Gravedad cero
Kireth
Vuelve a sonar la dichosa sirena.
- Atención, todo el mundo a sus casas, puertas y ventanas cerradas. En cinco minutos comenzará el temporizador -. Otra vez esa voz robótica interrumpe el silencio de la noche.
- Adrián, ¿la ventana de tu cuarto está cerrada? - Mi madre me dice desde la cocina. Ya tengo 15 años y me lo sigue preguntando cada noche, como si no fuera lo suficiente mayor como para saberlo.
- Sí, mamá -. Estoy tumbado en la cama, con los ojos fijos en el techo. Miro mi reloj, quedan tres minutos y medio para que comience el suceso. Como cada noche desde que tengo memoria, me preparo para estar dieciséis minutos exactos sin poder dormir, flotando por mi habitación.
El tiempo ha comenzado, mi cuerpo poco a poco se desprende del colchón y comienza a levitar. Me dejo ir y espero. Y pienso.
«¿Por qué?»
***
Esta mañana es diferente. Hoy me permito pensarlo. Llevo quince años sin saber el porqué. ¿Por qué todas las noches la gravedad desaparece? ¿Por qué esos dieciséis minutos son diferentes al resto? Nos enseñan desde pequeños a no hacer preguntas, pero ¿de verdad vamos a vivir toda nuestra vida en una incógnita?
Me preparo como todos los días antes de ir al instituto. Pero ¿y si no voy? ¿Y si por una vez decido lo que quiero hacer?
Está hecho. Esta vez pasaré la noche fuera de casa.
Hoy no llevo libros en la mochila al salir. Llevo una linterna, una cantimplora, dos ambientadores en espray y bastante comida.
Paseo por las calles de la ciudad hacia el descampado de al lado del insti. Me siento en la sombra de un árbol y contemplo las montañas a lo lejos.
Hoy el tiempo pasa bastante más lento, tan lento que perdido en mis pensamientos caigo dormido en lo más profundo de mis sueños.
***
Mi cabeza da vueltas, no sé dónde estoy. Veo algo a lo lejos. No, no hay nada. Es blanco. Todo es blanco. ¿Hay personas? ¿Qué hacen? No sé. Estoy cansado.
***
- ¡Ah! -. Estoy despierto, ¿acaso me había dormido? ¡Sí! Ya lo recuerdo, he tenido un sueño rarísimo, pero… ¡Es de noche!
Miro mi muñeca, ¿cuánto rato he estado durmiendo? Cojo la linterna, no tengo mucho tiempo. Saco los espráis, y con uno en cada mano me preparo para comenzar a investigar.
Por millonésima vez, suena la alarma y a continuación oigo el aviso de siempre. Pienso en mis padres, ¿estarán preocupados? Ahora no importa, solo ruego que por nada del mundo salgan a buscarme.
Toda la ciudad se apaga y me noto más ligero. Ha comenzado. Estoy asustado, pero, apretando los botones de los ambientadores, empiezo a moverme hacia delante. Esta vez voy sin rumbo, en realidad, no sé lo que estoy buscando.
O, mejor dicho, sé exactamente lo que estaba buscando. Giro en la esquina de dos calles y me encuentro con un edificio aparentemente normal, no diría que es extraño si no fuera porque no solo está encendido, además las luces parpadean sin descanso, es increíblemente raro.
Me dispongo a entrar, ya que he llegado hasta este punto, habré de continuar, por muy deseoso que esté de llegar a casa y olvidarme de esto.
La puerta está abierta, menos mal. Avanzo sigilosamente hacia un largo pasillo, no sé a dónde voy. Estoy pensando que puede que simplemente me haya equivocado y que las luces no tengan nada que ver con esto cuando veo una puerta entreabierta. Voy hacia ella sin pensarlo.
La abro ligeramente y una luz intensa ilumina mi cara. No veo nada. Es todo blanco, como en mi sueño. No me da tiempo a pensar nada más, me duele tanto la cabeza que caigo al suelo, desmallado.
***
- ¿Eh? - Intento incorporarme, pero algo me detiene. Aún no puedo enfocar bien, pero distingo a varias personas a mi alrededor. Estoy atado. - ¡Eh! ¡Soltadme! ¡¿Qué hago aquí?! - Me remuevo, pero no sirve de nada. Intento escuchar la conversación.
- Borrarle… Memoria… - Consigo distinguir entre los murmullos, luego se escuchan sonidos de afirmación.
- ¡¿Qué?! ¡No! - Me duele todo y no entiendo nada.
Otra persona se acerca con una especie de linterna rectangular, no sé lo que es, pero no tiene muy buena pinta. Me lo acerca a la frente, y sin yo poder evitarlo, comienza a emitir un zumbido que me hace retorcerme de dolor. Poco a poco voy perdiendo la consciencia.
- No… - Logro decir entre jadeos.
***
Vuelve a sonar la dichosa sirena.
- Atención, todo el mundo a sus casas, puertas y ventanas cerradas. En cinco minutos comenzará el temporizador -. Otra vez esa voz robótica interrumpe el silencio de la noche.
- Adrián, ¿la ventana de tu cuarto está cerrada?
- Atención, todo el mundo a sus casas, puertas y ventanas cerradas. En cinco minutos comenzará el temporizador -. Otra vez esa voz robótica interrumpe el silencio de la noche.
- Adrián, ¿la ventana de tu cuarto está cerrada? - Mi madre me dice desde la cocina. Ya tengo 15 años y me lo sigue preguntando cada noche, como si no fuera lo suficiente mayor como para saberlo.
- Sí, mamá -. Estoy tumbado en la cama, con los ojos fijos en el techo. Miro mi reloj, quedan tres minutos y medio para que comience el suceso. Como cada noche desde que tengo memoria, me preparo para estar dieciséis minutos exactos sin poder dormir, flotando por mi habitación.
El tiempo ha comenzado, mi cuerpo poco a poco se desprende del colchón y comienza a levitar. Me dejo ir y espero. Y pienso.
«¿Por qué?»
***
Esta mañana es diferente. Hoy me permito pensarlo. Llevo quince años sin saber el porqué. ¿Por qué todas las noches la gravedad desaparece? ¿Por qué esos dieciséis minutos son diferentes al resto? Nos enseñan desde pequeños a no hacer preguntas, pero ¿de verdad vamos a vivir toda nuestra vida en una incógnita?
Me preparo como todos los días antes de ir al instituto. Pero ¿y si no voy? ¿Y si por una vez decido lo que quiero hacer?
Está hecho. Esta vez pasaré la noche fuera de casa.
Hoy no llevo libros en la mochila al salir. Llevo una linterna, una cantimplora, dos ambientadores en espray y bastante comida.
Paseo por las calles de la ciudad hacia el descampado de al lado del insti. Me siento en la sombra de un árbol y contemplo las montañas a lo lejos.
Hoy el tiempo pasa bastante más lento, tan lento que perdido en mis pensamientos caigo dormido en lo más profundo de mis sueños.
***
Mi cabeza da vueltas, no sé dónde estoy. Veo algo a lo lejos. No, no hay nada. Es blanco. Todo es blanco. ¿Hay personas? ¿Qué hacen? No sé. Estoy cansado.
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- ¡Ah! -. Estoy despierto, ¿acaso me había dormido? ¡Sí! Ya lo recuerdo, he tenido un sueño rarísimo, pero… ¡Es de noche!
Miro mi muñeca, ¿cuánto rato he estado durmiendo? Cojo la linterna, no tengo mucho tiempo. Saco los espráis, y con uno en cada mano me preparo para comenzar a investigar.
Por millonésima vez, suena la alarma y a continuación oigo el aviso de siempre. Pienso en mis padres, ¿estarán preocupados? Ahora no importa, solo ruego que por nada del mundo salgan a buscarme.
Toda la ciudad se apaga y me noto más ligero. Ha comenzado. Estoy asustado, pero, apretando los botones de los ambientadores, empiezo a moverme hacia delante. Esta vez voy sin rumbo, en realidad, no sé lo que estoy buscando.
O, mejor dicho, sé exactamente lo que estaba buscando. Giro en la esquina de dos calles y me encuentro con un edificio aparentemente normal, no diría que es extraño si no fuera porque no solo está encendido, además las luces parpadean sin descanso, es increíblemente raro.
Me dispongo a entrar, ya que he llegado hasta este punto, habré de continuar, por muy deseoso que esté de llegar a casa y olvidarme de esto.
La puerta está abierta, menos mal. Avanzo sigilosamente hacia un largo pasillo, no sé a dónde voy. Estoy pensando que puede que simplemente me haya equivocado y que las luces no tengan nada que ver con esto cuando veo una puerta entreabierta. Voy hacia ella sin pensarlo.
La abro ligeramente y una luz intensa ilumina mi cara. No veo nada. Es todo blanco, como en mi sueño. No me da tiempo a pensar nada más, me duele tanto la cabeza que caigo al suelo, desmallado.
***
- ¿Eh? - Intento incorporarme, pero algo me detiene. Aún no puedo enfocar bien, pero distingo a varias personas a mi alrededor. Estoy atado. - ¡Eh! ¡Soltadme! ¡¿Qué hago aquí?! - Me remuevo, pero no sirve de nada. Intento escuchar la conversación.
- Borrarle… Memoria… - Consigo distinguir entre los murmullos, luego se escuchan sonidos de afirmación.
- ¡¿Qué?! ¡No! - Me duele todo y no entiendo nada.
Otra persona se acerca con una especie de linterna rectangular, no sé lo que es, pero no tiene muy buena pinta. Me lo acerca a la frente, y sin yo poder evitarlo, comienza a emitir un zumbido que me hace retorcerme de dolor. Poco a poco voy perdiendo la consciencia.
- No… - Logro decir entre jadeos.
***
Vuelve a sonar la dichosa sirena.
- Atención, todo el mundo a sus casas, puertas y ventanas cerradas. En cinco minutos comenzará el temporizador -. Otra vez esa voz robótica interrumpe el silencio de la noche.
- Adrián, ¿la ventana de tu cuarto está cerrada?