Me fui de vacaciones

Era verano y estaba en Mallorca. La mayoría de mi familia materna vive allí y mis padres, mi hermano y yo siempre vamos a visitarlos durante unas semanas en el mes de Julio. Pasábamos allí las vacaciones desde que tengo uso de razón pero esas iban a ser diferentes. Mi tía iba a enseñarme a bucear por fin, llevaba pidiéndolo desde que supe que ese año empezaría las clases de biología en el instituto estudiando los diferentes reinos de los animales y, tenía la esperanza de poder ver alguno de los animales que iba a estudiar en su hábitat natural y poder impresionar a la profesora con alguna imagen o aportación sobre ellos. Tras muchos días insistiendo para poder obtener la respuesta que deseaba, aceptó, aceptó llevarme con ella a una playa poco conocida y empezar mis clases.


Nos metimos en el coche y viajamos durante 40 minutos hasta llegar a la cala escogida. Era una playa pequeña, de arena tan blanca y fina que al correr el aire parecía que pequeñas mariposas agitaran sus alas sobre mis pies. No había nadie, no se escuchaba nada, no había ningún rastro de humanos pero, no era un sitio nada solitario. La arboleda tan espesa y con una paleta variada de verdes rodeaba todo el perímetro y permitía, así, la presencia de diferentes animales salvajes en aquel lugar. Me quedé observando ensimismada todo aquel escenario tan vivo con la esperanza de no olvidarlo nunca. Mi tía me interrumpió para que me pusiera las aletas. Me las coloqué y entré al agua. Es cierto que Mallorca se caracteriza por el agua tan cristalina que poseen sus playas pero aquella cala era totalmente transparente, no había ni una sola gota de agua sucia o marcada por la contaminación de los humanos. Buceamos cerca de las rocas que había por la derecha, bordeando la cala. Escruté algo a lo lejos. Era algo rojizo, pequeño. Mi tía me dijo que no me alejara mucho de ella pero la intriga me comía por dentro, tenía que ver de cerca aquel animal. Se encontraba entre unas rocas a unos 10 metros de mí. Le hice unas señales a mi tía con la finalidad de que supiera a dónde iba y empecé a nadar. Cuando llegué pude ver con claridad que se trataba de una estrella de mar, pero para mi sorpresa, esta carecía de una de sus extremidades. Fue algo que realmente me sorprendió. Me quedé unos diez o quince minutos observando aquel ser tan extraordinario para mí, quería recoger toda la información posible para poder hacer un trabajo y poder presentarlo a toda la clase el curso siguiente. Estuve buceando un rato más hasta que mi tía me indicó que teníamos que salir del agua. Era la hora de comer y me moría de hambre, pero mis ganas de empezar el trabajo superaban cualquier tipo de sentimiento en esos instantes. Como era de esperar, mi familia se empeñó en comer todos juntos y después dejarme libre para poder empezar mi proyecto. Devoré con ferocidad el plato de paella que mi abuela había cocinado y fui corriendo a mi habitación. Una vez allí, encendí mi ordenador y comencé a escribir y a buscar información sobre las estrellas de mar y, sobre todo, quería saber porque a la que yo había visto le faltaba una de sus extremidades. Pude encontrar toda aquella información que deseaba, pero hubo algo que me trastocó. Leí que las estrellas de mar podían regenerar sus extremidades si las perdían. Al leer esto pensé que la página web que estaba mirando no era la correcta y que esa información seguramente era falsa, mi tía previamente me había advertido sobre ello así que deduje eso. La semana siguiente volvimos a ir a aquella exótica cala, ya que había hecho varias clases y ahora podría ir más lejos sola. Fui directamente al sitio donde vi a aquella estrella de mar tan peculiar, pero para mi sorpresa, tenía un cuarto del brazo, ¡se había regenerado! La información de aquella página web era verdadera. Desde luego tenía que fotografiar aquel acontecimiento y ponerlo en mi trabajo. Tras días de búsqueda de información y fotografías completé mi trabajo. Estaba muy orgullosa y me moría de ganas de presentarlo en septiembre. Sin duda alguna, ese fue el mejor verano de mi vida.

Ahí fue, chicos y chicas, cuando decidí que quería estudiar biología marina de mayor. Me fascinó tanto lo que pasó aquel verano que incluso investigué más sobre el tema y me interesé sobre todo en la posibilidad de utilizar las células de la estrella de mar para ayudar a las personas a la hora de regenerar tejidos. Tesis que hoy en día utilizo para mi trabajo de final de carrera.
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