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Mamá y Momó

DC

Momó, es un amigo de mamá. Juntos, pasan largas horas, charlando e intercambiando impresiones. Siempre dicen: <<pues a mí esto… y a mí lo otro…>>. 
Yo, mientras tanto, ando jugando por ahí. Escuchando lo que dicen.
A veces me explican las cosas para que yo las entienda. Momó no tiene pelo, ni mamá tampoco. No tienen ni cejas, ni pestañas, ni nada de nada. Pero antes sí. Mi mamá dice, que esto es solo por la “quimio”, que luego el pelo crece y que a lo mejor, hasta le sale rizado. A mí me gusta mucho el pelo rizado. Yo lo tengo muy liso y me lo rizo con trencitas.
Están un poco pálidos los dos, dicen que también es por la “quimio”. Han tenido cáncer de mama, aunque Momó sea un chico.
Mi mamá me explica, que las mamas son los senos, los pechos, las tetas... Y que todo el mundo tiene, aunque sean chicos. Dice, que debajo de la piel, a veces, se forman bultitos que hay que tratar o quitar. Que les pasa más a las chicas que a los chicos, pero, Mamá encontró́ a Momó en la consulta de oncología, y se hicieron amigos. Aunque es un chico, también tiene mamas.
Mamá dice, que esto no le pasa a todo el mundo. Pero que cuando eres mayor, tienes que mirarte el pecho y tocarlo, por si encuentras algo raro.
Yo me lo miro, y no veo nada. Estoy como siempre, con dos círculos oscuros que no cambian.
Mamá dice que con Momó, el cáncer es más fácil de llevar. Se cuentan sus cosas y me ayudan a entender palabras nuevas. También dice, que tenemos mucha suerte con las médicos y los hospitales que tenemos. En algunos sitios, si no tienes dinero no te puedes curar.
Tengo suerte de que mamá y Momó puedan ir al hospital.
A veces, van juntos a la “quimio”. Dicen que la "quimio" ataca a las células malas. Las células son cosas pequeñas pero muy importantes que forman nuestro cuerpo, como los ladrillos de una casa. Son tan diminutas que no las puedes ver ni con la lupa del abuelo. Solo con un microscopio.
Mi mamá dice, que a veces, algunas células se descontrolan y no paran de dividirse. Están estropeadas. Entonces, se amontonan y se amontonan. Nunca se mueren. ¡Son inmortales! Alguna puede escaparse y llegar a otras partes del cuerpo y seguir amontonándose. Eso se llama metástasis.
Por eso, a mi madre le hicieron un agujerito en la axila, para ver si alguna célula se le había escapado. Pero no. No habían tenido tiempo. ¡Menos mal! Ahora dice, que su cicatriz es una medalla. ¡Menuda medalla más rara! Yo solo le veo una marca rosa en el sobaquillo. Pero en fin… así son los mayores.
Mamá dice, que gracias a la “quimio”, las células malas son eliminadas. Pero claro, que a veces, también se mueren otras, las que forman el pelo. Por eso no tiene. Dice, que cuando le vuelva a crecer se lo pintará de rosa. Espero que Momó no piense lo mismo. Mi color favorito es el verde, no el rosa.
Mamá y Momó dicen que tengo que estar tranquila. Que con las médicos y las revisiones, las células del cáncer quizás no vuelvan más. Que se descubrirán nuevos medicamentos, y que lo haré yo, que siempre quise ser científica.
Me gusta la idea. Voy a estudiar para curar a todas las mamás y Momós del mundo. Mientras tanto, como todavía soy pequeña, vigilaré mi pecho por si veo algo raro. Así no tendré que ir nunca a la quimio como mamá y Momó. Solo lo haré como científica.