sutiles transformaciones. El mito, lamentablemente, era verdad. Y la verdad, afortunadamente, quedó transcrita como mito.
Puede que parezca que los diferentes fragmentos del texto no estén asociados entre sí, pero estas dos líneas simplemente quieren dejarlo claro, de nuevo.
Pues bueno, he aquí el cuerpo del relato. Me levanto un lunes y miro el teléfono durante horas: una, dos, tres. Me entretiene cualquier mierda que haga olvidarme de quién soy yo y quiénes son los que me rodean. Tengo depresión, pero ya voy al psicólogo y al psiquiatra, así que bueno, ya está todo hecho por mi parte. Por lo tanto, ahora, lo que tiene que cambiar es todo lo demás.
Después, busco conectores, palabras o símbolos que hagan que los dos o cuatro párrafos anteriores que han querido funcionar como una presentación de mi persona puedan también funcionar como introducción del contenido que viene a continuación, pero como no soy de encontrar nada, esto va a ser lo que tiene la intención de serlo: la palabra inglesa que denomina al esclavo tiene su equivalente literal al castellano como eslavo. La palabra persona, en la lengua castellana, es una traducción literal del griego de cómo ahí, en tierras griegas, se denominaba a la máscara teatral. El significado de las palabras es importante, más allá de lo que pretendan decir cuando aparecen las unas con las otras.
Yo mismo, es decir, Arjás, introduzco un nudo más a este relato usando la forma imperativa de nuestro lenguaje, como si de repente el texto se transformara ahora en un monólogo teatral:
- Mira de frente todas esas cosas que tienes al lado, que no comprendes y que realmente ni tan solo puedes ver. ¿Qué son? ¿Qué aspecto adoptan? ¿Cómo se llaman? ¿Son cosas sencillas, o son complejas? ¿De qué dependen? ¿En función de qué quedan determinadas? Defínelas. Después descríbelas, escríbelas. De la más aproximada de las maneras posibles.
Uno de estos elementos, o cosas, quizá el más importante, toma forma de pirámide. Una pirámide egipcia, egipciana, gitana, jamás nunca cuestionada, sino admirada y concebida como el código. Sin embargo, la pirámide es injusta, por lo que debe de ser destruida para proceder a su reconstrucción lo más rápido posible. Ya ha pasado mucho tiempo desde el viejo Egipto, demasiado tiempo, y eso se debe a que el tiempo pasa, siempre lo hace, y, además, en la naturaleza las cosas meramente crecen.
Sobre los párrafos de este texto, cabe destacar que algunos funcionan como introducción a los mismos y otros son los continentes de su significado propio. Por ejemplo, el cuarto párrafo del relato es un intento de homenaje a Roberto Iniesta, mientras que el resto es un homenaje, en vida, a Albert Pla. El segundo párrafo, que es este mismo, y, en particular, esta frase, que está repleta de comas, es un pequeño guiño picaresco que quiere inspirarse en la literatura cervantina, aunque conste aquí que no ha habido otro más grande en España que Federico García Lorca. Se me olvidaba también poner que el primer párrafo se ha inspirado en Juarma, y que también un poco en Tarkovski, aunque cabe destacar sobre este último que las dos películas suyas que he visto me han parecido más bien aburridas debido a su lento ritmo, esencialmente. Quizá esto sea porque Andrey siempre careció de corazón. Mi madre, por último, fue y es Woolf, mientras que mi padre es Manuel Vilas, u Ordesa, ya no lo recuerdo. Y también hay algo de Salvador Dalí por algún lado o por todos, y algo o mucho de Martin Crimp y Angelica Lidell para cuando esto se teatralice. Bonaventura, es como si este párrafo no fuera nunca a acabarse, ¿verdad? En realidad, de hecho, ahora que lo pienso, este texto vuelve a ser el mito de la caverna, pero con sutiles transformaciones. El mito, lamentablemente, era verdad. Y la verdad, afortunadamente, quedó transcrita como mito.
Puede que parezca que los diferentes fragmentos del texto no estén asociados entre sí, pero estas dos líneas simplemente quieren dejarlo claro, de nuevo.
Pues bueno, he aquí el cuerpo del relato. Me levanto un lunes y miro el teléfono durante horas: una, dos, tres. Me entretiene cualquier mierda que haga olvidarme de quién soy yo y quiénes son los que me rodean. Tengo depresión, pero ya voy al psicólogo y al psiquiatra, así que bueno, ya está todo hecho por mi parte. Por lo tanto, ahora, lo que tiene que cambiar es todo lo demás.
Después, busco conectores, palabras o símbolos que hagan que los dos o cuatro párrafos anteriores que han querido funcionar como una presentación de mi persona puedan también funcionar como introducción del contenido que viene a continuación, pero como no soy de encontrar nada, esto va a ser lo que tiene la intención de serlo: la palabra inglesa que denomina al esclavo tiene su equivalente literal al castellano como eslavo. La palabra persona, en la lengua castellana, es una traducción literal del griego de cómo ahí, en tierras griegas, se denominaba a la máscara teatral. El significado de las palabras es importante, más allá de lo que pretendan decir cuando aparecen las unas con las otras.
Yo mismo, es decir, Arjás, introduzco un nudo más a este relato usando la forma imperativa de nuestro lenguaje, como si de repente el texto se transformara ahora en un monólogo teatral:
- Mira de frente todas esas cosas que tienes al lado, que no comprendes y que realmente ni tan solo puedes ver. ¿Qué son? ¿Qué aspecto adoptan? ¿Cómo se llaman? ¿Son cosas sencillas, o son complejas? ¿De qué dependen? ¿En función de qué quedan determinadas? Defínelas. Después descríbelas, escríbelas. De la más aproximada de las maneras posibles.
Uno de estos elementos, o cosas, quizá el más importante, toma forma de pirámide. Una pirámide egipcia, egipciana, gitana, jamás nunca cuestionada, sino admirada y concebida como el código. Sin embargo, la pirámide es injusta, por lo que debe de ser destruida para proceder a su reconstrucción lo más rápido posible. Ya ha pasado mucho tiempo desde el viejo Egipto, demasiado tiempo, y eso se debe a que el tiempo pasa, siempre lo hace, y, además, en la naturaleza las cosas meramente crecen.