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El examen de Biología

Elia

- ¡Alina!- gritó una voz al otro lado del pasillo. -¡Espera!
Alina paró de meter sus libros en la taquilla y se giró hacia la voz. Una cabeza con pelo rojo brillante saltaba por encima de la gran masa de alumnos que pasaba por el pasillo, moviéndose hacia su siguiente clase. Alina se rió al ver a su amiga, que era significativamente mas bajita que la gran mayoría de personas, cruzar el pasillo corriendo chocándose con innumerables mochilas en el proceso. Llegó a la taquilla de Alina jadeando con las manos en las rodillas.
-¿Estas bien?- preguntó Alina, una sonrisa dibujada en su cara.
- Si si, solo dame un segundo.- se puso recta y miró a Alina con sus ojos esmeralda. -Vale ya está, es que te quería acompañar al examen. ¿Estas nerviosa?
-Un poco. Además la profesora de biología me incomoda.- dijo Alina. Terminó de meter sus libros en la taquilla y empezaron a caminar hacia la clase.
-Ya, a mi también, además siempre me mira raro desde que dije que pensaba que tenía el pelo rojo porque de pequeña comía muchas zanahorias. ¡Yo como iba ha saber que era por una mutación genética!
Alina se rió.
Llegaron a una puerta que ponía en letras mayúsculas, BIOLOGÍA. Alina respiró profundo.
-Vale, un pequeño repaso de lo que tengo que hacer- la voz le temblaba de los nervios. Su corazón empezó a latir con más velocidad y su respiración se volvió agitada. Su amiga le puso las manos en los hombros y le miró con ternura.
-Tranquila, te va a salir genial. Vale, recuerda que tienes que darle los shocks a la rana en el corazón.
Alina asintió con la cabeza, demasiado nerviosa para responder. Respiró hondo otra vez y abrió la puerta que llevaba a la clase. Se giró hacia su amiga, que le sonrió ampliamente con los dos pulgares hacia arriba.
Alina cerró la puerta que hizo un pequeño click, pero en el gran silencio de la clase pareció hacer eco. Un penetrante olor a desinfectante volaba por el aire. La sala era tan blanca que dolía a la vista. En mitad de la sala había una mesa con una bandeja de plástico blanca, y justo enfrente un escritorio. En la pared paralela a la mesa había un armario gris alto en el cual guardaban el equipo.
Alina se acercó a la mesa, sus pasos retumbando en el denso silencio. En la bandeja había una rana verde inmóvil tumbada boca arriba, al lado derecho de la rana había dos cables, uno rojo y otro azul, los dos estaban conectados a una regleta para encender la corriente eléctrica.
El sonido de tacones, rompió el silencio. Levantó la mirada y se encontró con unos ojos azules helados. Alina noto sus músculos tensarse bajo la intensa mirada de su profesora de Biología. Era una mujer alta y delgada que siempre vestía con faldas lápiz y americanas. Su cara se hundía en las mejillas, y su nariz puntiaguda siempre estaba levemente elevada dando la impresión de que miraba a todo el mundo hacia abajo y con desprecio.
-Buenos días, Alina- dijo la profesora. Su voz era el equivalente a una tiza raspando contra una pizarra.
-Hola- respondió su voz tan suave que casi ni se escuchó ella misma. La profesora se puso detrás de su escritorio y agarró un porta papeles. Iba con una calma que puso a Alina aún más nerviosa de lo que ya estaba.
-El examen comienza ahora.
Alina tragó y, con manos temblorosas, cogió los cables. Encendió la regleta a la que estaban conectados los cables y los puso donde se situaba el corazón de la rana. La rana convulsionó. Una explosión de luz llenó la clase y Alina se cubrió los ojos. De repente toda la luz desapareció y la habitación volvió a su estado normal. Alina abrió los ojos y parpadeo rápidamente acostumbrándose al cambio de luz, pero ya no estaba mirando hacía abajo a la bandeja blanca con la rana sino que estaba en la bandeja blanca. Una risa retumbo en la clase. Una figura enorme se acercó a la bandeja. La cara de su profesora se acercó, pero se veía magnificada. Sus manos venosas se acercaron a Alina, ella fue a correr pero en vez de eso saltó y cuando fue a gritar sonó un croar. Alina ya no era una persona sino la rana que solía estar muerta.
-¿Quieres saber como he hecho esto Alina? Es muy fácil, tu pulso acelerado por los nervios es el mismo que el de la rana cuando le das los shocks, entonces se sincronizan y tu alma se mete en su cuerpo. Y ahora espero a que te mueras y ya tengo rana para el próximo examen.
La profesora cogió a Alina y la metió en el armario. Lo último que vio fue una sonrisa escalofriante.