CORAZÓN VS CEREBRO

Son las 8:00 de la mañana cuando oigo sonar la sirena de mi instituto. Me apresuro todo lo que puedo. Cojo la mochila y corro rápido para poder llegar a clase. Hoy es lunes, y tenía a primera hora la clase de Biología con la señorita Marta, una mujer de unos 60 años que suele costarle llegar a clase. Quizás con un poco de suerte podría adelantarla por las escaleras y sentarme sin ningún parte por retraso. Con un ritmo frenético consigo mi propósito de llegar a clase. Dos segundo son más que suficientes para poder retornar mi ritmo cardíaco habitual mientras saco la libreta y oigo la voz de la señorita Marta entrar a la clase.

-Buenos días, mis queridos alumnos, hoy vamos a hablar de la sangre, un fluido que llena nuestro cuerpo y que se fabrica en nuestra factoría. Hoy hablaremos del sistema circulatorio, esa compleja red de conductos con una bomba impulsora perfectamente estudiada para sincronizar el movimiento y transporte de nutrientes y otras sustancias necesarias para los seres vivos.

Automáticamente, mi cabeza dirigió mi pensamiento, hacia el corazón y la sangre, lo cual es normal al hablar del aparato circulatorio. Mientras escuchaba a la profesora hablar sobre el funcionamiento del corazón, el bombeo de sangre hacia los pulmones y al resto del organismo, en mi cabeza aparece una duda divertida de ¿por qué es el corazón el órgano que se relaciona directamente con el amor y no otro?, y ¿por qué utilizamos ese icono del corazón versión esquemática y simétrica que en realidad nada tiene que ver con la representación realista y anatómica de este órgano y que mundialmente es conocido desde siempre?. La única similitud que encuentro con la realidad es el color que se le atribuye su color rojo, rojo sangre, relacionado con su verdadera función de bombeo de sangre.
Aprovecho las largas explicaciones de la señorita Marta con dibujos en la pizarra que me permiten mantenerla de espalda y así poder buscar más información sobre este tema.

Es curioso como a este órgano se le han asignado cualidades, sentimientos y emociones de todo tipo; la razón, la fuerza, el alma, el sufrimiento, ¿por qué no se han atribuido estas cualidades al cerebro que sería lo más racional?, ¿por qué no se relaciona esta sustancia gris con el amor, siendo uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo?, ¿por qué hoy sigue considerándose el corazón como el depositario del amor?.

Mientras la señorita Marta sigue dándole vueltas al dibujo del ventrículo derecho e izquierdo, yo me ahogo en este continuo interrogatorio interior de análisis filosófico sobre el centro logístico del amor. Quizás cuando uno se siente enamorado el corazón late más deprisa y aunque también se puede sentir mariposas en el estómago, dibujar unos intestinos resulta menos romántico y menos cautivador que dibujar un corazón en el sentido figurado. Deberíamos retroceder en el tiempo hacia atrás miles de millones de años para poder averiguar el motivo de esta asociación. Quizás en la prehistoria, en la pintura rupestre, encontremos los primeros indicios del amor y el corazón, continuaría representando en la Antigüedad, aunque no se establecía ninguna metáfora respecto a un sentimiento como el amor.
Sigo adelante con mi curiosidad y aunque noto que mis palpitaciones aumentan por el miedo a ser descubierta por la señorita Marta mientras obtengo más información sobre el corazón y su forma, averiguo que es en un romance medieval, una novela de caballería donde sí que podemos encontrar esta metáfora del corazón con el amor romántico. De ahí en adelante son innumerables manifestaciones del amor y su representación en su manera esquemática, las que aparecen en cualquier expresión del arte o la cultura, llegando hasta nuestros días con la diversidad de colores y modelos que nos ofrecen los famosos emoticonos encontrados en los smartphones para poder expresar cualquier estado de ánimo.

Suena el timbre, y la señorita Marta nos da las gracias por prestarle atención y muestra su interés por la importancia de aprender el funcionamiento del aparato circulatorio. Pero antes de salir se acerca a mí para preguntarme sobre el tema tratado hoy en clase, siento miedo por si mis respuestas no son las correctas y siento palpitaciones fuertes en el pecho, consigo salir de su interrogatorio desviando la conversación hacia elogios sobre su persona y su conocimiento sobre la materia.
Después de esta situación compleja que enrojeció mis mejillas, me di cuenta de que aunque me había mantenido entretenida en la clase de ciencias, poco o nada había aprendido de la clase de hoy. Bueno, algo sí que había aprendido, que es mejor dejar que el cerebro dirija y sea el centro de operaciones y no dejarse llevar por instintos del corazón que pueden, en el mejor de los casos, llevarte a situaciones complejas.
  • Hits: 39