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Ecuación: ciencia=independecia

Xultham

A ustedes jóvenes lectores, es posible que no les suene qué es una grabadora con CD y casetera. Para mí, ese objeto arcaico es la semilla de una de las decisiones más importantes de mi vida: dedicarme a las Matemáticas.
Cuando estudiaba la primaria, la Matemática no era precisamente la materia más atractiva para mí. Siempre fui buena estudiante, pero no fue hasta que entré a la secundaria que me di cuenta de la armonía con la que se comportaban las matemáticas. Pero como todas las historias apasionantes, mi historia con la matemática ha tenido momentos dramáticos. Mi primer momento de angustia sucedió cuando la profesora de primer año de secundaria nos dejó de tarea entregar todos los ejercicios de nuestro libro resueltos.
En esta parte de la historia entra la mujer a la que le dediqué mi tesis de doctorado en Lógica pura y aplicada, mi prima Lucy. Con toda la paciencia me explicó aritmética; resolví después el libro completo y obtuve diez, pero lo más importante es que tuve una mejor comprensión de las matemáticas.
El segundo momento decisivo de mi romance con las matemáticas, sucede cuando repruebo con una calificación de dos, sobre diez, mi primer examen parcial en el bachillerato. Ya sabía qué hacer. Con toda presteza mi prima me explicó Álgebra de una forma tan transparente que nunca más reprobé un examen de Matemáticas en el bachillerato.
Cuando estudiaba Matemáticas, sucedía en mi cabeza algo especial: no usaba casi nada la memoria, sólo necesitaba comprender. Los profesores me invitaban a participar en concursos de Matemáticas. Así llegué, compitiendo en el área de Trigonometría, a una competencia de todos los colegios del estado. Fui la mejor con un examen perfecto. Deduje una fórmula para resolver un problema de calcular un ángulo entre las manecillas de un reloj; yo no conocía la fórmula, pero la encontré para resolver el problema. El premio de ganar a todos los demás colegios fue una grabadora con CD y casetera; por cierto, aún la conservo. El viaje al concurso me lo pagó la escuela, no iba con mis padres, gané un premio haciendo lo que más me gustaba: comprender matemáticas. En ese momento, me sentí de alguna forma libre y dueña de mi destino. Decidí dedicarme a las matemáticas para toda la vida.
Entré a la universidad con mucha facilidad; fui la segunda aspirante aceptada a la carrera de Matemáticas con un puntaje muy alto.
Durante toda mi estancia en la licenciatura sólo tuve dos profesoras, eso implicaba que estudiaba en un mundo masculino. Era muy común escuchar comentarios desafortunados con respecto a ser mujer y estudiar Matemáticas.
Hice la maestría en matemáticas en dos años y fue un periodo muy especial porque en este tiempo no sólo me dedicaba a estudiar, aprendí a hacer cosas sola.
Al terminar mi defensa de tesis de maestría, le escribí a un profesor de Barcelona para preguntarle cómo entrar a la universidad y trabajar con él en el doctorado.
Sin decir nada a nadie, hice una solicitud de beca en mi país. Aún recuerdo perfecto el día que dieron los resultados: en la mañana me levanté a toda velocidad, encendí la computadora que tenían en casa y verifiqué que efectivamente me habían dado la beca para irme a estudiar el doctorado.
Las tesis en matemáticas son así: te plantean un problema; estudias lo suficiente para comprenderlo; muchas veces las fronteras para llegar a él son lejanas. Luego, si es muy viejo investigas qué han intentado los demás; después tienes que dar una idea propia, nueva, a veces sirve mucho saber de otras áreas; la creatividad es muy importante. La resistencia al fracaso es casi más importante. Seguramente te toparás una y otra vez con la frustración; es bueno saberlo. Cuando algo falla, lo dejas por un rato y lo vuelves a intentar, pero ya por otro camino. En Matemáticas todo sucede en tu mente, ese es nuestro laboratorio. Curiosamente, hasta cuando estamos descansando también seguimos inconscientemente haciendo Matemáticas. El arte es lo único que se podría equiparar con la belleza de las Matemáticas. Elegiría una y otra vez ser matemática si hubiera posibilidad de volver a vivir. No creo que haya algo a lo que me hubiera gustado dedicarme y que me llevara a mis propios límites, tampoco creo que haya algo que me diera tanta independencia. A mí no me educaron para ser una mujer independiente, estudiar matemáticas me ha hecho caminar por lugares que no imaginaba.
La ciencia ha sido para mí un camino difícil, pero este camino me ha llevado, como escribió Virginia Woolf, a tener un cuarto propio, bueno, una casa propia, una vida propia. Soy dueña de mi vida en todos los sentidos, me siento libre. Estoy en el lugar donde quiero estar.