La mudanza de Lis
Sarih
Me desperté, despejé todos mis sentidos y me encontré en mitad de una inmensa llanura gris, fría e inhóspita. En el suelo se abrían grietas diminutas que parecían causadas por años y años de constante abrasión. Acababa de llegar ahí, arrastrada por una corriente de agua que, para ser sinceros, no sé ni por dónde vino. Todo era tan triste a mi alrededor, no parecía que allí fuera a encontrarme con nadie. Pero entonces recordé las palabras que me dijo mi madre mientras hacía las maletas.
— ¡Tranquila, Lis! Para una joven Listeria monocytogenes como tú, el matadero de aves es la tierra prometida. Tienes todo un mundo de posibilidades a la punta de tus flagelos. — Y entonces lo noté.
— Psst... Psssssst... ¡Eh, tú! ¿Eres nueva? —Alguien me lanzó una señal química desde una grieta cercana.
— Ho-hola, so-soy Lis. Acabo de mudarme de la canal de pollo de mi familia. ¿Quién eres? ¿Dónde estás? No puedo verte.
— ¡Yo me llamo Sal! — Respondió una veterana Salmonella Typhimurium que llevaba meses refugiada en lo más profundo de un biofilm multiespecie. — Aunque, por aquí, todos me conocen como Salty. ¡Corre ven! Que te los presento. ¡Te van a caer genial!
Descendí a la grieta, un poco asustada al principio, pero pronto descubrí que mi madre tenía razón. Allí, encontré un mundo completamente nuevo. Ese lugar estaba lleno de microbios de todo tipo: desde Pseudomonas oportunistas hasta arqueas termorresistentes e, incluso, algún alga microscópica. El caso es que allí todas trabajaban al unísono para construir una matriz polimérica que les sirviera de refugio: «el biofilm». Aquello era una comunidad multicultural, aunque todas hablaban en quorum sensing, el idioma universal de las bacterias. Además, eran como una gran familia, se ayudaban unas a otras y lo compartían casi todo.
— ¡Toma Lis, quédate con esto! Estúdiatelo bien. Te será útil para cuando vuelvan las mareas de desinfección.
Era el manual de resistencia de su linaje y contenía multitud de genes con las instrucciones necesarias para fabricar bombas de eflujo y degradar betalactámicos.
— Si en algún momento te alcanza un desinfectante, podrás escupir ese veneno fuera de tu membrana antes de que te corroa por dentro. Y, mejor aún, si intentan atacarte con antibióticos podrás destruirlos sin ni siquiera pestañear
— ¡Guau, gracias Salty! Eres la mejor amiga que he tenido nunca.
Había oído hablar a los más ancianos sobre la transferencia horizontal de genes, pero nunca pensé que fuera real. Y mucho menos, que fuera a pasarme a mí. No suelo ser una bacteria con suerte.
— ¡Escucha, Lis! Mañana, cuando llegue el primer lote de pollos, tenemos que conseguir llegar a las cintas transportadoras. Aquí el equipo de limpieza y desinfección se está especializando demasiado. Todas las noches hacen ronda y yo no sé si resistiré muchas más ráfagas de agua caliente. Además, aquí ya somos demasiados y el biofilm está empezando a saturarse.
— Tienes razón, esto ya huele demasiado a cloro... Necesitamos pasar a un nuevo ambiente. ¿Qué te parece si nos subimos en la siguiente canal de pollo que pase? Desde aquí viajan en camiones frigoríficos hasta las carnicerías de toda la ciudad. Y, después, desde allí van directas a las casas de los humanos.
— ¡Es una idea maravillosa! He oído que mucha gente lava el pollo con un chorro de agua debajo del grifo. Podemos aprovechar ese despiste tonto para saltar dentro de las gotas de agua y, entonces, la cocina entera será nuestra. ¡Podremos colonizarlo todo!
En ese momento, volví a hacer las maletas para emprender un nuevo viaje, aunque se habían vuelto un poco más pesadas. Desde entonces, contienen la información de mil batallas ganadas y, gracias a ello, he madurado. Estoy tremendamente orgullosa de la bacteria multirresistente en la que me he convertido y sé que, a partir de ahora, podré conseguir cualquier cosa que me proponga.
— ¡Tranquila, Lis! Para una joven Listeria monocytogenes como tú, el matadero de aves es la tierra prometida. Tienes todo un mundo de posibilidades a la punta de tus flagelos. — Y entonces lo noté.
— Psst... Psssssst... ¡Eh, tú! ¿Eres nueva? —Alguien me lanzó una señal química desde una grieta cercana.
— Ho-hola, so-soy Lis. Acabo de mudarme de la canal de pollo de mi familia. ¿Quién eres? ¿Dónde estás? No puedo verte.
— ¡Yo me llamo Sal! — Respondió una veterana Salmonella Typhimurium que llevaba meses refugiada en lo más profundo de un biofilm multiespecie. — Aunque, por aquí, todos me conocen como Salty. ¡Corre ven! Que te los presento. ¡Te van a caer genial!
Descendí a la grieta, un poco asustada al principio, pero pronto descubrí que mi madre tenía razón. Allí, encontré un mundo completamente nuevo. Ese lugar estaba lleno de microbios de todo tipo: desde Pseudomonas oportunistas hasta arqueas termorresistentes e, incluso, algún alga microscópica. El caso es que allí todas trabajaban al unísono para construir una matriz polimérica que les sirviera de refugio: «el biofilm». Aquello era una comunidad multicultural, aunque todas hablaban en quorum sensing, el idioma universal de las bacterias. Además, eran como una gran familia, se ayudaban unas a otras y lo compartían casi todo.
— ¡Toma Lis, quédate con esto! Estúdiatelo bien. Te será útil para cuando vuelvan las mareas de desinfección.
Era el manual de resistencia de su linaje y contenía multitud de genes con las instrucciones necesarias para fabricar bombas de eflujo y degradar betalactámicos.
— Si en algún momento te alcanza un desinfectante, podrás escupir ese veneno fuera de tu membrana antes de que te corroa por dentro. Y, mejor aún, si intentan atacarte con antibióticos podrás destruirlos sin ni siquiera pestañear
— ¡Guau, gracias Salty! Eres la mejor amiga que he tenido nunca.
Había oído hablar a los más ancianos sobre la transferencia horizontal de genes, pero nunca pensé que fuera real. Y mucho menos, que fuera a pasarme a mí. No suelo ser una bacteria con suerte.
— ¡Escucha, Lis! Mañana, cuando llegue el primer lote de pollos, tenemos que conseguir llegar a las cintas transportadoras. Aquí el equipo de limpieza y desinfección se está especializando demasiado. Todas las noches hacen ronda y yo no sé si resistiré muchas más ráfagas de agua caliente. Además, aquí ya somos demasiados y el biofilm está empezando a saturarse.
— Tienes razón, esto ya huele demasiado a cloro... Necesitamos pasar a un nuevo ambiente. ¿Qué te parece si nos subimos en la siguiente canal de pollo que pase? Desde aquí viajan en camiones frigoríficos hasta las carnicerías de toda la ciudad. Y, después, desde allí van directas a las casas de los humanos.
— ¡Es una idea maravillosa! He oído que mucha gente lava el pollo con un chorro de agua debajo del grifo. Podemos aprovechar ese despiste tonto para saltar dentro de las gotas de agua y, entonces, la cocina entera será nuestra. ¡Podremos colonizarlo todo!
En ese momento, volví a hacer las maletas para emprender un nuevo viaje, aunque se habían vuelto un poco más pesadas. Desde entonces, contienen la información de mil batallas ganadas y, gracias a ello, he madurado. Estoy tremendamente orgullosa de la bacteria multirresistente en la que me he convertido y sé que, a partir de ahora, podré conseguir cualquier cosa que me proponga.