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Abro los ojos

Julia

Abro los ojos, todo está en su sitio. Me inclino suavemente hasta apoyar mi espalda contra el respaldo de mi cama. Hago unos movimientos suaves y lentos para que no me escuezan las heridas. Me miro el brazo izquierdo, luego la tripa y, finalmente, la rodilla derecha. Tengo todo heridas, arañazos y picotazos donde se aprecia la sangre seca y, al tocar, duele mucho.

-¡A desayunar! -Grita mi madre desde la cocina.

Me apresuro a ir al baño rápido y taparme las heridas con maquillaje. Ya tengo bastantes problemas como para que mis padres se enteren de que ayer me pegué con EM.

-¡Vas a llegar tarde! -Gritó de nuevo mi madre.

Antes de bajar a la cocina me detengo en la ventana de mi habitación a observar los insectos. Vale, ya sé qué estás pensando, ¡qué rarita! Pero, no creas. Muchas veces los insectos se parecen a nosotros. Por ejemplo, las avispas polistes no son agresivas, pero si les molestas, te pican. O las chinches rayadas, que son muy rápidas y ágiles.

¡Ding-dong! Es Marshal, mi mejor amigo. No es muy alto, tiene pelo negro y unos preciosos ojos azules. Siempre viste en chándal, si es de marca, mejor; y los dos compartimos la afición que ya antes os he nombrado: observar y proteger a los insectos. Aunque, todo sea dicho, esto me trajo muchos problemas, pero no me arrepiento de por qué lo hice.

Camino del colegio hablamos de todos los insectos que vemos: como los caballitos del diablo, que tiene las alas para atrás, o las libélulas, que las tienen estiradas a los lados.

Desde bien pequeños Marshal y yo nos hicimos amigos en el parque del pueblo. En aquel entonces yo tenía miedo de los insectos. Un día, un escarabajo ciervo volante me subió por el brazo y empecé a gritar como una loca; Marshal me lo quitó, me miró y se rio. Desde aquel entonces me contagió su pasión por la naturaleza.

¡Riiiing! La alarma para entrar a clase suena. Sabía que no iba a ser fácil volver a clase y ver a EM, pero, para mi sorpresa, no estaba. Solo después del recreo comprendí la situación. En medio de clase de mates se abrió la puerta, era Miriam, la coordinadora.

-Sarah, ¿puedes salir, por favor?

Se me hizo eterno el viaje de mi clase hasta el despacho de Miriam, no porque estuviera lejos, sino porque ninguna de las dos dijimos ni una palabra.

Cuando por fin llegamos, entré tímidamente a la sala, en la que estaba EM con un ojo morado y toda la cara roja, supuse, del veneno.

-¿Me puedes contar lo sucedido el viernes por la tarde? -Dijo Miriam, mirándome con los ojos como platos.


Y sí, en ese momento fue cuando, por primera vez, conté lo sucedido.


El viernes por la mañana, en el comedor, me había tropezado con mis cordones y le acabé tirando el puré de calabaza a EM por encima. Éste se enfadó mucho y me dijo algo como “¡Me las pagarás!”, a lo que no di relativa importancia en ese momento. Nunca imaginé que esa misma tarde aparecería en el parque donde siempre quedamos Marshal y yo con veneno para matar insectos.

Nuestra zona favorita del parque son unos setos, cerca de unos árboles, donde se suelen concentrar más insectos. Así podemos observarlos más de cerca, como una de mis mariposas favoritas, la Esfinge isabelina. Una característica que me gusta mucho contar de esta es que solo viven en España y Francia, por lo que hay que protegerlas muy bien, porque son únicas de nuestro hábitat.

Como iba diciendo, cuando EM se acercó y fue a pulsar el botón del insecticida me abalancé sobre él, lo que hizo que el spray acabara en su cara. Él, que no veía nada en ese momento, me empujó con la mala suerte que destruí una colmena de avispas polistes, que fueron a picarme. También caí dentro del seto. De eso viene lo de mis raspazos y picotazos.

Cuando acabé mi historia, Miriam, que había escuchado a ambas partes, decidió un castigo mutuo. EM tendría que venir todos los viernes con nosotros a cuidar de los insectos, mientras que yo tendría que limpiar durante una semana el comedor.

Cumplimos los castigos, eso hizo que nos conociéramos mejor, y descubrí que, a EM, de pequeño, le gustaban mucho las ninfas de los arroyos, que son unas mariposas negras muy bonitas. “¡Ding-dong!” Eran Marshal y EM, para ir al parque.

Así que, abre los ojos, nos rodea un mundo de insectos increíble que cuidar: mariquitas de 16 puntos color beiges; escarabajos pequeños capricornio, con unas antenas muy largas para volar; o polillas de la hierba, que viven en terrenos secos.

Además, nunca sabes qué nuevas amistades puedes encontrar…