Asesino en serie

Sí, esa noche me encontraba en mi casa, junto a mi familia. Estábamos cenando, nos reíamos, hacíamos bromas, bueno, lo normal en la familia. Hasta que de repente, sonó mi teléfono. Era mi compañera de trabajo María.
Ana, dónde estás? - dijo María.
Estoy en mi casa, cenando. ¿Por qué? ¿Pasa algo? - dije yo sin saber
Sí, está todo el equipo en la calle San José, portal 4, piso 1rD. Ven lo más rápido posible, tenemos una nueva víctima.

Y sí, eso es lo malo de mi trabajo, cuando eres detective, te pueden llamar a cualquier hora, nunca sabes lo que va a pasar.
Me dirigí hacia el piso, en el cual encontré a todos mis compañeros criminólogos. Al llegar, mi compañera María me puso al caso.
Ana, tenemos un varón, de aproximadamente 40 años, casado y con una hija. Se piensa que ha muerto intoxicado, ya que no se ven lesiones ni balas, pero todavía está por confirmar.
De acuerdo. Tenemos algún testigo que viera algo?
No, al parecer nadie vió nada. Lo que sí sabemos es que lo encontró su mujer, y puede que ella supiera algo.

Fuimos a hablar con ella, pero por desgracia no sabía nada. Se ve que era un hombre legal, sin ningún conflicto con nadie y sin antecedentes.
Mientras que el equipo de criminología inspeccionaba la casa y el cuerpo de la víctima, María y yo, fuimos a hablar con los vecinos para comentarles que si veían algo extraño, que nos avisaran.
Cuando volvimos a la escena del crimen, el equipo de criminología nos dijeron que no había ninguna prueba de que hubiese sucedido una pelea. También nos comentaron que an el lado derecho de la víctima encontraron un fragmento de un mapa posiblemente de Ripollet, el cual nos quedamos sin darle tanta importancia como a otras pruebas.
Le dimos más importancia a un dato bastante extraño. Se ve que los fogones de la cocina estaban abiertos, dejando escapar monóxido de carbono (CO), y que muy posiblemente fue intoxicado por monóxido de carbono ya que todas las ventanas estaban cerradas y no había ninguna abertura por donde entrara el aire. Pero toda esa teoría se debía confirmar con la autopsia.
María y yo, en espera de la autopsia, fuimos comentando la muerte de la víctima a su familia.
Con los resultados ya, pudimos confirmar que fue intoxicado por monóxido de carbono. Todo sucedió porque los fogones, desprendían monóxido de carbono, y como no había ninguna abertura por donde entrara oxígeno, el monóxido de carbono se fue acumulando, y mientras la víctima dormía, fue inspirando todo el monóxido de carbono dando lugar a su muerte. A partir de saber todo eso fuimos enlazando las pruebas. Todo fue encajando, pero al final nada tenía sentido, ya que las pruebas encajaban, pero no conseguíamos la identidad del asesino. Durante dos días estuvimos observando la situación desde diferentes puntos de vistas, pero no conseguimos nada. Hasta que nos avisaron que había ocurrido otro asesinato.
Fuimos a la escena del crimen, en la calle Maragall. Nos comentaron que nos avisaron a nosotras por el simple hecho que se daba por hecho que la víctima fue asesinada por el mismo asesino que el de la anterior víctima.
¿Qué tenemos esta vez? - dije yo interesada.
Tenemos una víctima. Esta vez una mujer de aproximadamente 25 años. Está soltera y sin hijos. Le dispararon en el lado izquierdo del pecho con una Beretta, muriendo en el acto. Os hemos avisado porque hemos encontrado un papel parecido al que había en el otro crimen.
¿Me lo dejas observar? - dijo María.
Cuando María lo observó, estuvo pensando durante aproximadamente dos minutos, hasta que se le iluminó la cara, y me dijo:
¡¡Corre Ana!! ¡¡Vamos a la central, ya encaja todo!!!
Al llegar allí, Ana me explicó su teoría.
Mira, ves estos dos papeles? Pues son como coordenadas que nos indica donde cometerá el siguiente crimen! Ves que en el primer papel enseña un trozo de un mapa donde se puede observar la calle Maragall? Pues hoy, después de dos días, ha muerto nuestra víctima. Así que si miramos el último papel, nos lleva a la calle Balmes. Debemos estar preparados para atraparlo!
A los dos días, todo mi equipo estaba preparado para cogerlo. Vimos a un hombre bastante sospechoso, que llevaba una especie de maleta muy grande, y disimuladamente dos compañeros de mi equipo lo siguieron. Hasta que, entró a un piso, se sentó frente la ventana, y de la maleta sacó un fusil de asalto. Entonces fue cuando mis compañeros entraron y lo cogieron antes de que disparara. Al llevarlo a calabozo, nos confesó todo ya que no le quedaba otra elección. Fue entonces cuando fue a prisión con una prisión de 45 años, y mi equipo dió justícia en el pueblo.
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