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“Delay”

her silence.

El profesor subió la persiana.
Iris miró la hora en su reloj: 11:06:23.
Siguió escribiendo.
Volvió a mirar: 11:14:42, y de repente, entrecerró los ojos tapándose la cara con una mano, intentando recobrar la vista con un gesto molesto.
Unos minutos después, vió cómo todos se levantaban
“Habrá sonado el timbre” pensó, mientras iba a la próxima clase con la inexpresión facial de siempre.
Sentada, con la mirada perdida, de repente escuchó un sonido fortísimo dentro de su cabeza. Gritó del susto, se tapó los oídos con fuerza, y así como si nada, dejó de escucharlo.
11:24:19.
Al levantar la mirada, se fijó en cómo todos la miraban sorprendidos.
Instantes después, la profesora repartió un problema, y leyéndolo, Iris se sorprendió: “...8,19 minutos…”. Se dió cuenta de que ese fue el tiempo exacto en el que tardó en reaccionar a la luz de la ventana, y al sonido del timbre.
Volvió a leerlo. Este hablaba sobre la velocidad de los rayos del Sol, y el tiempo en que tardaba la Tierra en recibir dicha luz. A Iris, le pareció interesante, y decidió ignorar aquello que la parecía una coincidencia.
“Como pertenece al MRU…” pensó, escribiendo la operación 300.000km/s·499s=149.700.000 km. Al mismo tiempo, se le ocurrió: “¿Y si mis sentidos, mi mente… estuvieran en el Sol?” Se quedó pensándolo… “Reaccionaría de forma física en la Tierra 8,19 minutos más tarde, ¿no?”
Pensó de nuevo en ello, y riéndose de sí misma, decidió comprobarlo.
Dió una palmada, dos, tres… no escuchaba. Miró el reloj: 11:40:00, y a las 11:48:19 comenzó a escuchar su propia risa, acompañada de algunos aplausos.
Asustada, y a la vez fascinada, salió de vuelta a su casa.
En la cocina, pensó que muchas cosas empezaban a cobrar sentido: cuando se daba golpes, el dolor llegaba un rato después, cuando escuchaba una broma, se reía después… y en ese instante, supo que ese “rato después” era el tiempo en el que los rayos del Sol alcanzaban su mundo físico. Al principio le pareció curioso, pero al mirar sus manos, su expresión cambió al ver que se había cortado con el cuchillo.
No sentía nada así que miró la hora, y efectivamente, después sintió dolor… pero esta vez hubo algo diferente: el sol se apagó por un momento, y luego volvió a brillar.
En ese momento, Iris se dió cuenta de que no eran simples reacciones a destiempo, sino que de alguna forma estaba conectada al Sol; pensó “por lo tanto, al mismo tiempo que empiezo a sentir, la Tierra percibirá una falta de luz por un instante… por ese corte”
“Es imposible” Se dijo intentando tranquilizarse.
Cogió el temporizador y el pelador de verduras. Nerviosa, decidió arrancarse una tira de piel del brazo. Empezó a sangrar, y el tiempo empezó a correr.
Se apagó la luz. Esta vez durante más tiempo.
Al mismo tiempo, Iris empezó a sentir un dolor punzante.
El sol volvió a brillar, e Iris colapsó al pensar que su teoría tal vez no resultaba tan imposible. Enseguida, alejó todos los objetos punzantes de ella, con miedo.
Fue a ducharse con cuidado, y con las heridas vendadas, fue a dormir esperando que todo fuera solo un sueño.
A la mañana siguiente, decidió ir al colegio. Intentó autoconvencerse e ignorarlo todo, pensando que tal vez todo había sido una coincidencia.
Llevaba unas horas en el colegio, en lo que parecía un día normal, pero de repente, se escuchó un disparo al fondo del pasillo.
Todos atemorizados, se escondieron debajo de las mesas.
El asesino entró en clase de Iris yendo directo hacia ella. El hombre pegó una patada al pupitre, y por un momento cruzaron la mirada, observando el miedo en la mirada no solo de Iris, sino también en los hipnotizantes ojos azules de aquel hombre.
Finalmente, el hombre le pegó un tiro a Iris, pero al no sentir nada, aprovechó para escapar.
Lo intentó todo, pero ya era demasiado tarde.
Iris empezó a perder el sentido. Poco a poco, el mundo se fue haciendo más borroso, y sin tiempo para pronunciar sus últimas palabras, vió como su sufrimiento fue acompañado por el descendiente brillo del sol, contemplando cómo el mundo se sumía en una oscuridad profunda.
Y allí quedó, tendida en el suelo, sin respiración, sin latido, casi sin sangre.
Pero la historia no acaba aquí.
¿Qué fué del mundo después de la muerte de Iris?
Nadie sabe realmente qué ocurrió después.
Quizá todo fue solo una metáfora,
O quizá fue una prueba.
O simplemente un cuento escrito por una chica con una mente extraña.

Lo único que sé, es que a partir de aquí esta historia ya no me pertenece.


El final está en tus manos.