TRES HERMANAS

Hace muchos años, quilómetros y universos, había tres hermanas tan diferentes entre ellas que ni se soportaban ni podían vivir sin las otras. La primera, Paciencia, la más tranquila, aburrida incluso, se pasaba horas mirando al infinito (¿Cómo se mira el infinito si es infinito? No lo sé, pero ella tenía ese super poder). La segunda, Curiosidad, era un torbellino, todo lo tocaba, todo lo probaba y todo lo preguntaba. La tercera, Creatividad, ideaba artilugios con todo lo que encontraba y les contaba cuentos a las demás. Las tres hermanas no tenían nada, por lo que tuvieron que apañárselas como pudieron para tirar adelante. Un día, cansadas de ir arriba y abajo buscando comida y cobijo, decidieron construir su propia casa con su propio huerto:
―Chicas, ¿Por qué no cultivamos nuestras propias plantas? Así podríamos tener provisiones para comer y no tendríamos que viajar tanto ―propuso Creatividad.
―¡Buena idea! Yo las he probado todas y sé cuales nos sentarán bien y las que no ―contestó Curiosidad.
―Me parece muy buena idea, pero primero tenemos que conocer los ritmos de crecimiento de cada planta, si necesitan más o menos luz, etcétera ―espetó Paciencia, haciendo de hermana mayor.
Al cabo de un tiempo las tres hermanas habían construido su propio huerto y cultivado tomates, zanahorias, lechugas y coles y tenían una casa donde vivir. Se habían vuelto sedentarias. Pasaban los años, y las 3 hermanas tenían que hacer frente a infinidad de desafíos: combatir enfermedades, luchar contra las adversidades del clima y, para que mentir, hacer su vida más cómoda. La mayoría de las veces las 3 hermanas se pasaban años observando, probando y fallando una y otra vez en entender cómo funcionaba el mundo en el que vivían. Pero de vez en cuando, sus esfuerzos eran recompensados y obtenían resultados que las hacían progresar. Así fue como Paciencia aprendió a orientarse con las estrellas y a prever los cambios meteorológicos, como Curiosidad descubrió las bacterias y, más tarde, los antibióticos y como Creatividad inventó la rueda, los relojes y la electricidad.
Ahora andan las tres ajetreadas intentando montar un huerto en otro planeta y jugando con la ingeniería genética, pero siguen haciendo lo mismo que hacían cuando construyeron su primer huerto: observar, hacerse preguntas, plantear hipótesis, diseñar experimentos, esperar a los resultados y sacar conclusiones. Y lo más importante, trabajar en equipo. Es impresionante como nunca se acaban las cosas por descubrir y por inventar. Sin darse cuenta, Paciencia, Curiosidad y Creatividad llevan trabajando (y pasándolo genial) des de la Edad de Piedra para llegar hasta aquí.
―Chicas, ya que hemos conseguido tantas cosas juntas y formamos tan buen equipo, nos podríamos poner un apodo ―sugirió un día Paciencia mientras esperaba los resultados de un experimento que la tenía un poco loca.
―¡Nos podríamos llamar las 3 mosqueteras! ―dijo Creatividad sin apartar la mirada de un sensor que estaba construyendo para detectar el movimiento de las hormigas.
―O nos podríamos llamar Las Hermanas Ancianas ―dijo Curiosidad riéndose ―. ¡Qué ya tenemos 300.000 mil años!
No se ponían de acuerdo y al final, las 3 dejaron de hacer lo que las ocupaba, se miraron a los ojos, sonrieron y dijeron:
―Nos llamaremos CIENCIA.
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