ACUÁTICA YAIZA

A Yaiza le gustaba nadar. O, mejor dicho, le encantaba estar en el agua, lanzarse desde un trampolín. Tocar los corales con su cuerpo, lanzarse al vacío desde acantilados de una altura bastante alta y a toda velocidad, mirar desde el agua los cambios de las copas de las palmeras, de los pájaros y de la preciosa California. Sentir como pasan las corrientes de agua, ver cómo van pasando las nubes... y, de repente ¡pum! Una ola la embiste y la arrastra “suavemente” hasta llegar a la cálida arena con sus propios pies. Por todas esas razones se había convertido en una buceadora experta, “Acuática Yaiza”, le decían en su casa, “Acuática Yaiza”, le decían sus amigos. “Acuática Yaiza”, le decían en el trabajo. Ella, sin embargo, nunca se había sentido muy valiente. Tenía un miedo terrible. Nunca sabia lo que había debajo de ella cuando flotaba en el medio del mar. Cuando se sentía asustada, a Yaiza la aliviaba el cielo azul y observar todas las nubes que pasaban y pensar a que se parecían, mirar los peces, corales y algas.
Soñaba con las tortugas e imaginaba que era una de ellas. Por eso quizá también era conocida como Squirt, que es la tortuga bebé de buscando a Nemo.
El día en el que comienza una nueva vida, acuática Yaiza, o Squirt, estaba subida en una caravana en la que iba a realizar un salto alucinante. La puerta de la caravana se abrió y empezó a notar el fuerte viento en su cara. Miró al horizonte, miró sus pies, y solo veía agua, pero era un agua cristalina muy bonita. Al principio no estaba muy decidida de saltar, pero cogió fuerzas y se decidió. Durante los pocos segundos de caída, “acuática Yaiza” se sentía como la tortuguita que era. Había aprendido que con leves movimientos de sus manos y piernas podía ir a donde quisiera. Era una sensación única y magnífica. Cuando llegó el momento, Squirt cerró los ojos y comenzó a hundirse en el agua, cuando noto que ya no bajaba más abrió los ojos y observó todo a su alrededor.
¡¡¡Ahí hay un arrecife de coral, ahí un cangrejo de las nieves, ahí una anémona...!!!
Antes de llegar a la superficie, estiró bien las piernas con fuerza y se impulsó, como si quisiera coger una manzana del árbol. Subió corriendo, se ahogó un poco, pero no perdió de vista la superficie. Se frotó los ojos y sonrió.
Se entusiasmó con esas pequeñas olas que la rozaban la cara. “¡Qué bonito!”, pensó, y respiró profundamente.
-Yaiza, Yaiza, ¡qué gran salto! ¡Ven a secarte! Y no he sido la única en darme cuenta. Ven, aquí hay un señor que te quiere conocer. - dijo una de sus compañeras desde una lancha.
- ¿Un señor quiere conocerme? ¿Para qué? ¿Qué quiere? - dice Yaiza mientras se sube a la lancha-
En el restaurante del club de paracaidismo le esperaba un hombre decente con una nariz redonda y pequeña, unos ojos de color azul claro y una cabeza alargada con un corte “Undercut” rubio.
Señora Cooper, encantado de conocerla. Me llamo Edwar Thompson, y trabajo para el Cuerpo Nacional de biólogos marinos. -dijo el hombre mientras se tomaba una taza de café-
¿Biólogos marinos? -preguntó Yaiza confusa-
Exactamente, Nuestra Agencia Marina. El organismo que entrena 3 a mujeres y hombres para viajar al fondo marino y contribuir al desarrollo de la ciencia.
¿Le gustaría acompañarnos? -dijo el hombre-
¡¿Quée?! -gritó sin querer- Pero... ¿yooo?
Resulta que nuestros submarinos son de última generación. Están diseñadas para sumergirse y controlar la navegación durante días por el fondo marino. Pero tienen un defecto: no son seguras a la hora del anclaje. ¡Por eso necesitamos a buzos con experiencia como usted! -comentó Edwar-
NARRADOR El hombre hablaba veloz, los labios y el flequillo el cual no paraba de meterse en medio de su cara. Parecía un extranjero explicándole cosas extrañas y complicadas, las cuales Yaiza no comprendía.
Buzos con experiencia, buzos con experiencia, buzos con experiencias -murmuraba Yaiza-
Mire, hemos hablado con su compañera y nos ha contado que su preparación física es extraordinaria. Sabemos que es deportista desde hace años, que es trabajadora, lista, inteligente. -comento el hombre-
Como era de esperar, Acuática Yaiza dijo sí a la propuesta. Se incorporó al cuerpo nacional de Biólogos marinos y se entrenó durante meses de manera disciplinada y concienzuda. Estudiaba horas y horas sobre la presión y la gravedad, y aprendía a manejar máquinas y robots. También hacía duros ejercicios y entrenamientos deportivos para poder soportar las condiciones físicas que se viven en el fondo marino. Por las noches, al irse a la cama, soñaba con el mar y se imaginaba nadando mucho más profundo de lo que jamás ninguna tortuga había llegado.
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