Skip to main content

La luz de la ciencia

Era una calorosa tarde de verano en El Grado, Huesca. Democ había quedado con su pandilla para bajar a la piscina, el único sitio donde se podía aguantar este infierno. En la plaza le esperaban JJ, Somi Dalton, Max y los gemelos Rodi y Heisi.
Hola chicos, dijo lacónicamente Democ, un niño de 13 años que destacaba por su altura y delgadez, de lejos parecía un spaghetti.
Buenas chicos, Heisi la miró furibundamente, odiaba que se usará únicamente el masculino en grupos. Buenas chicos y chica, dijo de nuevo Democ- socarronamente.
Los seis bajaron a la piscina. un kilómetro a 40º que se hacía eterno pero que quedaba ampliamente compensado cuando llegaban a la piscina y se pegaban el primer chapuzón...el mejor de la tarde.
Después de estar jugando toda la tarde en la piscina y mientras se tomaban el helado de rigor, Somi tomó la palabra. ¿Tenemos algún plan para esta noche? Yo tengo uno, chicos... y chica, dijo fijando la mirada en Heisi. La misma Heisi tomo la palabra: No sé qué haremos, pero lo que se seguro es lo que no haremos, cualquier plan que salga por tu boca, Somi. Todos se miraron y se echaron a reír. Normal, que nadie siguiera a Somi, sus ideas no solían acabar muy bien.
JJ tomo la palabra: ¿Y si vamos a las trincheras? Todos se miraron, sabían lo que implicaba esta visita.
¿Quieres entrar en el agujero? Dijo Heisi inquisitiva
Todos se miraron, conocían la respuesta.
Las trincheras eran fortificaciones construidas por el bando republicano en la retaguardia del frente de Aragón durante la guerra civil española. Aparentemente eran inofensivas, pero la pandilla había descubierto un agujero escondido a 5 metros de la entrada y una nota pintada en rojo que rezaba lo siguiente: “el 3 de julio de 1941 entró en este agujero el niño Severo Ochoa y Cajal y nunca regresó”. Cuando Democ consultó a su abuela por la existencia de ese niño en su época, ella le contestó que vagamente le sonaba pero que desapareció de repente, para no volver jamás. Desde entonces, habían decidido no entrar, pero JJ estaba decidido a romper el pacto.
A ver, dijo JJ, sois unos gallinas, dijo retando al resto de la pandilla. Estoy harto de estar sentado toda la noche sin hacer nada, yo hoy voy al agujero ¿Quién me acompaña?
Nadie contesto, todos agacharon la cabeza. JJ se levantó, muy enfadado, y dijo mientras se iba: “Yo estaré allí a las 11, si alguien quiere venir, ya sabe”. Todos se miraron sin decir nada, Max cambió de tema. Democ, dubitativo, comenzó a valorar acompañar a su amigo. No lo quería dejar solo.
¿Qué haces con la linterna Democ?, le preguntó su madre.
Nada mamá, hoy iremos a dar una vuelta y a veces subimos a Piacuto y no se ve nada, no me quiero volver a torcer el tobillo.
No sé qué pintas en Piacuto por la noche, dijo inquisitiva su madre.
Democ había mentido a su madre, no iba a ir a Piacuto, iba a acompañar a su amigo a las trincheras. Esperaba no tener que arrepentirse.
Llegó 5’ tarde, allí no había nadie, quizás JJ ya se había ido. Le envió un mensaje, pero no obtuvo respuesta. Espero hasta y cuarto. Miro el móvil y tenía mensajes del resto de la pandilla que había quedado a las 1130h. Aún estaba a tiempo, se giró decidido a volver al pueblo. Dió 5 pasos y cambió de opinión “no puedo dejar solo a JJ, si le pasa algo no me lo podré perdonar”, pensó. A toda prisa decidió acercarse a las trincheras. A y media ya estaba allí, lo llamó a grito pelado, nadie le respondió.
Se acercó a la entrada, entró a la trinchera, volvió a llamar a su amigo y se detuvo en la entrada del agujero. Dudó. ¿Y si JJ al final no había venido? Era imposible, era demasiado cabezón. Volvió a dudar. ¿Qué hago?, se preguntó. Finalmente se decidió, encendió la linterna, encogió su cuerpo y entró en el agujero. Nunca más saldría, acababa de quedar atrapado por la magia de la ciencia.
Allí se encontró a Demócrito (Democ), a JJ Thomson (JJ), John Dalton y Sommersfeld (Somi Dalton), Max Planck (Max) y Schrödinger y Heeisenberg (los gemelos Rodi y Heisi). Todos ellos personajes clave es en la historia del átomo. También estaba Curie, Einstein o Meitner. Debatían Newton y Hawkins.
La aparente oscuridad del agujero era una metáfora de la oscuridad del desconocimiento. Una vez entrabas en el agujero, se iluminaba todo gracias a la luz que nos aporta la ciencia, una luz que, gracias a nuestras ganas de saber, jamás dejará de iluminarnos y de guiarnos en el camino de la vida ¿Quieres quedarte atrapado por la fuerza de la ciencia? Acompáñanos.
  • Hits: 127