La habitación número 7

La habitación número 7

7 de agosto del año 2077,
Un día nublado y huracanado en la ciudad de Sídney, Australia. No hacía mucho tiempo de aquel espeluznante y pavoroso suceso en la calle George Street, las aceras se encontraban vacías, los contenedores de basura, situados enfrente de las viviendas, estaban a punto de rebosar, las farolas dejaban de alumbrar las calles. En definitiva, todo había cambiado.
Todavía no está a nuestro alcance la razón principal de este hecho. Al comenzar la estación de primavera, todo era normal. Los coches circulaban libremente por las calles y la población disfrutaba del buen tiempo al aire libre.
Hasta que de pronto todo cambió… Los telediarios estaban repletos de noticias abrumadoras, acusaban al Equipo de Investigación Científica de Estados Unidos, E.I.C, de haber permitido la comercialización ilegal de un fármaco agresivo en ciudades como Sídney y haber falsificado intencionadamente su etiquetado y sustancias.
En un principio la población no tuvo en consideración estas noticias tan surrealistas, pero al cabo de unos días saltaron las alarmas. Más de un millón de personas se encontraron en la tesitura de enfrentarse a quemaduras de tercer grado que se esparcían rápidamente por todo el cuerpo, la gente estaba desesperada, no querían salir a la calle debido al miedo que les causaba que el sol pudiese empeorar dichas quemaduras. Se refugiaban como les indicaban en televisión en unas habitaciones enumeradas, dichas estancias no tenían ventanas para evitar cualquier rayo de luz que pudiesen entrar.
Al cabo de unas semanas, ya se sabía que las quemaduras fueron causadas por el fármaco que se estuvo comercializando durante meses, con lo cual la agencia nacional del medicamento estuvo estudiando el caso e impuso sanciones graves al equipo de investigación que estaba detrás de todo esto.
Al parecer, el fármaco al ser aplicado sobre la piel y mantener contacto con el sol, provocaba esas quemaduras tan espeluznantes. El E.I.C comercializó dicho fármaco intencionadamente para después, comercializar otro que frenaba las quemaduras y llevarse beneficios a la vez que se atribuían el mérito.
La agencia nacional del medicamento ya había tratado con equipos de investigación que atentan contra la salud con el fin de ganar grandes beneficios económicos, con lo cual no permitieron que el Equipo de Investigación Científica de Estados Unidos pudiese ganar nada, económicamente hablando.
En cuanto a las personas que se encontraban en las habitaciones enumeradas, pasaron tanto malos ratos como buenos, pero por suerte y gracias a la asistencia médica que estuvo atendiéndoles, la mayoría pudo curarse de aquellas quemaduras.
No todos tuvieron la misma suerte, la piel de un grupo de ancianos, con patologías previas, no aguantó las quemaduras y desgraciadamente fallecieron. Ellos ocupaban la habitación número siete.
No se ha vuelto a dar una situación como aquella, después de lo ocurrido desacreditaron al equipo de investigación responsable y en honor a las personas fallecidas, construyeron una placa conmemorativa en el centro de Sídney. Los ciudadanos, pasado el tiempo se referían a esta catástrofe como “la habitación número 7”.
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