Solo está en tu cabeza.

Y sonó el timbre otra vez más, me acerqué a la puerta, miré por la mirilla de esta y como era de esperar, detrás de la puerta se encontraba otro periodista preguntando sobre mi hermana.
Ya estaba cansada de periodistas pero, le abrí la puerta con una sonrisa.
Hola, buenos días, soy Anne de KlizPost, estoy interesada en lo acontecido con tu hermana. -Dijo.
Me fijé en ella, ya venía preparada con un bolígrafo y una libreta en su mano.
Sin pensarlo ni dos veces ella me preguntó: ¿Puedo hacerte unas preguntas sobre lo ocurrido?
Claro. – La contesté.
La dejé pasar; nos sentamos en unas sillas que estaban en el comedor.
Comenzó preguntando de una forma muy directa: ¿Cuáles fueron sus síntomas más notables?
Uno de sus síntomas más notables fue el distanciamiento de sus amigos y sus familiares, empezó aislándose en su habitación, apenas salía para comer, no hacía nada en todo el día. Fue algo que pensamos que era normal, ya que estaba en la adolescencia pero, realmente nos equivocamos.- Respondí.
Ella lo apuntó en su libreta y lo siguiente que dijo fue:
Cuéntame su historia entera. – Lo dijo Anne, con una seguridad y serenidad increíble.
Esa frase realmente me impactó, me quedé paralizada unos segundos antes de responder ya que, ningún periodista me había dicho eso, y menos con esa firmeza.
¿Toda? – Pregunté.
Sí, toda. – Dijo Anne.
Bueno pues, todo comenzó cuando se la diagnosticaron síntomas de esquizofrenia a los 14 años, empezó aislándose de sus seres queridos y como dije siquiera salía de su habitación, tenía un menor desempeño en el colegio por una gran falta de motivación.
Después de eso, comenzó con las alucinaciones, fue la gota que colmó el vaso; empezó a oír ruidos extraños, ver formas sin sentido en todas partes, se alejó más de lo que estaba de todo el mundo, no quería hacer daño a nadie, era solo una niña abrumada con el miedo de herir a sus seres queridos.
Todo eso hizo que se odiara a si misma, tenía el autoestima exageradamente bajo; mis padres la llevaron al mejor psicólogo, al más caro si era necesario pero solo por ella, para intentar ayudarla y poder mejorar su vida.
Para ser sinceros no funcionó mucho.
Ella acabó en una terrible depresión, sentía la tristeza multiplicada por cien, esa anhedonia realmente la afecto hasta el punto de llegar a autolesionarse, porque no podía con su sufrimiento emocional, que lo tuvo que pasar a físico para olvidarse de esos sentimientos.
Tenía el brazo lleno de cicatrices. Nunca se lo dijo a nadie.
No se sentía querida, se sentía odiada por todos.
Ella intentaba expresarse pero no sabía como hacerlo, no sabía pedir ayuda ni abrirse hacia los demás, tenía miedo de que la dijeran “deja de llamar la atención”, ella quería y es más, necesitaba ayuda.
Mi hermana de vez en cuando también tenía ataques de ansiedad, sentía que la faltaba el aire, le palpitaba el corazón muy rápido, sentía una gran presión en el pecho y mareos.
Lo pasaba fatal y cada día que pasaba escribía lo que la ocurría o lo que sentía en un diario, en una de las páginas del diario ponía:
“Estoy tan sola, solo quiero a alguien cerca de mí, que me quiera como soy, supongo que soy una cobarde, pero solo quiero sentirme bien y se que nadie me salvará de esto que sufro todos los días. Quisiera dejar de compararme con todos, me está matando lentamente y odio sentir que todos son mejores que yo.”
“No quiero ver más sombras me dan muchísimo miedo lo estoy pasando fatal, tengo parálisis del sueño, una vez sentí que algo o alguien se sentó a mi lado y me estaba mirando fijamente, estuve mirando al lado contrario de donde se sentó porque estaba aterrorizada, esa figura no se iba. Otro caso es en la ventana y la puerta, figuras y sombras que no llegué a identificar, me miraban, no me quitaban el ojo. Nadie merece pasar por esto.”

Un día no pudo más y se suicidó. Dió señales pero, nadie las captó.
Dejó una carta, en la cual estaba escrito lo siguiente:
“Lo siento muchísimo, pero ya no puedo más, estoy sufriendo mucho y no aguanto.
Gracias por cuidarme y por todo, papá, mamá y mi hermana, os quiero.”
Y bueno, eso es todo. - Dije sin mostrar sentimiento alguno en la cara.
Muchas gracias por su tiempo y por haberme contado la historia de su hermana, lamento que haya pasado por eso. – Dijo Anne una vez dejó de apuntar cosas en su libreta.
No hay de que. – Dije sonriendo.
Anne se fue, algo aterrorizada y triste.
A la semana siguiente el caso estaba en el periódico de forma anónima, solo yo sabía que iba sobre mi hermana.
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