LA LUZ EN LAS PROFUNDIDADES
Olivia Fernández, bióloga marina
Olivia Fernández, bióloga marina
El océano estaba completamente oscuro a más de diez mil metros de profundidad. Dentro del pequeño submarino, Sofía observaba la pantalla llena de puntos luminosos que representaban las formas de vida conocidas.
—Nunca habíamos llegado tan profundo —dijo Mateo mientras revisaba los controles de mando.
De repente, una luz brillante rompió la oscuridad del océano. Era algo que no parecía estar en sus registros. Había algo allí fuera.
Sofía se acercó lentamente a la ventanilla del submarino para poder ver mejor. No vio nada, solo un silencioso y oscuro océano que parecía ser infinito.
—¿Hay algo en los radares? -Preguntó el capitán Torres.
Mateo frunció el ceño extrañado y volvió a mirar a la pantalla.
-Sí… pero no sé exactamente lo que es, no hay nada en el registro que lo identifique.
Sofía y el capitán se miraron a la vez; estaban confundidos. Sin soltar los mandos del submarino, siguió descendiendo. Había hecho muchas exploraciones, pero nunca había descendido tanto como aquel día.
—Mantengan la calma. Seguro que es alguna criatura que no hemos visto nunca —dijo el capitán Torres con voz tranquila.
De repente, se volvió a ver aquella luz, pero esta vez más cerca. Aquello podría ser el mayor descubrimiento de su carrera.
-Sea lo que sea… - dijo en voz baja- creo que estamos a punto de descubrir algo increíble.
El submarino tembló ligeramente cuando el destello de luz volvió a aparecer frente a la ventana. Esta vez era más brillante que las otras veces y parecía moverse con algún propósito, como si estuviera
guiándoles hacia algo. Sofía no podía apartar la mirada.
-Es… como si estuviera mostrándonos algo - murmuró, fascinada.
Empezó a tocar los botones de los sensores y comenzó a registrar todos los patrones de luz.
-Estos movimientos no son al azar. Esta criatura quiere mostrarnos algo con un patrón específico.
Mateo tuvo una idea brillante pero peligrosa, ya que podía poner fin al resto de sus vidas o, de lo contrario, lo que para ellos suponía el mayor descubrimiento del mundo.
—¿Qué tal si averiguamos el patrón para descubrir si nos dice alguna cosa, y salimos del submarino para ver si lo podemos ayudar?
Los tres se quedaron pensando unos instantes; había demasiados peligros, pero valdría la pena descubrirlo. De repente, la luz volvió a aparecer.
—Rápido, coger un papel y un boli e intentar descifrarlo —dijo el capitán Torres desesperado, pero con una sonrisilla de oreja a oreja que intentaba disimular.
Mateo cogió un bolígrafo y un papel como indicó el capitán Torres y empezó a dibujar los destellos. Sofía, mientras, le iba narrando cada destello que hacía la criatura.
-Corto…, largo…, corto… -murmuraba Sofía.
Mateo comparó los patrones rápidamente. Sofía y el capitán se lo quedaron mirando, esperando alguna respuesta.
—¿Y… qué crees que dice? —dijo Sofía impaciente.
—Creo que dice que vayamos —contestó Mateo con una voz temblorosa.
Los tres se quedaron totalmente en silencio. El capitán pensó unos segundos, y negó con la cabeza.
-No salimos del submarino, seguimos desde aquí. Es demasiado arriesgado y no sabemos si es cierto lo que dice- dijo el capitán Torres.
El submarino avanzó lentamente hacia la luz; ante ellos aparecieron algunos calamares vampiro comiendo plancton, unos cuantos peces anzuelo merodeando, un malacosteus niger intentando cazar una gamba, etc.
Los tres estaban asombrados; aquello sí que era un gran descubrimiento. Después de toda aquella maravillosa escena, se preguntaban qué quería de ellos. Hasta que Mateo miró un poco más allá; allí a lo lejos, había un pulpo dumbo atrapado entre redes de pesca.
—¡Mirar allí! —dijo Mateo—, hay un pez dumbo atrapado entre las redes de pesca.
Sofía le pidió permiso al capitán para poder ponerse los trajes de buceo. El capitán no estaba del todo convencido, pero asintió.
—Sí, pero con una condición: quiero que bajéis los dos bien atados con una cuerda al submarino y, en cuanto lo ayudéis, os venís los dos inmediatamente —dijo el capitán un poco preocupado.
—¡Sí, capitán! —dijeron al unísono Mateo y Sofía.
Los dos cogieron los trajes, se los pusieron y salieron al exterior a ayudar a esa criatura. Los tres estaban en contacto a través de unos micrófonos incorporados en la boca del oxigenador.
—¿Hola? ¿Se me escucha bien?- dijo Sofía.
-Se escucha perfectamente. Ahora ir a rescatar a ese pobre pulpo —contestó el capitán Torres.
Sofía y Mateo se pusieron al lío y consiguieron desenredar a la pobre criatura. Cuando acabaron, se volvieron directamente como les había dicho el capitán anteriormente.
—Buen trabajo, chicos —dijo el capitán, muy contento por lo que habían hecho.
Antes de ponerse rumbo hacia la superficie, la luz de aquel animal volvió a aparecer, y ahora con otro patrón, que decía gracias.
El océano estaba completamente oscuro a más de diez mil metros de profundidad. Dentro del pequeño submarino, Sofía observaba la pantalla llena de puntos luminosos que representaban las formas de vida conocidas.
—Nunca habíamos llegado tan profundo —dijo Mateo mientras revisaba los controles de mando.
De repente, una luz brillante rompió la oscuridad del océano. Era algo que no parecía estar en sus registros. Había algo allí fuera.
Sofía se acercó lentamente a la ventanilla del submarino para poder ver mejor. No vio nada, solo un silencioso y oscuro océano que parecía ser infinito.
—¿Hay algo en los radares? -Preguntó el capitán Torres.
Mateo frunció el ceño extrañado y volvió a mirar a la pantalla.
-Sí… pero no sé exactamente lo que es, no hay nada en el registro que lo identifique.
Sofía y el capitán se miraron a la vez; estaban confundidos. Sin soltar los mandos del submarino, siguió descendiendo. Había hecho muchas exploraciones, pero nunca había descendido tanto como aquel día.
—Mantengan la calma. Seguro que es alguna criatura que no hemos visto nunca —dijo el capitán Torres con voz tranquila.
De repente, se volvió a ver aquella luz, pero esta vez más cerca. Aquello podría ser el mayor descubrimiento de su carrera.
-Sea lo que sea… - dijo en voz baja- creo que estamos a punto de descubrir algo increíble.
El submarino tembló ligeramente cuando el destello de luz volvió a aparecer frente a la ventana. Esta vez era más brillante que las otras veces y parecía moverse con algún propósito, como si estuviera
guiándoles hacia algo. Sofía no podía apartar la mirada.
-Es… como si estuviera mostrándonos algo - murmuró, fascinada.
Empezó a tocar los botones de los sensores y comenzó a registrar todos los patrones de luz.
-Estos movimientos no son al azar. Esta criatura quiere mostrarnos algo con un patrón específico.
Mateo tuvo una idea brillante pero peligrosa, ya que podía poner fin al resto de sus vidas o, de lo contrario, lo que para ellos suponía el mayor descubrimiento del mundo.
—¿Qué tal si averiguamos el patrón para descubrir si nos dice alguna cosa, y salimos del submarino para ver si lo podemos ayudar?
Los tres se quedaron pensando unos instantes; había demasiados peligros, pero valdría la pena descubrirlo. De repente, la luz volvió a aparecer.
—Rápido, coger un papel y un boli e intentar descifrarlo —dijo el capitán Torres desesperado, pero con una sonrisilla de oreja a oreja que intentaba disimular.
Mateo cogió un bolígrafo y un papel como indicó el capitán Torres y empezó a dibujar los destellos. Sofía, mientras, le iba narrando cada destello que hacía la criatura.
-Corto…, largo…, corto… -murmuraba Sofía.
Mateo comparó los patrones rápidamente. Sofía y el capitán se lo quedaron mirando, esperando alguna respuesta.
—¿Y… qué crees que dice? —dijo Sofía impaciente.
—Creo que dice que vayamos —contestó Mateo con una voz temblorosa.
Los tres se quedaron totalmente en silencio. El capitán pensó unos segundos, y negó con la cabeza.
-No salimos del submarino, seguimos desde aquí. Es demasiado arriesgado y no sabemos si es cierto lo que dice- dijo el capitán Torres.
El submarino avanzó lentamente hacia la luz; ante ellos aparecieron algunos calamares vampiro comiendo plancton, unos cuantos peces anzuelo merodeando, un malacosteus niger intentando cazar una gamba, etc.
Los tres estaban asombrados; aquello sí que era un gran descubrimiento. Después de toda aquella maravillosa escena, se preguntaban qué quería de ellos. Hasta que Mateo miró un poco más allá; allí a lo lejos, había un pulpo dumbo atrapado entre redes de pesca.
—¡Mirar allí! —dijo Mateo—, hay un pez dumbo atrapado entre las redes de pesca.
Sofía le pidió permiso al capitán para poder ponerse los trajes de buceo. El capitán no estaba del todo convencido, pero asintió.
—Sí, pero con una condición: quiero que bajéis los dos bien atados con una cuerda al submarino y, en cuanto lo ayudéis, os venís los dos inmediatamente —dijo el capitán un poco preocupado.
—¡Sí, capitán! —dijeron al unísono Mateo y Sofía.
Los dos cogieron los trajes, se los pusieron y salieron al exterior a ayudar a esa criatura. Los tres estaban en contacto a través de unos micrófonos incorporados en la boca del oxigenador.
—¿Hola? ¿Se me escucha bien?- dijo Sofía.
-Se escucha perfectamente. Ahora ir a rescatar a ese pobre pulpo —contestó el capitán Torres.
Sofía y Mateo se pusieron al lío y consiguieron desenredar a la pobre criatura. Cuando acabaron, se volvieron directamente como les había dicho el capitán anteriormente.
—Buen trabajo, chicos —dijo el capitán, muy contento por lo que habían hecho.
Antes de ponerse rumbo hacia la superficie, la luz de aquel animal volvió a aparecer, y ahora con otro patrón, que decía gracias.