DESHUMANIZADOS

ENERO
Son las 8 a. m. y ya entro a trabajar. Más feliz que de costumbre porque el mes pasado me subieron de puesto, ahora soy encargada de planta, y noto como tengo mucho más voto en las ideas que se proponen. Trabajo en una empresa de inteligencia artificial, en mi planta estamos desarrollando un proyecto para ayudar a los ancianos que se encuentran en situaciones de dependencia y soledad, algo que me parece innovador y me motiva.
Nada más entrar me cruzo con mi jefa. Ella es Alicia, una mujer de 40 años, es alta y morena. Al principio suele imponer su presencia, con su cara fina y sus pómulos ligeramente marcados, pero en cuanto la conoces ves que es encantadora.

- ¡Marina, llegas tarde! - Dice Alicia guiñandome un ojo.
- Lo sé, lo sé. Lo siento, había tráfico - Llevo utilizando la misma excusa un mes y ya no suena creíble.
- Te están esperando en la sala 11, no les hagas esperar. - Alicia ignora mi excusa.
- De acuerdo, mil gracias. - No sé qué haría sin ella.

Llego a la sala y, efectivamente, me estaban esperando mis compañeros. Hoy tengo que presentar mi propuesta, la he estado preparando más de tres meses.

- Hola, lo siento de verdad, había tráfico y he intentado llegar lo antes posible.
- No te preocupes Marina, ¿empezamos ya? - Dice Iván, tan optimista como siempre. De verdad que nunca he visto a este hombre enfadado, ojalá tener esa calma.
- Sí, por supuesto. - Conecto el pendrive y empiezo.

Mi propuesta trata de crear robots con apariencia humana, capaces de cubrir las necesidades de cualquier persona. Ayudar en las tareas de la casa, en el aseo personal y ser capaz de dar entretenimiento a estas personas en situaciones complicadas. Por sus caras parece que les encanta la idea y eso me enorgullece.
Cuando la presentación acaba todos aplauden. Me ruborizo, quizá demasiado. Durante el próximo año estaremos desarrollando la idea para poderla sacar al mercado.

Lo primero que hago al salir es llamar a mi hermana, quedamos para tomar algo y contárselo todo. Me encanta la relación que tenemos, siempre que algo importante sucede, quedamos para vernos, nunca nos contamos las cosas importantes por Whatsapp.

- Candela ¡Qué guapa estás! - En cuanto la veo se me ilumina la cara.apa
- ¡Cuéntamelo ya! Estoy ansiosa por saberlo. - Responde mi hermana con verdadera intriga.
- ¿Sabes el proyecto que te conté hace tres meses? - Empiezo con suspense.
- ¡Sí! ¡Vamos Marina! - Odia que le haga esto.
- Pues hoy lo he presentado y… ¡Les ha encantado! - Exclamo entre risas de emoción.
- ¡Lo sabía! Sabía que valdría la pena. - Dice con la mirada llena de orgullo.
- Vamos a desarrollar el proyecto durante este año y si todo sale bien se llevará a cabo en diciembre.


DICIEMBRE
Acabo de llegar del trabajo. El cansancio invade cada parte de mí. Me quedo mirando el pequeño árbol de navidad que hay en mi salón. Necesito silencio y espacio. Estos meses han sido abrumadores, pero a pesar del estrés estoy muy orgullosa de cómo está evolucionando todo. El proyecto ya está zanjado y ya hay algunos robots creados, la semana que viene se acabará de producir el anuncio publicitario, está previsto que llene todos los canales de televisión, e incluso todos los posts de Instagram.

Pienso en mi abuela a menudo, todo este proyecto me ha hecho pensar mucho en ella. Mi abuelo murió hace 5 años, desde entonces vive sola. Cada vez que la voy a visitar me preocupa más, le duelen mucho los huesos y le cuesta caminar. El viernes pasado comenté su situación con mis compañeros y me dieron la oportunidad de probar uno de nuestros robots con ella, acepté. La llamé enseguida para comentarle la situación y quedó encantada. Justo hoy es cuando le tiene que llegar a casa. Así que a pesar del cansancio tomo mi café y salgo en dirección a su casa.

- ¡Hola abuela! ¿Qué tal estás? - Nada más entrar observo el gran paquete que hay en su salón.
- Hola, cariño, bueno… vamos tirando. ¿Este es el cacharro que me ibas a enviar? - Me responde con algo de desgana, se la ve cansada.
- Sí, abuela, he venido a configurarlo para que puedas empezar a utilizarlo. - Le digo con ilusión intentando animarla.
Acabo de configurarlo y me voy a casa. Te llamaré en unos días para ver cómo va todo.

Me despierta el interminable sonido de llamada de mi teléfono. Me levanto y lo desbloqueo, 46 llamadas perdidas. Son todas de mi abuela. Un escalofrío recorre toda mi columna, ella nunca me llama por teléfono. Le devuelvo la llamada.

- ¿Abuela? - Digo con voz temblorosa.
- Ha llegado la nueva era. - Me responde una voz. La conozco. Se me congela el cuerpo al recordar que es la voz de su robot.

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