El día que la conocí

Orisa, una chica de pelo largo por los hombros, estatura media, introvertida, que trabaja buscando una cura para el sida. Orisa tiene una amiga que le pregunta qué es lo que la condujo a buscar un tratamiento futuro del sida. Entonces Orisa empieza a recordar...


Yo en esos momentos estaba estudiando medicina en la universidad de Amur (Rusia) y estaba de prácticas en un hospital, donde llegó una muchacha llamada Renata, una chica que me llamó mucho la atención. Pelo largo con mechas rosas, estatura media, con poca cultura pero divertida, y camarera de un pub en la ciudad. Traía un corte profundo en la mano, que se había hecho en su trabajo. Le curo el corte, nos ponemos a hablar, me gustó y le pido su número de teléfono. 

Seguimos hablando durante muchísimo tiempo. 

Renata un día me dice de pasarme por su pub para tomarnos un par  de copas. Decidí ir. Me vestí, peiné, maquillé, y puse rumbo al pub. Estuvimos riéndonos y bebiendo, hasta que me propone irnos a su casa, lo que yo acepto. Una vez en su casa seguimos bebiendo y nos confesamos que nos gustamos; nos empezamos a besar y mantenemos relaciones sexuales, pero sin protección, porque no teníamos, y pensamos que, por una vez, no pasaría nada. 

Días después Renata empezó a tener sensaciones raras en las zonas genitales, picores, ardor. Decidimos ir al medico, a ver qué era lo que pasaba. El doctor le hace una citología a Renata, y al darle los resultados, resulta que tiene tricomoniasis. 

Al escuchar eso yo me asuste, le dije al doctor lo que pasó entre nosotras días antes, sin prevención ninguna. El doctor, al escuchar eso, decidió hacerme una citología a mi tambien. Para mi mala suerte, resulta que tengo tricomoniasis y para mi gran sorpresa también tenía sida.

El médico nos mandó a Renata y a mi un antiparasitario para la tricomoniasis, pero para el sida me mandaron unas pastillas las  Atripla, de las que me debía tomar una sola pastilla al día.

Al salir de la consulta Renata me pregunta qué es la tricomoniasis; yo le explico que es una enfermedad causada por un protozoo unicelular. Renata como era una persona un poco ignorante, me pregunta como pudo pillar eso, y le vuelvo a explicar que se transmite mediante el sexo vaginal en el contacto entre dos vulvas, o al compartir algun juguete sexual.

 Fuimos a la farmacia y pedimos el "antibiótico"; le explicamos lo que nos había pasado y la farmacéutica, super simpática, nos explicó que un antibiótico se usa para tratar enfermedades causadas por bacterias, y un antiparasitario, es un tratamiento antiinfeccioso usado en humanos para los parásitos o para protozoos, pero no para bacterias.

También pido mis pastillas de tratamiento para el VIH, que la farmacéutica llamó "el cóctel", y comentó que ese tratamiento no iba a ser muy efectivo. 

Al llegar a casa tuve una discusión con Renata; no quería tomarse el medicamento, si no que prefería usar remedios naturales. Prefirió pasar varios días de lavados con vinagre de manzana. 

Volvimos a ir al médico para una revisión, a ver si ya no estábamos infectadas. Para bien o para mal, yo ya no tenía tricomoniasis, pero tenía más avanzado el sida.  En cambio Renata seguía infectada. El médico nos explicó la forma de prevenir el contagio del VIH y la tricomoniasis: usar preservativos femeninos era la mejor opción para no contagiar ni volverse a contagiar . 

En ese momento, muy preocupada por el VIH, me centré en terminar la carrera en la universidad; quería trabajar en un laboratorio, buscando una cura efectiva para el sida.

Renata desapareció, no volví a saber nada de ella. Yo estaba muy triste, porque Renata era una persona de la que de verdad me enamoré. 


Orisa terminó de contar porque estaba trabajando en buscar la cura del sida. Como tardaron tantos años, otro laboratorio, el American Gene Technologies, se le adelantó: está estudiando una terapia genética que consiste en la modificación de los linfocitos TCD4 de los pacientes VIH positivos, evitando que las células ya infectadas liberen nuevas partículas del virus, para así combatir al virus de forma natural, eficiente y sin necesidad de la medicación antirretroviral.

Al enterarse de eso Orisa decide darse por vencida. Consiguió el número de Renata, y la llamaba y la llamaba pero no lo cogía nunca. Finalmente se enteró de que nunca usó el antiparasitario que le mandaron años atrás, tuvo otras infecciones y grandes complicaciones, que la llevaron a la muerte. A Orisa se le cayó el mundo encima; después de todos los años que había pasado, ella seguía enamorada de Renata. Con un gran llanto y un pequeño suspiro soltó un "Bendito el día en que te conocí, Renata".
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