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Las visitas guiadas

Leonor Sigea

Tortugas enormes y cocodrilos terrestres en Zamora. Hay que ver cómo ha cambiado todo desde el Eoceno. Manuela lee todas las cartelas y paneles explicativos de la Sala de las Tortugas, mira la tabla cronoestratigráfica y se siente abrumada por los millones de años como medida de los tiempos geológicos. De fondo escucha la voz del profesor explicando el contenido de las vitrinas al grupo de la visita guiada. Dice que la sala muestra una de las colecciones de vertebrados fósiles del Eoceno más importante de toda Europa, con ejemplares de cocodrilos, tortugas, mamíferos primitivos y peces.

Es la tercera exposición que visita Manuela esta semana durante los descansos del estudio de la oposición. Entre tests infinitos ha visto de cerca piezas de patrimonio científico del siglo XIX, arte contemporáneo, colecciones religiosas en conventos de clausura, el museo provincial y el de Art Déco y Art Nouveau. En cada visita adopta una personalidad: profesora de Griego clásico, turista italiana, investigadora postdoctoral de estancia con una beca, fotógrafa de viajes. Finge acentos y hace preguntas a la persona encargada de la visita guiada al final del recorrido.

Aquí, de momento, no ha dicho nada. El profesor habla del registro de la fauna de cocodrilos y mientras ella observa los fósiles. Manuela se imagina a todas esas tortugas paseándose por Corrales del Vino hace 43 millones de años, algunas con malformaciones en el caparazón, desplazándose como podían en el terreno pantanoso, como ella de un museo a otro, dejando su rastro en la tierra.

Un cristal separa el moflete de una niña del cráneo de un cocodrilo. Extiende los brazos sobre la vitrina y pregunta en voz alta si son dinosaurios. Hay 20 millones de años de diferencia, explica el profesor. Si la Cuenca del Duero es nuestra fuente de fósiles, nuestro Hell Creek del Paleógeno, deberíamos seguir excavando.

Aunque no le ha quedado claro qué es un holotipo, no levanta la mano para preguntar al profesor. Por primera vez en meses no siente la pulsión de extinguirse, sino de adaptarse al medio y empieza a fijarse en el grupo de la visita guiada: solo hay mujeres. Niñas, adolescentes, mujeres adultas de todas las edades. Le llama la atención una chica muy joven que lleva un tatuaje en griego en el antebrazo. Hasta ahora no se había dado cuenta, pero hay otra que prueba diferentes ángulos con su cámara de fotos intentando evitar el reflejo de la vitrina.

Todas las posibilidades imaginadas habían coincidido en el mismo espacio y Manuela se sintió atrapada de pronto en una escala de tiempo anterior, intentando encontrar la salida en un mapa dibujado en el caparazón desarticulado de una tortuga.