El moho mágico
El rey de la justicia
EL MOHO MÁGICO
Muchos, muchísimos años atrás, en un castillo antiguo y tenebroso varios
científicos muy importantes de la ciudad de Londres tenían sus laboratorios
donde pasaban horas y horas investigando.
Uno de ellos, el más peculiar, era Alexander Fleming. Éste tenía el laboratorio
más desordenado del mundo. Podías encontrar de todo, tubos de ensayo,
frascos, placas, tazas de café, papeles…apenas se podía ver la mesa. Las
estanterías estaban torcidas y dobladas de tantas placas amontonadas unas
encima de las otras y siempre olía a tabaco.
Fleming, de aspecto desaliñado, se pasaba el día investigando en su oscuro
laboratorio, observando las mil placas que tenia encima de la mesa, cultivando
bacterias, estafilococos que iba intentando matar, pero no había manera, nada
le funcionaba. Estaba tan saturado y frustrado que ya no podía más, necesitaba
desconectar y huir de la ciudad por un tiempo.
Tenía tantas ganas de salir de vacaciones con su familia que al irse se limitó a
apagar las luces y cerrar la puerta sin pensar que dejó en la mesa varias placas
sin ponerles las tapas, todas ellas llenas de bacterias y una ventana sin cerrar del
todo.
Cuando regresó, 25 días después, abrió la puerta de su laboratorio y notó algo
diferente, hacía frío, se percibía olor a humedad. Revisó todas las placas que
tenía desordenadas hasta que, de repente pudo observar como algo verde y con
una textura rara estaba creciendo donde no tocaba. Era parecido a cuando
dejas el pan varios días encima de la mesa. Sorprendido y con cara de asco se
acercó hacia el bulto verde para cogerlo y tirarlo a la basura pero cuando estuvo
bien cerca notó algo extraño. Las bacterias que estaban en las placas parecían
haber desaparecido alrededor del moho.
Fleming extrañado se pregunto a si mismo lo que estaba pasando, vaya
misterio. Se dirigió a coger su bata arrugada y su gran lupa y empezó a mirar el
moho detenidamente. Nadie se habría acercado pero él no era nada
escrupuloso, de hecho estaba super emocionado, como si de un tesoro se
tratara.
-El moho es el que está destruyendo las bacterias, tiene superpoderes! Dijo
sorprendido el científico. Los días siguientes se los pasó encerrado en su
laboratorio día y noche sin dejar que sus compañeros entraran. Estuvo
estudiando y observando todo, cogiendo apuntes en su vieja libreta. Parecía un
detective. Pasaron los días y fue entendiendo todo un poco más, el moho
producía una sustancia que podía acabar con las bacterias.
Cuando lo tuvo claro llamó a todos los demás científicos para que observaran el
milagro y se quedaron estupefactos. No entendían como aquel moho verde
asqueroso podía ser tan efectivo cuando parecía ser todo lo contrario. Algunos
lo entendieron, pero la gran mayoría se rieron de él, no tomándolo en serio y
diciendo que cómo iba a curar a la gente con algo tan asqueroso.
A esa sustancia la llamó penicilina, la cual salvaría la vida de miles de personas
de todo el mundo. Fleming, no dejó de investigar y observar cada detalle de
aquel moho pero no fue hasta varios años después con la llegada de la segunda
guerra mundial cuando empezaron a utilizarla gracias a dos investigadores más
que creyeron en él y en el moho mágico.
El rey de la justicia
Muchos, muchísimos años atrás, en un castillo antiguo y tenebroso varios
científicos muy importantes de la ciudad de Londres tenían sus laboratorios
donde pasaban horas y horas investigando.
Uno de ellos, el más peculiar, era Alexander Fleming. Éste tenía el laboratorio
más desordenado del mundo. Podías encontrar de todo, tubos de ensayo,
frascos, placas, tazas de café, papeles…apenas se podía ver la mesa. Las
estanterías estaban torcidas y dobladas de tantas placas amontonadas unas
encima de las otras y siempre olía a tabaco.
Fleming, de aspecto desaliñado, se pasaba el día investigando en su oscuro
laboratorio, observando las mil placas que tenia encima de la mesa, cultivando
bacterias, estafilococos que iba intentando matar, pero no había manera, nada
le funcionaba. Estaba tan saturado y frustrado que ya no podía más, necesitaba
desconectar y huir de la ciudad por un tiempo.
Tenía tantas ganas de salir de vacaciones con su familia que al irse se limitó a
apagar las luces y cerrar la puerta sin pensar que dejó en la mesa varias placas
sin ponerles las tapas, todas ellas llenas de bacterias y una ventana sin cerrar del
todo.
Cuando regresó, 25 días después, abrió la puerta de su laboratorio y notó algo
diferente, hacía frío, se percibía olor a humedad. Revisó todas las placas que
tenía desordenadas hasta que, de repente pudo observar como algo verde y con
una textura rara estaba creciendo donde no tocaba. Era parecido a cuando
dejas el pan varios días encima de la mesa. Sorprendido y con cara de asco se
acercó hacia el bulto verde para cogerlo y tirarlo a la basura pero cuando estuvo
bien cerca notó algo extraño. Las bacterias que estaban en las placas parecían
haber desaparecido alrededor del moho.
Fleming extrañado se pregunto a si mismo lo que estaba pasando, vaya
misterio. Se dirigió a coger su bata arrugada y su gran lupa y empezó a mirar el
moho detenidamente. Nadie se habría acercado pero él no era nada
escrupuloso, de hecho estaba super emocionado, como si de un tesoro se
tratara.
-El moho es el que está destruyendo las bacterias, tiene superpoderes! Dijo
sorprendido el científico. Los días siguientes se los pasó encerrado en su
laboratorio día y noche sin dejar que sus compañeros entraran. Estuvo
estudiando y observando todo, cogiendo apuntes en su vieja libreta. Parecía un
detective. Pasaron los días y fue entendiendo todo un poco más, el moho
producía una sustancia que podía acabar con las bacterias.
Cuando lo tuvo claro llamó a todos los demás científicos para que observaran el
milagro y se quedaron estupefactos. No entendían como aquel moho verde
asqueroso podía ser tan efectivo cuando parecía ser todo lo contrario. Algunos
lo entendieron, pero la gran mayoría se rieron de él, no tomándolo en serio y
diciendo que cómo iba a curar a la gente con algo tan asqueroso.
A esa sustancia la llamó penicilina, la cual salvaría la vida de miles de personas
de todo el mundo. Fleming, no dejó de investigar y observar cada detalle de
aquel moho pero no fue hasta varios años después con la llegada de la segunda
guerra mundial cuando empezaron a utilizarla gracias a dos investigadores más
que creyeron en él y en el moho mágico.
El rey de la justicia