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El científico de las planarias

María

Existe un tipo de gusano llamado planaria. Es un pequeño gusano plano con muchas capacidades; una de ellas es el aprendizaje. Algunos estudios indican que pueden aprender tareas, como recorrer laberintos. En los años 50, el científico James V. McConnell hizo un estudio con estos gusanos y lo que consiguió fue que los gusanos a los que alimentaba con restos de los que habían recibido un aprendizaje aprendieran más rápido, como si tuvieran conocimientos previos.
Este científico entrenaba planarias, luego las trituraba y después alimentaba a otras con las que había triturado. Es cierto que solo él pudo demostrarlo, por lo que no es una teoría muy segura, pero hace unos años hubo un caso en el norte de Noruega en el que un hombre que había ingerido este tipo de gusanos podía recorrer perfectamente un laberinto al que no había ido nunca.
Se podría decir que no tiene nada que ver, ya que un gusano no podría recorrer este laberinto tan extenso, pero tras varias investigaciones, se averiguó que este hombre había pedido a un amigo científico que las entrenase para poder recorrer el laberinto después de ingerirlos.
Al principio se pensaba que todo encajaba con la teoría de James V. McConnell, pero conforme avanzaba la investigación todo era más extraño. El hombre podía recorrer cualquier laberinto. Tiempo más tarde empezaron los efectos secundarios como insomnio, recuerdos que no eran suyos, confusión... Entonces decidió acudir a científicos para que analizasen su cerebro. Estos se dieron cuenta de que su sistema nervioso procesaba información de una manera inhumana. Era como si sus pensamientos perteneciesen a un tipo de intuición.
Preocupado, decidió volver a contactar con su amigo el científico. Después de varias llamadas sin respuesta, fue a su laboratorio.
Resulta que había desaparecido. Desconcertado, llamó a la policía. Cuando los agentes llegaron, inspeccionaron la zona y descubrieron que este científico no solo había entrenado unas cuantas planarias, sino que durante años había entrenado miles de ellas, seleccionando gusanos específicos, pero no sabían el porqué.
Los agentes siguieron registrando el laboratorio durante horas, hasta que encontraron algo escalofriante. El científico tenía una trampilla en su laboratorio, la cual se dirigía hacia un sótano situado bajo el edificio. Allí tenía varios recipientes de vidrio, microscopios y bisturís, pero tras recorrer la sala, observaron una puerta que les llamó la atención. Al abrirla descubrieron varios cuerpos sin vida. Después de analizarlos, supieron que pertenecían a familiares del científico que habían desaparecido hace décadas, y que todos habían perdido la vida por la misma razón.
Todos los cadáveres encontrados habían muerto por ingestión de gusanos, más específicamente, gusanos planarios.
Los policías dieron aviso al hombre que había sido víctima de este científico, y él decidió denunciar. Más tarde, acudió a una revisión cerebral para comprobar el estado en el que se encontraba.
Al recibir los resultados del análisis, quedó totalmente sorprendido. Él no era un profesional, pero se sabía de sobra que algo no iba bien. En la imagen de los análisis se observaba la imagen de su cerebro repleto completamente de estos gusanos. Se quedó impactado. Este suceso no se había producido anteriormente, por lo que no se conocía ninguna posible cura o posibilidad de crear un antídoto.
No le quedaba mucho tiempo de vida; su única salvación sería la aparición de su amigo científico, pero a medida que pasaba el tiempo, las esperanzas se iban perdiendo.
Las semanas iban pasando y no encontraban solución ninguna. Hasta que un día el científico apareció con la cura en sus manos. No se trataba de nada más y nada menos que del COVID-19.
El científico explicó a los agentes que llevaba años investigando sobre el tema, y que había huido para conseguir este virus tan potente capaz de acabar con la infección de los gusanos. Lo que no se esperaba era lo que ocurriría después de curar al hombre infectado.
Se había utilizado el COVID-19 como antídoto, pero por culpa de una mala higiene, se había extendido a varias personas, lo cual causó al principio una epidemia en el país, que más tarde se extendió a todo el mundo, creando un aislamiento global para frenar todas las muertes que había ocasionado por todo el mundo.
Este científico fue encarcelado, no solo por propagar el virus, sino por almacenar durante tantos años los cadáveres que tenía en el sótano de su laboratorio.
En la actualidad, este problema está controlado, pero no se sabe si volverá a surgir en un futuro.