No todos los problemas tienen solución

Se oyó un momento de silencio en la sala. Los trabajadores no podían creer lo que había pasado. El encargado de la comunicación con los astronautas de la NASA estaba emocionado, y es que Álvaro e Inés acababan de conseguir salvar la Tierra.
El veintidós de septiembre del 2030 era la fecha de expiración del planeta Tierra, y ya no había ningún remedio. Las empresas y los gobiernos habían tratado de acordar políticas de ahorro energético y cuidado del medioambiente, pero ya era demasiado tarde, se aproximaba el fin. Mientras tanto, en un pueblo situado en la provincia de Cáceres se encontraban Álvaro e Inés, de diecisiete y veinte años, respectivamente. Álvaro e Inés eran hermanos, pero era como si no lo fueran, porque apenas se hablaban, y cuando lo hacían era para reprocharle el uno al otro o para gritarse; la cuestión es que vivían juntos porque no tenían otra opción.
Álvaro estaba en su último año en el colegio, e Inés en la Universidad, aunque era verano y estaban descansando. Un día el calor les despertó a las ocho de la mañana, en pleno agosto. En el pueblo siempre hacía mucho calor, pero ese día hizo más de lo normal. Normalmente los hermanos irían, por supuesto, separados, a la piscina municipal, pero ese día no pudieron ni salir de casa. Mientras desayunaban pusieron la televisión, y saltó un aviso de alerta roja por calor en todo el país. El problema, y ellos no lo sabían, era que la alerta no era solo en España, sino en todo el mundo. Era el año 2026 y solamente quedaba un 8 % de los glaciares en la Antártida, el nivel del mar había subido cuatro metros y cada vez había más fenómenos meteorológicos que ponían en riesgo la vida de las personas. De repente salieron en la televisión unas imágenes de científicos intentando advertir de lo que estaba por venir, salían con pancartas, porque nadie les quería escuchar, la policía y el gobierno de su país les impedía informar a la población. Los hermanos sintieron impotencia al ver esas imágenes; no es que tuvieran mucha información al respecto, pero al ver los avisos y las imágenes, además de sentir el calor abrasador en la calle les cambió el pensamiento. De repente querían hacer algo, no sabían el qué, pero querían tratar de ayudar, porque esas imágenes produjeron un cambio en ellos.
Álvaro, tenemos que hacer algo. Esto no se puede quedar así. Dijo Inés
Ya, Inés, pero ¿qué podemos hacer? No hay nada que vaya a solucionar todo esto.

Los dos se mostraban preocupados, pues realmente nunca se habían parado a pensar en todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Tenemos que hacer algo, tenemos que intentar arreglar esto.
La verdad es que es un problema muy grave, deberíamos buscar una solución. Pero nosotros solos no podríamos hacer nada. Dijo Álvaro.
Ya, pero si pensamos en alguna manera en la que poder ayudar, quizás encontramos una solución, contestó Inés.

Empezaron a trabajar en una solución general para poder reducir las emisiones y los plásticos. No sabían mucho del tema, pero tenían todo el verano para pensarlo.
Tras dos meses trabajando en ello, habían conseguido desarrollar un sistema efectivo de reducción de la contaminación, y decidieron mandárselo al ministerio de medioambiente.
En el ministerio de medioambiente aprobaron su decisión, y decidieron aplicarla. Como su técnica había triunfado, decidieron contactar con la NASA. Su proyecto necesitaba una expedición al espacio para observar la situación de la Tierra tras un año.
Desgraciadamente, la NASA rechazó su propuesta, al igual que muchas otras propuestas con sentido. Álvaro e Inés habían intentado colaborar y buscar una solución a la destrucción del planeta, pero en esta sociedad no era algo importante. Los gobiernos preferían invertir en otras cosas, en vez de en su propia salvación.
Por lo tanto el inicio de este relato es idílico, está claro que en el mundo el interés es el dinero, la riqueza, y no la salud o el cuidado del medioambiente.
Tarde o temprano acabaremos destruyendo el planeta, y no habrá ni tiempo ni recursos suficientes para frenar su expiración.
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