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Hipocondría sublime

Tusitalia

El día menos pensado el abuelo murió, lo cual fue extraño, porque toda su vida había sido hipocondríaco y el registro imaginario de sus enfermedades era su tema favorito de conversación, pero aquel jueves soleado y frío en Bogotá, se levantó con un optimismo tan extraño y tan ajeno, que buscó otro tema para hablar con su familia. Sin embargo, es posible que nadie le pusiera mayor cuidado, acostumbrados a ignorarlo progresivamente.

Todo eso cambió, cuando se cayó en el comedor, sin haber probado bocado. La sorpresa y el miedo se apoderó de su familia, alguien llamó de inmediato a una ambulancia. Cuando llegaron los paramédicos, no le encontraron signos vitales, así que le decretaron muerte súbita, pero no lo podían trasladar, porque era necesario que llegaran las autoridades de la fiscalía, al haber muerto en el hogar.

Sin embargo, toda la conmoción que suscitó el fallecimiento del abuelo, no fue comparable al revuelo que provocó su resurrección, quince horas más tarde, en pleno velatorio. Al parecer se trató de un caso extremadamente raro y grave de esquizofrenia catatónica, uno en cincuenta millones, como si un colombiano se hubiera ganado la lotería entre todos los habitantes del país. Fue una de las noticias de mayor repercusión en las redes sociales de los bogotanos e incluso traspasó las fronteras físicas y virtuales de Colombia.

Para el abuelo fue el perfecto pretexto para cambiar su tema favorito de conversación, pasó de la hipocondría a la catalepsia, pues en su calidad de resucitado, tenía mucho por contar.