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En otra vida

Rebeca

Sentada en una silla y mirando por la ventana, no puedo evitar preguntarme qué estaría haciendo ahora si no hubiera sido por un error de transcripción. ¿Realmente podría fantasear con tener mi propio piso, uno donde vivir con mi pareja y mis hijos, si en vez de una G hubiera habido una A en la cadena?

Así es como paso mis horas en el hospital. Tampoco hay muchas opciones entre las que uno pueda elegir. No cuando estás encerrada en una habitación blanca, esperando a que todo el fármaco pase al torrente sanguíneo.

Mi mente divaga entre distintas posibilidades, distintas realidades menos la mía.

Pienso en una cadena de ADN que es capaz de copiarse gracias a la ARN polimerasa, eso permite que una de esas cadenas se replique. Claro que no sería exactamente igual, ya que la timina cambia a uracilo en el ARN. La cadena de ARN mensajero saldría del núcleo al citoplasma, ahí se encontraría con un ribosoma. Lo que haría este es unir un codón complementario a cada tres letras de la cadena. Eso quiere decir que si en la cadena las bases son CGC, el codón que se une es GCG. Poco a poco se formará una cadena de aminoácidos que daría lugar a la proteína.

Si el proceso anterior hubiese sido realizado correctamente, desde principio a fin, la célula tendría la proteína que necesitaba. Dicha célula podría realizar todas sus funciones de forma normal.

Creo que, como ya habréis deducido, ese no es el caso de mis células. A veces me imagino a los encargados de esta replicación como pequeños entes que les gusta hacerme sufrir. Ese día decidieron ser creativos.

En el momento de la replicación decidieron cambiar una G por una A. Lo que no podían saber es lo que pasaría. Esa decisión cambió por completo la proteína resultante, y la célula dejó de realizar adecuadamente sus funciones. Empezó con una replicación de sí misma que parecía no tener fin, creando así un tumor. Cada vez empezó a avanzar más y más. Dejó de haber solo un tumor, había varios en distintas zonas. Cuanto más lo pienso, más me recuerda a los caballeros en una batalla. Unas células contra otras.

Daría todos mis ahorros por ver la lucha, si esta no tuviera repercusiones en la vida real.

En mi vida.

Cuando por fin aparto la mirada de la ventana, lo primero que veo es el reloj colgado en la pared. Todavía quedan diez minutos. Sé que los voy a pasar torturándome. Siento que mis pensamientos me asfixian, apretando cada vez más la soga invisible alrededor de mi cuello.

Decido dejar que mi mente tome otro camino. En vez de imaginar un escenario con el ARN, pienso directamente en los genes que forman parte de la larga cadena de ADN. ¿Y si siempre hubo un gen 'defectuoso'? ¿Y si siempre estuve destinada a esto? Ese es un pensamiento que atormenta en cada una de mis sesiones. Una prueba de que nunca hubiera podido evitarlo; un hecho más que demuestra que no estaba hecha para esta vida.

- Ya ha acabado la sesión.

La voz de la doctora me saca a la fuerza de mi propia cárcel.

- Gracias, pero… ¿ cómo va el tratamiento?

No pude contener la pregunta. Necesitaba una respuesta. Sin embargo, la expresión de mi doctora no auguraba nada bueno. Lo sabía. No había avance. El cáncer me estaba consumiendo. Ya no quedaba ni rastro de la esperanza que alguna vez sentí al principio.

Quizá algún día pueda tener un mañana lleno de sueños y esperanza, quizá en otra vida.