La subespecie de los sinsorgos
Benito Ortega
El origen de los sinsorgos (Homo sapiens notanto) parece ser el aislamiento de algunos individuos de la subespecie Homo sapiens sapiens, y se remontan a una época tan remota que nadie puede recordar. Los primeros sinsorgos fueron Tubo y Tarso, que se perdieron y quedaron aislados al otro lado de la montaña del despiste.
Lo primero que hicieron Tubo y Tarso, al darse cuenta de que estaban formando un pueblo, fue dotarlo de un profeta. Para ello pusieron a todos los hombres en fila y eligieron a un hombre delgado, con barba descuidada, ojos hundidos, túnica raída y sandalias sucias, llamado Nono. Las principales funciones del profeta eran fundar una religión y elegir a los jefes de la subespecie. Para la fundación de una religión, Tubo, que había leído algunos libros de otras religiones, le explicó que todas las ocurrencias que tuviese sin saber por qué, eran revelaciones divinas, por lo que designaron unos copistas que seguían continuamente a Nono y anotaban todas las palabras fuera de contexto que pronunciase.
En cuanto a la segunda misión del profeta, Nono había declarado que el jefe nacería en un refugio de montaña sobre el que unos dragones lucharían en el aire. Ante esta revelación, todos creyeron que nunca tendrían un jefe, porque sabían bien que los dragones no existen. Parecía que el único jefe de la subespecie sería Nono cuando muriesen los patriarcas Tubo y Tarso. Pero Tubo y Tarso nunca perdieron la esperanza. Fue precisamente Tubo –ya anciano- quien ascendió a la montaña a lomos de Tarso, que era igualmente anciano, pero mucho más bruto. Tubo declaró que se vio atraído por unos dragonzuelos que batallaban en el aire, justo encima del miserable refugio en el que acababa de nacer uno de sus nietos – de Tubo y Tarso, no de los dragonzuelos – dando a entender que un niño llamado Cacique era el elegido, aunque nadie supiese para qué. Nadie más vio a los dragones, pero algunos creyeron ver sus llamaradas, otros dijeron que oyeron sus rugidos y no faltó quien sintió su presencia.
Los sinsorgos cuidaron de Cacique y le prepararon para ser un dirigente perpetuo, bajo la atenta supervisión del profeta Décimo. Durante la vida de Cacique no ocurrió nada que valiese la pena reseñar, por lo que se decidió dejar el invento de las crónicas para más tarde. Se sabe que estaba convencido de la superioridad de los sinsorgos sobre todos los habitantes de las tierras vecinas e incluso de otros lejanos a los que nunca conoció. Por otra parte, se ignora cuáles pudieron ser las razones de tal convencimiento, tan contrario a la evidencia. Cacique no hizo nada de provecho excepto buscar un enemigo común para todos los sinsorgos contra el que luchar y descalificar a todos los que no fuesen sinsorgos, a los que dio en llamar “sorgos”. También intentó conseguir la independencia de su patria, aunque sin éxito, pues no dependía de ningún gobierno extranjero. En sus viajes por los países circundantes no cesó de reclamar libertad e independencia, pero nadie se dio por aludido.
A la muerte de Cacique, se abrió un profundo debate sobre de quién había sido la ocurrencia de nombrarlo dirigente perpetuo cuando era evidente que tendría que morir como todos. Undécimo –sucesor de Décimo – negó que la idea hubiese sido de Décimo y se la atribuyó más bien a Tubo, pero arguyó que Tubo no tenía por qué saber que Cacique era mortal, puesto que nunca había muerto antes. Examinando los escritos de Nono, descubrió que, afortunadamente el profeta había previsto esta circunstancia, al decir:
- ¡Si ese no llega, coge otro!
Tras sesudas interpretaciones teológicas, el sucesor del profeta dictaminó que ese versículo significaba que había que elegir a un niño en el que se reencarnaría Cacique. Todos pensaron que sería muy difícil elegir al sucesor, pero ya se ha visto que no es para tanto. En efecto, Cacique se reencarna sucesivamente en un niño de su familia que, casualmente, va a nacer en el mismo refugio, por lo que es muy fácil saber quién es el elegido. Cacique tiene unos 50 años casi siempre.
Cacique tiene que casarse, en cada vida, con una mujer de su familia, con el fin de mantener las deformidades que le hacen tan especial. La afortunada es designada por sorteo de entre las mujeres menos atractivas para los sinsorgos, con el fin de asegurar que no va a tener hijos con nadie que no sea Cacique. En los últimos tiempos, los sinsorgos se han multiplicado tanto que han perdido su identidad y se han integrado en la sociedad, confundiéndose con una subespecie similar que se llama Homo sapiens sapiens, por lo que es muy previsible que la subespecie de los sinsorgos se diluya entre la población humana en general.
Lo primero que hicieron Tubo y Tarso, al darse cuenta de que estaban formando un pueblo, fue dotarlo de un profeta. Para ello pusieron a todos los hombres en fila y eligieron a un hombre delgado, con barba descuidada, ojos hundidos, túnica raída y sandalias sucias, llamado Nono. Las principales funciones del profeta eran fundar una religión y elegir a los jefes de la subespecie. Para la fundación de una religión, Tubo, que había leído algunos libros de otras religiones, le explicó que todas las ocurrencias que tuviese sin saber por qué, eran revelaciones divinas, por lo que designaron unos copistas que seguían continuamente a Nono y anotaban todas las palabras fuera de contexto que pronunciase.
En cuanto a la segunda misión del profeta, Nono había declarado que el jefe nacería en un refugio de montaña sobre el que unos dragones lucharían en el aire. Ante esta revelación, todos creyeron que nunca tendrían un jefe, porque sabían bien que los dragones no existen. Parecía que el único jefe de la subespecie sería Nono cuando muriesen los patriarcas Tubo y Tarso. Pero Tubo y Tarso nunca perdieron la esperanza. Fue precisamente Tubo –ya anciano- quien ascendió a la montaña a lomos de Tarso, que era igualmente anciano, pero mucho más bruto. Tubo declaró que se vio atraído por unos dragonzuelos que batallaban en el aire, justo encima del miserable refugio en el que acababa de nacer uno de sus nietos – de Tubo y Tarso, no de los dragonzuelos – dando a entender que un niño llamado Cacique era el elegido, aunque nadie supiese para qué. Nadie más vio a los dragones, pero algunos creyeron ver sus llamaradas, otros dijeron que oyeron sus rugidos y no faltó quien sintió su presencia.
Los sinsorgos cuidaron de Cacique y le prepararon para ser un dirigente perpetuo, bajo la atenta supervisión del profeta Décimo. Durante la vida de Cacique no ocurrió nada que valiese la pena reseñar, por lo que se decidió dejar el invento de las crónicas para más tarde. Se sabe que estaba convencido de la superioridad de los sinsorgos sobre todos los habitantes de las tierras vecinas e incluso de otros lejanos a los que nunca conoció. Por otra parte, se ignora cuáles pudieron ser las razones de tal convencimiento, tan contrario a la evidencia. Cacique no hizo nada de provecho excepto buscar un enemigo común para todos los sinsorgos contra el que luchar y descalificar a todos los que no fuesen sinsorgos, a los que dio en llamar “sorgos”. También intentó conseguir la independencia de su patria, aunque sin éxito, pues no dependía de ningún gobierno extranjero. En sus viajes por los países circundantes no cesó de reclamar libertad e independencia, pero nadie se dio por aludido.
A la muerte de Cacique, se abrió un profundo debate sobre de quién había sido la ocurrencia de nombrarlo dirigente perpetuo cuando era evidente que tendría que morir como todos. Undécimo –sucesor de Décimo – negó que la idea hubiese sido de Décimo y se la atribuyó más bien a Tubo, pero arguyó que Tubo no tenía por qué saber que Cacique era mortal, puesto que nunca había muerto antes. Examinando los escritos de Nono, descubrió que, afortunadamente el profeta había previsto esta circunstancia, al decir:
- ¡Si ese no llega, coge otro!
Tras sesudas interpretaciones teológicas, el sucesor del profeta dictaminó que ese versículo significaba que había que elegir a un niño en el que se reencarnaría Cacique. Todos pensaron que sería muy difícil elegir al sucesor, pero ya se ha visto que no es para tanto. En efecto, Cacique se reencarna sucesivamente en un niño de su familia que, casualmente, va a nacer en el mismo refugio, por lo que es muy fácil saber quién es el elegido. Cacique tiene unos 50 años casi siempre.
Cacique tiene que casarse, en cada vida, con una mujer de su familia, con el fin de mantener las deformidades que le hacen tan especial. La afortunada es designada por sorteo de entre las mujeres menos atractivas para los sinsorgos, con el fin de asegurar que no va a tener hijos con nadie que no sea Cacique. En los últimos tiempos, los sinsorgos se han multiplicado tanto que han perdido su identidad y se han integrado en la sociedad, confundiéndose con una subespecie similar que se llama Homo sapiens sapiens, por lo que es muy previsible que la subespecie de los sinsorgos se diluya entre la población humana en general.