Ensamblando una victoria

Ensamblando una victoria

Una infección arrasaba el cuerpo de una niña, una bacteria desconocida había ingresado a los tejidos duplicándose por medio de la fisión binaria, generando toxinas y enzimas dañinas a las células.

Todas las células del cuerpo estaban nerviosas, el problema no se podía resolver, no les llegaba información para apoyar al sistema inmunitario, por lo que ellas continuaban con sus procesos habituales esperando que funcionase algo. Sin embargo, los macrófagos, los linfocitos, las células dendríticas y otras células defensivas estaban cayendo, las cosas no estaban funcionando, era evidente que necesitaban apoyo.

Ni la ayuda externa, en forma de antibióticos, que recibía el cuerpo estaba funcionando, la situación se complicaba cada minuto.

De repente una célula ayudante T, viendo que la infección era desconocida y que nada funcionaba, decidió incumplir los códigos del sistema inmunitario y pidió a todas las células del cuerpo que encontrasen una manera de detener a la bacteria que les estaba atacando, era una acción desesperada.

Los doscientos tipos de células del organismo, recibieron el mensaje mediante enzimas de comunicación, se trataba de un proceso irregular, desesperado, se enfrentaban a una infección fulminante que podría llevarlas a la muerte, por lo que las células del cuerpo entraron en diálogo.

Comenzaron a comunicarse todas sin excepción, desde las células de Merkel, los neumocitos, los enterocitos, los gametos, las células endoteliales, pasando por los hepatocitos, las células caliciformes, los adipocitos, los miocitos, neuronas y conos, entre otras, todas ellas exponían ideas y propuestas para enfrentar la extraña infección, sin encontrar una solución.

En ese momento se unían al debate las células parietales, que plantearon una idea arriesgada: pedir ayuda a los bacteriófagos del estómago; significaba aliarse con los virus, pero no había opción tenían que intentarlo.

Los bacteriófagos aceptaron y marcharon hacia los biofilms, intentarían encontrar cuál de ellos era compatible con la bacteria, bastaba solo uno. Muchas células dudaban que los bacteriófagos fuesen efectivos, no estaban seguras si alguno sería el adecuado y lograse acoplarse a la cepa bacteriana que les estaba atacando, pero no había opción.

Bacteriófago tras bacteriófago intentaban acoplarse, hasta que “tic” ¡Uno se acopló! logró inyectar su material genético, con lo que forzó a la bacteria a hacer copias de sí mismo, luego de ensamblarse éstas produjeron endolisina, una enzima que degradó parte de la pared celular de la bacteria, por lo que ésta murió, ya que no puede vivir sin su membrana plasmática.

Todas las células del cuerpo celebraron este momento, podían vencer la infección. Gracias a los bacteriófagos y su ciclo lítico pudieron lentamente destruir a las bacterias y parar la infección.

Los bacteriófagos lograron eliminar la amenaza letal sin tener que dañar tejidos o células en el proceso y no hubo efectos colaterales, gracias a los bacteriófagos la niña se curó y salvó su vida.

Las células del cuerpo entendieron que no todos los virus son malos, algunos nos ayudan en nuestra lucha contra las bacterias.

Moonwatcher
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