Mi dulce niña

“Mi dulce niña, no te relaciones con ojos rojos.
Mi dulce niña, esos ojos te maldicen al mirarte.
Mi dulce niña, esos ojos serán tu perdición”
- Cántico de St. Paul II durante el primer siglo de guerra.

Los ojos de cualquier inteligencia artificial con forma humanoide eran rojos. Los de carbono - los humanos – lo sabían perfectamente, un fallo de programación les hacía posible diferenciar a las inteligencias artificiales de sus compatriotas. Aquello resultaba indispensable en una guerra, un bando debía de ser capaz de diferenciar al otro.
Y Lilianne, la temible Lilianne de la cual según los Ro´Faborno las leyendas se escribirían en menos de un siglo, se dejó engañar. Quiso fingir que no se daba cuenta de cómo los ojos verdes de Oscar desprendían un extraño pero reconocible brillo carmesí, aunque en verdad ella lo sabía, todo el tiempo lo supo. Aun cuando destruían el neuro transmisor que podría haber controlados a los I.A, sabía lo que hacía, en ningún momento fue una insulsa muchacha inocente manipulada por una inteligencia superior.
Lilianne pudo oír el bullicio afuera de su celda, aquel día le insertarían la muerte en su corazón, el mismo que había pecado enamorándose de Oscar. No podía culpar a los espectadores de su matanza, ella misma presenció miles siendo una de las guerreras más valoradas de los carbonos. Conocía de memoria el proceso, incluso. Le introducirían los circuitos modificados de un A.I por la garganta y este lenta pero grácil y dolorosamente acabaría con su vida, empezando por el corazón que sacaría de su pecho rompiendo este en el acto, para que Dianne Ro´Faborno lo levantara mostrando su poder ante la multitud sedienta de muerte.
Aunque en sí hasta aquel momento nunca se le había ocurrido cuestionar lo mal que podría estar el sistema de los carbonos. Querer eliminar con el costo de su propia especie a su propia creación, la cual el pasó de los siglos observó cómo los humanos se esmeraban en perfeccionarla. Cuando lo pensaba no podía evitar reírse, resultaba incluso hilarante.
Uno de los guardias se giró para mirarla y pudo vislumbrar como bajo sus holo – gafas centelleaban con ira unos orbes rojos. Lilianne intentó ocultar su sorpresa, un ojos rojos, un I.A. se consiguió infiltrar entre todas aquellos carbonos sin que nadie se diera cuenta. Y por la camarería con la que se habían tratado todos los guardias anteriormente, Lilianne podría jurar que más de uno no era humano o que si lo era probablemente fuera un insurrecto. Quizá los ojos rojos querían matarla en venganza por todos lo que ella desconectó cuándo luchaba y por su deseo de poder arrebatar a los Ro´Faborno la satisfacción de matar a una traidora.
El I.A. cuyos ojos relucían con la máxima expresión de la ira agarró el brazo de Lilianne. Y aquel movimiento tan inesperado sorprendió tanto a Lilianne que el estupor se instaló en su semblante y ni siquiera pudo intentar disimularlo. La inteligencia artificial siguió con su acto fingido de retención hacía Lilianne mientras acercaba su boca a la oreja de Lilianne.
- Un ojos rojos nunca olvida, un ojos rojos siempre cumple. – Verbalizó el extraño guardia en lo que fue un leve suspiro.
Al oírle, Lilianne sintió unas nauseas en la garganta, aquel era el lema bajo por el que llevaban luchando los I.A. durante tres siglos. Lema el cual hasta hacía poco más de un año Lilianne luchó por exterminar.
- La muerte no me hallará antes del próximo atardecer. – Afirmó Lilianne recitando la oración que cualquier insurrecto debía decir antes de unirse a los ojos rojos.
El guardia profirió un fuerte apretón en la espalda de Lilianne, intentando brindarle consuelo, con esa oración ella acababa de perder todo por lo que había luchado durante su vida. Lilianne se refugió en el frío tacto del guardia. Sabía lo que le depararía al escapar y pensaba aceptarlo, sería una insurrecta y mataría a todos y a cada uno de los Ro´Faborno.

“El dulzor de los ojos rojos la llamaban.
Los ojos azules entre un cielo rojos,
la que empañó sus dedos
de sangre bendita de Ro´Faborno¨
- Elegía de Thalassa hacía Lilianne, más comúnmente conocida como la ojos azules.


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