EL VISITANTE QUE SABIA MI NOMBRE
Capi
Era un día muy cualquiera. La casa estaba en silencio: mis hijos en el colegio mi mujer en el trabajo y yo, recién llegado de la oficina, con la rutina de siempre en la cabeza: comer algo rápido. Pero al abrir la puerta. Lo vi.
Un hombre sentado en mi sofá, como si llevara horas esperándome. Nunca había visto su cara entonces no lo conocía... y, sin embargo, él pronuncio mi nombre con una seguridad que me paralizo durante unos segundos.
El me conocía, pero yo a el no. Entonces con toda mi valentía, le pregunte quien era y que hacía sentado en mi sofá.
Entonces él me dijo: no temas se quién eres.
Lo miré a los ojos y supe que no podía escapar de aquella conversación. Si ese hombre sabía tanto de mí, tal vez conociera incluso los rincones de mi memoria. Y entonces recordé dónde empezó todo: en aquel primer día de bachillerato, cuando aún creía que el futuro era un territorio lejano, intacto, y no la sala de mi casa con un desconocido sentado en mi sofá.
Empecé el primer día de bachillerato muy nervioso, ya que iba a un nuevo instituto y no conocía a nadie, la primera clase que tuvimos fue para presentarnos todos y ahí me fijé que había alguien que no parecía de este mundo, se llamaba Felipe. Después de la presentación, me hice 2 amigos, Dani y Lucas, que son y serán mis mejores amigos.
Llega la hora del patio y les dije a Dani y a Lucas: oye no os a parecido un poco rara la actitud de Felipe, los dos me dijeron que ellos lo veían normal, pero para mí Felipe no era de este mundo.
Al llegar a casa llamé a Dani y Lucas para que vinieran a mi casa porque quería hablar con ellos, les dije mañana cuando Felipe este hablando fijaros en él y veréis algo raro en él, después de la charla con mis amigos y debatir un poco lo de Felipe mis amigos se fueron a sus casas ya que era de noche y teníamos que cenar, ducharnos e ir a la cama ya que al día siguiente era nuestro segundo día.
El segundo día llegue más tranquilo, ya empezaba a reconocer caras, pero un poco nervioso ya que Felipe estaba más raro que el anterior día.
Cuando acabaron las clases llamé a Dani y a Lucas ahí les dije si habían notado a Felipe más raro y me dijeron que sí y que tenía razón yo.
Pasaron los días y Felipe no vino a clase entonces les propuse a Dani y a Lucas si podíamos ir a su casa a verle, después de las clases fuimos a su casa, pero no había nadie entonces eso nos pareció extraño.
Al llegar a mi casa me puse a investigar sobre su vida y de su familia, pero no me aparecía nada lo cual me pareció extraño.
Al cabo de unos años terminé bachillerato, la universidad y conseguí trabajo como meteorólogo, tenía a mi mujer y mis dos hijos. Pasaba mis días intentando predecir lo que estaba por venir, estudiando nubes, vientos y tormentas.
Gracias a Felipe trabajo de esto intentando averiguar el futuro, yo tenía un proyecto que era una máquina para ver el futuro, pero no podía viajar en él, después de 2 años más pude acabar este proyecto, pero justo ese día al llegar a casa de trabajar para comer e ir a recoger a mis hijas... vi a alguien en mi sofá y me dijo: hola, Álvaro.
La casa quedó en silencio después de sus palabras. Sentía que todo giraba.
Entonces el chico que entro en mi casa se levantó y pude ver quien era, ¡era Felipe! yo me quede paralizado analizando si era un sueño, pero me dijo: vengo a por tu máquina de ver el futuro.
Entonces le pregunte: porque vienes a por esta máquina.
Si no se la daba el futuro podría estar en peligro, ya que al saberlo y lo que va a pasar puede cambiarlo, pero lo que está escrito no se puede cambiar porque si no podría haber grandes problemas.
Felipe me miraba con una seriedad que no había visto nunca y entendí que la máquina no me pertenecía, que era algo más grande que mis propios deseos. Respiré hondo y, tras unos segundos que parecieron eternos, le dije que se la llevara. Él asintió en silencio, se levantó con la máquina entre sus manos y antes de marcharse dejó una frase escrita en un papel: El futuro no está hecho para saberse, sino para vivirse. Cerré la puerta detrás de él y me quedé quieto, escuchando el eco de sus palabras, consciente de que mi vida jamás volvería a ser la misma.
Un hombre sentado en mi sofá, como si llevara horas esperándome. Nunca había visto su cara entonces no lo conocía... y, sin embargo, él pronuncio mi nombre con una seguridad que me paralizo durante unos segundos.
El me conocía, pero yo a el no. Entonces con toda mi valentía, le pregunte quien era y que hacía sentado en mi sofá.
Entonces él me dijo: no temas se quién eres.
Lo miré a los ojos y supe que no podía escapar de aquella conversación. Si ese hombre sabía tanto de mí, tal vez conociera incluso los rincones de mi memoria. Y entonces recordé dónde empezó todo: en aquel primer día de bachillerato, cuando aún creía que el futuro era un territorio lejano, intacto, y no la sala de mi casa con un desconocido sentado en mi sofá.
Empecé el primer día de bachillerato muy nervioso, ya que iba a un nuevo instituto y no conocía a nadie, la primera clase que tuvimos fue para presentarnos todos y ahí me fijé que había alguien que no parecía de este mundo, se llamaba Felipe. Después de la presentación, me hice 2 amigos, Dani y Lucas, que son y serán mis mejores amigos.
Llega la hora del patio y les dije a Dani y a Lucas: oye no os a parecido un poco rara la actitud de Felipe, los dos me dijeron que ellos lo veían normal, pero para mí Felipe no era de este mundo.
Al llegar a casa llamé a Dani y Lucas para que vinieran a mi casa porque quería hablar con ellos, les dije mañana cuando Felipe este hablando fijaros en él y veréis algo raro en él, después de la charla con mis amigos y debatir un poco lo de Felipe mis amigos se fueron a sus casas ya que era de noche y teníamos que cenar, ducharnos e ir a la cama ya que al día siguiente era nuestro segundo día.
El segundo día llegue más tranquilo, ya empezaba a reconocer caras, pero un poco nervioso ya que Felipe estaba más raro que el anterior día.
Cuando acabaron las clases llamé a Dani y a Lucas ahí les dije si habían notado a Felipe más raro y me dijeron que sí y que tenía razón yo.
Pasaron los días y Felipe no vino a clase entonces les propuse a Dani y a Lucas si podíamos ir a su casa a verle, después de las clases fuimos a su casa, pero no había nadie entonces eso nos pareció extraño.
Al llegar a mi casa me puse a investigar sobre su vida y de su familia, pero no me aparecía nada lo cual me pareció extraño.
Al cabo de unos años terminé bachillerato, la universidad y conseguí trabajo como meteorólogo, tenía a mi mujer y mis dos hijos. Pasaba mis días intentando predecir lo que estaba por venir, estudiando nubes, vientos y tormentas.
Gracias a Felipe trabajo de esto intentando averiguar el futuro, yo tenía un proyecto que era una máquina para ver el futuro, pero no podía viajar en él, después de 2 años más pude acabar este proyecto, pero justo ese día al llegar a casa de trabajar para comer e ir a recoger a mis hijas... vi a alguien en mi sofá y me dijo: hola, Álvaro.
La casa quedó en silencio después de sus palabras. Sentía que todo giraba.
Entonces el chico que entro en mi casa se levantó y pude ver quien era, ¡era Felipe! yo me quede paralizado analizando si era un sueño, pero me dijo: vengo a por tu máquina de ver el futuro.
Entonces le pregunte: porque vienes a por esta máquina.
Si no se la daba el futuro podría estar en peligro, ya que al saberlo y lo que va a pasar puede cambiarlo, pero lo que está escrito no se puede cambiar porque si no podría haber grandes problemas.
Felipe me miraba con una seriedad que no había visto nunca y entendí que la máquina no me pertenecía, que era algo más grande que mis propios deseos. Respiré hondo y, tras unos segundos que parecieron eternos, le dije que se la llevara. Él asintió en silencio, se levantó con la máquina entre sus manos y antes de marcharse dejó una frase escrita en un papel: El futuro no está hecho para saberse, sino para vivirse. Cerré la puerta detrás de él y me quedé quieto, escuchando el eco de sus palabras, consciente de que mi vida jamás volvería a ser la misma.