Las 6 Leyes de la Robótica

Joana conocía perfectamente las 6 leyes de la robótica aprobadas en el Parlamento Europeo. Sus prototipos disponían del botón de emergencia correspondiente y estaban concebidos para proteger a los seres humanos y no hacerles daño en ningún caso. Los derechos y obligaciones de los robots venían determinados por el propio Parlamento, como también el seguro y los impuestos que debían de pagar. Sin embargo, le costaba más programar lo relativo a la parte emocional. La Tercera Ley decía que no podían generarse relaciones emocionales, ni entre máquinas ni de máquinas con humanos. Además, tenía serias dudas de que la Segunda Ley no pudiera entrar en conflicto con la Tercera. ¿Podría la programación para la ayuda y la protección transformarse en un sentimiento? ¿y si proteger a un ser humano implicaba hacer daño a otro? ¿Cómo reaccionarían los robots en esas situaciones? No lo veía claro, pero aun así seguía diseñando sus prototipos de acuerdo a las Leyes.
Sentía un cariño especial hacia su último prototipo (¡mal empezamos, pues!) Era una androide de asistencia y cuidados que estaba a punto de terminar. Había trabajado mucho para que cumpliera todas las Leyes, y le faltaba solo la Tercera. Diseñó la inteligencia de Florence para que no adquiriera sentimientos hacia los humanos ni hacia a otros androides, poniendo todos los límites, pero … ¿Cómo hacer que los humanos no tuvieran sentimientos hacia los androides? No podía actuar sobre los humanos, pero, en principio no haría falta ¿no?, nadie debería tenerlos, son solo máquinas. Pero cuando pasas mucho tiempo diseñándolos y los has “visto nacer” …, es distinto. Conoces cada uno de sus circuitos, son (casi) tus hijos. Además, este prototipo se parecía especialmente a Joana. De manera inconsciente la había diseñado “a su imagen y semejanza”. Otro aspecto que dificultaba a Joana cumplir la Tercera Ley.
Joana estaba dando los últimos retoques a Florence en su taller. Por fin el prototipo estaba listo. Se preparó psicológicamente para un posible fracaso de la puesta en marcha. En principio todo fue bien. Florence funcionaba a la perfección. Obedecía las órdenes y aprendía al mismo tiempo que interaccionaba con Joana. La inteligencia artificial funcionaba como se esperaba, iba aprendiendo y mejorando las respuestas, e incluso las conversaciones y el entendimiento. Aprendía todas sus tareas a pasos de gigante, e incluso cosas para las que no estaba programada.
De momento Florence seguía en su casa, Joana le tenía demasiado cariño como para venderla, incluso como prototipo. El problema era que Florence no le correspondía en absoluto. Había establecido demasiado bien las limitaciones de la Tercera Ley; Florence era incapaz de sentir nada, ni hacia Joana ni hacia nadie. ¿iba eso en contra de la Segunda Ley? Florence era un robot, pero Joana pensaba que eran necesarios ciertos sentimientos para ser una buena cuidadora, como la compasión, la empatía o la ternura.
Por la noche, Florence se quedaba en estado de “stand by”, hasta que la voz de su dueña la activaba de nuevo. Una noche, se escucharon ruidos en la puerta, cómo si estuvieran intentando entrar en su casa. Dos hombres forzaron la puerta y entraron con sigilo, sin que Joana se despertara. Comenzaron a robar las cosas de mayor valor, hasta que por accidente tiraron una lampara, rompiéndose contra el suelo y causando un gran estruendo. Joana se despertó, sobresaltada, y se dirigió hacia la sala de estar. Por los ruidos que se oían, de que había entrado alguien en la casa. Joana gritó. Los intrusos entonces la oyeron y se dirigieron entonces hacia ella. Uno de ellos llevaba una barra de metal en la mano, amenazante. Joana volvió a gritar al verlos dirigirse hacia ella:
- ¡Florence! ¡Defiéndeme, por favor!
En ese momento Florence se activó, dándose cuenta de la situación. Se puso en pie rápidamente y fue hacia los intrusos, pero de repente se paró en seco, dudando.
- Lo siento Joana, – dijo Florence- la Segunda Ley me impide hacerles daño, tú me programaste para ello. No puedo hacer nada.
- ¡Pero Florence! Soy tu creadora y tu dueña, casi tu madre. ¿no les harás daño a ellos antes de que ellos me lo hagan a mí? ¡Defiéndeme!
- Lo siento Joana, no puedo agredirles. Para mí todos los humanos son iguales e intocables. Llamaré a la policía.
Uno de los intrusos golpeó fuertemente a Joana con la barra de acero. Se llevaron lo que habían cogido hasta ese momento, marchándose de la casa sin perder ni un segundo, antes de que llegara la policía.
Afortunadamente la contusión de Joana no era grave. Eso sí, le habían robado joyas de mucho valor y dinero en efectivo. Le parecía inadmisible lo ocurrido, pero tampoco quería deshacerse de Florence, la quería demasiado. Tendría que reprogramarla. Pero, ¿Cómo hacer para cumplir la Segunda y la Tercera Ley sin que hubiera conflictos?
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