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Anthropos

Un púlsar le dice a un cuásar:
–¿Quién de los dos crees que llegará primero al centro del Universo?
–Mmm... –Cavila el cuásar–. ¿Hablando antrópicamente?
–Vaya, pues no lo sé. Hasta donde yo entiendo, ni tú ni yo somos seres vivos, y descartando eso ya en un principio, evidentemente no somos humanos.
–Claro, claro... entonces, ¿qué sentido tiene la pregunta?
–¿Sentido?
–Sí. ¿A quién le importa quién llega primero? Simplificándolo mucho, ambos somos fuerzas emisoras de radiación electromagnética, ¿no? Llegaremos cuando lleguemos. Sin más.
–No... bueno... ya... pues responde antrópicamente.
–Vale. Antrópicamente, tú llegarías antes.
–¿Por qué?
–Porque desde el punto de vista humano, los cuásares están más distantes que los púlsares.
–¿Pero qué tiene que ver el punto de vista humano con el centro del Universo?
–Nada. El Universo existe para que existan los humanos. Y viceversa.
–Eso es absurdo.
–Antrópicamente hablando, no. Si existimos, es porque ellos nos observan. Si ellos no nos observasen, no existiríamos. ¿Lo entiendes?
–Eso es filosofía.
–No realmente. Si no hay vida ni consciencia, sólo hay fenómenos. ¿Y qué más da que los haya si no afectan a ningún ser? El caos entrópico no es nada si no concierne a nadie.
–Entonces, ¿no existimos?
–Existimos porque ellos nos observan.
–¡Dios mío!
–Dios no existe per se. Es lo que los hombres aún no observan. Lo que aún no conocen. Nosotros ya no somos dioses.
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