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De cómo la humanidad declaró la guerra a Marte

Ahora sabemos que el motivo por el que la Tierra declaró la guerra a Marte es simple: el incumplimiento de los protocolos de seguridad. Hacía ya tiempo que la Tierra había construido módulos de habitabilidad en Marte mediante el envío de drones obreros. Solamente faltaba poblar la colonia de humanos. Era relativamente fácil llegar, pero cuando enviaron la primera misión tripulada a Marte aún no se había resuelto el problema del regreso. Por eso se mandó a un único astronauta, Rick Batty, con el fin de que sobreviviera allá arriba hasta que se desarrollara la tecnología que permitiera el retorno. Podrían pasar dos años, cinco, veinte, o no pasar nunca. Por eso a Rick le pareció adecuado colar a un perro en la nave para que le hiciera compañía en sus años de exilio.

Ray era un perro mediano, negro, de pelo corto por cuestiones prácticas, de mil razas distintas como suelen ser los perros abandonados a su suerte en las perreras. Le puso de nombre Ray en honor al autor de las “Crónicas marcianas”. Como es tradición, a un astronauta le dejaban llevar a bordo de la nave un cajón con objetos personales para los momentos de nostalgia. Sólo que Rick metió a Ray convenientemente dormido en el cajón, junto con otros objetos que previó que podría necesitar para su cuidado.

A nadie se le ocurrió revisar su equipaje personal. Rick había sido seleccionado cuidadosamente entre cientos de aspirantes. Era el mejor entre los mejores y nadie pensó que pudiera cometer semejante imprudencia. Por otra parte, Rick no era un inconsciente. Había hecho miles de cálculos y previsto todas las situaciones posibles. La nave espacial contaba con raciones de comida, oxígeno, espacio, mecanismos de evacuación de residuos y otras tantas cosas como para transportar a más de diez pasajeros, en previsión de posibles contingencias y con el fin de poder reutilizar la nave en futuras expediciones. Estaba todo calculado para que humano y cánido pudieran coexistir plácidamente durante los nueve meses de travesía espacial. Y una vez en el destino no habría mayores problemas, ya que Rick conocía como la palma de su mano los módulos de habitabilidad instalados en Marte, y estos eran un pequeño complejo hotelero unipersonal bastante cómodo. Y no se equivocó Rick en sus cálculos y previsiones, ya que el viaje fue como la seda y Ray fue un magnífico consuelo en los momentos más duros del aislamiento.

Y así, tras el aterrizaje, llegó el momento de dar el primer paso en suelo marciano. Rick ató a Ray a un asidero del módulo espacial justo antes de entrar en la cámara de descompresión. Vestido con traje y casco realizó los procedimientos adecuados y se plantó frente a la compuerta que lo separaba de la superficie. Activó la cámara de su casco para grabar el momento más solemne de la historia de la humanidad, respiró hondo y abrió la escotilla.

Nadie sabrá nunca cómo, pero Ray, inadvertidamente, se había librado de su atadura y colado en la cámara de descompresión. Al abrirse la puerta y ver por fin una salida al exterior tras meses de cautiverio, salió disparado con un ansia salvaje entre las piernas de Rick, convirtiéndose en el primer ser vivo conocido en pisar suelo marciano. Debido al sobresalto, Rick perdió el equilibrio y cayó al exterior, rompiéndose el casco al golpear contra un peldaño de la escalera metálica de descenso. Ray, sin ningún tipo de protección contra la exigua atmósfera marciana, a los pocos pasos de su carrera se dio cuenta instintivamente de que algo no iba bien. No podía respirar. Giró bruscamente de vuelta a la nave y se abalanzó sobre su amigo en busca de socorro, pero éste boqueaba en el suelo tratando de llenar los pulmones.

Las únicas imágenes que recibió el control de la Tierra fueron las de la puerta del módulo espacial abriéndose, el astronauta cayendo de bruces contra la escalerilla de descenso y luego una imagen fija del extraño cielo marciano. Tras unos segundos, una criatura horripilante, oscura, babeante, con los ojos inyectados en sangre y la mandíbula desencajada aparecía por un extremo de la imagen, se acercaba rápidamente y todo quedaba en negro.

Se tardó muchos años en enviar una segunda misión al planeta rojo, pero esta vez no se mandó a un hombre, sino a un escuadrón armado hasta los dientes con el fin de tomar por la fuerza ese planeta hostil.
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