El mundo soñado

Érase una vez una niña llamada Hipatia que siempre se hacía muchas preguntas sobre el Universo, las plantas y todo tipo de cosas científicas. Una mañana a primera hora se levantó de un brinco y pensó en lo que había soñado por la noche. ¿Qué habría soñado? Era todo igual que este mundo, pero como si todo estuviera al revés, cosas alucinantes...
Se lo dijo a su madre, ella le contó “Por la noche creía que viajaba a otro mundo, como si fuera el contrario de este, había distintos animales, plantas y hasta planetas. No me lo podía creer, no sé qué pasaba” pero su madre le decía que era un sueño. Hasta que un día, su madre se sorprendió al no ver a su hija en la cama por la mañana. No sabía que había pasado. Parecía que ella no hubiera dormido allí.
La madre salió corriendo a llamar a una amiga de Hipatia por si sabía algo, pero no le dio ninguna información.
Ella recordó lo que le había dicho su hija días atrás. Su madre volvió a la habitación y allí estaba Hipatia durmiendo. Hipatia se despertó y le empezó a contar todo lo que había soñado... “El sol salía por el oeste, los planetas eran visibles y estaban cerca de nosotros, los planetas eran distintos porque no tenían los mismos colores ni formas. Por ejemplo, los anillos de Saturno no eran cómo los nuestros, como los que me enseñaron en el colegio, no estaban rodeando al planeta, sino que los anillos salían como si fueran rayos del planeta... o también el color de Marte que no era rojo como el nuestro, sino que era de un tono verde turquesa porque yo creo que había mares y bosques como en la Tierra y me parece a mí que estaba habitado, parecía como que yo atravesase un agujero negro, allí iba al colegio y me contaban que era distinta la unidad de distancia que se usa para saber cuánto recorre la luz en un año. Dijeron que los días duraban 12 horas, sólo había 15 días en un mes y sólo 6 meses en un año” Su hija seguía contando “Había muchos guardias que rodeaban la ciudad, personas que yo no conocía y encima tenían una forma rarísima..., también habían coches, mejor dicho, no eran coches, eran una especie de vehículos con luces y ruedas al ras del suelo, aparte había diferentes edificios emblemáticos que existen ahora pero en otros lugares del mundo, como si estuviese todo descolocado, no sabía que pasaba”. Su madre le animó a que apuntase todo lo que pasaba en el otro lado y luego analizase lo que realmente pasaba.
Hipatia empezó a escribir: “Cuando me iba a dormir...”
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