la paradoja de la perfección

Año 2050. Cargando....cargando...carggg...instalada. En tan solo 1 hora millones de personas ya eran usuarios de la nueva aplicación “designer babies” Julia alzaba su móvil por todo lo alto mientras gritaba eufórica “¡por fin!”. Mario, su marido corrió hacia ella y ambos se abrazaron. Después de casi tres meses de espera desde que anunciaron la aplicación, por fin había llegado el momento que tanto habían esperado. Julia nació con VIH, su madre era portadora del virus, le contagió la enfermedad en el parto y murió poco tiempo después. Julia nunca pensó en la posibilidad de tener hijos, ya que había unas altas probabilidades de contagiar al embrión durante el embarazo. Este factor, había llevado a la pareja a diversas crisis, algunas de ellas muy próximas a la ruptura. Un día, en la hora de la siesta, estaban haciendo zapping para encontrar una película que ver hasta quedarse dormidos. Cuando al fin eligieron un canal, la película que se estaba emitiendo se detuvo y comenzó el siguiente anuncio: Designer babies, modifica genéticamente a tu bebe mediante la fecundación in vitro. ¡Crea al hijo perfecto! Las opciones son infinitas: ponle los ojos azules, haz que sea un cerebrito, o incluso un deportista de élite. Los pasos son muy sencillos, solo tienes que descargarte la aplicación y configurar los rasgos del embrión . Te llegará una llamada confirmando tu solicitud y se te citará en el laboratorio, donde se llevará a cabo la fecundación del óvulo, y la modificación e implantación del embrión en el útero de la madre. Inmediatamente descargaron la aplicación y pidieron cita solicitando que el embrión fuera inmune al virus del SIDA. Julia no se lo podía creer, pensaba que era cosa de magia. Tras meses de espera por fin habían recibido la llamada del laboratorio. Les dieron cita para el día siguiente. A la mañana siguiente, la pareja aparcó en la calle paralela al centro y tras cinco minutos a pie, llegaron. Un aire frío sacudía la entrada. No era un lugar especialmente acogedor, la sala de espera, que se componía de cuatro paredes blancas, recordaba a un lugar remoto en medio de la nada. Un médico de nariz respingona y pelo naranja se aproximó a ellos : “Julia Hernandez y Mario Fuentes”, dijo con una voz grave y áspera. El médico les guió hasta la consulta:
-He observado con detenimiento su caso, y me ha llamado la atención la escasa modificación que solicitan, ¿A qué se debe esto?
Julia algo molesta, contesto:
-Esa modificación que usted califica de insignificante, nos cambiaría la vida para siempre, así que por favor, no juzgue mi vida ni mis decisiones sin conocerme
-Por supuesto señora, no pretendía ofenderla, yo solo me refería a que con un simple "corta-pega" de material genético ya no tendrían que preocuparse de que su hijo estudiara, de que hiciera deporte, de que le gustarán las verduras…
-La verdad es que nunca nos lo habíamos planteado así, contestó Mario. -La pareja se miró sonriente -
-Está bien, contestó Julia, ya que estamos, ¿Por qué no?
La pareja emocionada, hizo una larga lista de peticiones entre las que se encontraban: inmunidad ante las enfermedades cardiacas, una vena artística, inteligencia matemática, etc. El científico tras leerlo con detenimiento, les felicitó por su excelente elección. Les dijo que volvieran a la sala de espera, y que les llamaría cuando el embrión estuviera listo para introducirlo en el útero. Una vez en la sala de espera, Julia no podía dejar de sonreír, estaba ocurriendo de verdad, iba a tener un hijo, y no cualquiera, un hijo perfecto. Tras dos horas de espera, el científico les informó de que una de las modificaciones genéticas, tenía que realizarse en una laboratorio más especializado, ya que requería de técnicas más avanzadas.
-Transportar al embrión puede suponer ciertos riesgos, así que piénselo bien antes de tomar una decisión precipitada, les informó el científico.
-No hay nada que meditar, la decisión está tomada, nuestro hijo será perfecto.
Mario se quedó algo extrañado al oír a Julia, pero no dijo nada. Mientras que el científico se dispuso a preparar al embrión para el trayecto, la pareja llamó a todos sus familiares y amigos para contarles la noticia. Julia pensaba que era cosa del destino, pues en cuestión de horas... ¡estaría embarazada! Llegó la noche, y con ella, la hora de cerrar el centro. La pareja comenzó a preocuparse, llamó al otro laboratorio para saber qué había sucedido, fue entonces cuando les comunicaron que el vehículo había sufrido un accidente y el embrión ya no era viable. Meses después, a Julia le diagnosticaron infertilidad por lo que nunca pudo tener hijos. Cuando la ciencia rebasa toda línea ética, la línea entre tenerlo todo y quedarse sin nada se vuelve imperceptible.
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