Atracción oscura

Año 3046. Lo habíamos conseguido. Lo había conseguido. Más de 1000 años después de la primera fotografía de un agujero negro, estábamos delante de uno. Era algo impresionante, casi indescriptible. Era una especie de masa de un color indefinido, o más bien de ningún color. Parecía como si estuviera creciendo constantemente y fuera a engullirnos en cualquier momento. La verdad es que ni siquiera sabía cómo sentirme. Siempre me ha fascinado el espacio y más en concreto los agujeros negros. Para mí son el cuerpo celeste más impresionante de todo el Cosmos o, al menos, de lo poco que conocemos. Desde hace mucho tiempo me propuse que sería astronauta y que llegaría a ver un agujero negro con mis propios ojos. Allí estaba. Estaba muy feliz, pero también tenía miedo. A pesar de todos los años de investigación, todavía no sabíamos qué pasaba dentro de los agujeros negros. Éramos conscientes de hasta qué punto podíamos acercarnos, pero no de qué pasaría si rebasábamos ese límite llamado "horizonte de sucesos". La única vez que la humanidad consiguió recrear un agujero negro fue uno de ínfimo tamaño, poco más grande que un simple botón. Y esa bola de energía indefinida destruyó todo lo que había en un radio de 30 kilómetros, dejando solamente polvo, igual que si hubiera explotado una bomba nuclear. A pesar de aquel incidente se siguieron investigando estos fenómenos, aunque con mucha más precaución. Nunca se ha vuelto a crear uno artificialmente.
Pero volviendo a aquel momento. Lo que tenía delante mío era muchísimo más de lo que nunca hubiera podido imaginar. Era más grande, más imponente, más aterrador, más magnético y más insólito que cualquier cosa que hubiera visto antes. Me quedé mirándolo por más de media hora seguida, sin poder creer lo que veía; pero era verdad. Yo estaba allí. Ni siquiera me di cuenta de las reacciones de mis compañeros cuando vieron que nos estábamos acercando a un ritmo vertiginoso al horizonte de sucesos. Ya no tenía miedo. Sabíamos que aquello podía pasar. Sabíamos que un pequeño error en los cálculos podía causar una terrible catástrofe. Pero a mi no me importaba. Me sentía invencible, sentía que ya no necesitaba nada más en la vida, no me importaba lo que me pudiera pasar. Aunque fuera a morir, sería a manos de aquello que más amaba y admiraba en este mundo.
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