LO POSITIVO DE SITUARSE ANTE LOS CAMBIOS

Érase una vez un bonito hogar, en el cual vivía una familia muy unida. Esta familia estaba formada por cinco personas, el padre, José, era un completo obsesionado con su privacidad, sus datos, etc. No se acostumbraba a las nuevas actualizaciones, no entendía el ir a una tienda y que te pidieran tu número de teléfono y tener que darlo, le aterrorizaba la idea y siempre intentaba protegerse a él y a su familia de cualquier tipo de problema respecto con los datos.
Su mujer, Laia, por el contrario, intentaba hacer que José cambiara su opinión y se acostumbrara a que las cosas habían cambiado, era una humilde mujer muy simpática, la cual controlaba los datos que decía pero no era tan exagerada como José. Le encantaban las nuevas tecnologías y además tenía una nevera en casa que cada vez que le faltaba un alimento el cual era de costumbre comprar, la nevera lo detectaba y automáticamente lo indicaba, es decir, hacía la lista de la compra.
José y Laia tenían un hijo y una hija, Ernesto y Claudia, ambos heredaron la ambición de aprender y conocer nuevas tecnologías, y la virtud de no encapricharse con ellas, simplemente les gustaba mantenerse informados.
Para el cumpleaños de Ernesto, sus padres y Claudia, decidieron comprarle un reloj, un Apple Watch, uno de los nuevos modelos que había sacado la marca Apple. Ernesto nunca había pedido nada así, a pesar de que lógicamente le encantaba. Cuando se lo dieron se emocionó un montón y sin pensarlo se lo puso rápidamente. A pesar de que a José le costó gastarse tanto dinero en un reloj, ver a su hijo tan feliz le llenó de alegría, y con el paso del tiempo, al ver a Ernesto tan contento con su nuevo reloj, usándolo tanto y viéndolo tan útil, él se compró uno también. Parecerá mentira pero con esta compra había dado un gran paso respecto de su miedo a compartir sus datos. Metió su información y la de su móvil en el reloj y continuó con su vida normal disfrutando de su nueva adquisición.
Un día, José estaba solo en casa ya que acababa de llegar de trabajar, Ernesto y Claudia estaban en el instituto y Laia seguía en la oficina en la cual trabajaba. José se puso a preparar la cena, ordenar un poco la casa… hasta que recibió una llamada de un número desconocido, no estaba acostumbrado a no tener localizada a la persona que le llamaba, ya que él solo le daba su número de teléfono a la gente de confianza. Definitivamente, lo cogió.
-José: ¿Diga?
-Persona al teléfono: Buenas tardes, José.
-José: Perdone, ¿Quién es usted?
-Persona al teléfono: Hola, soy Luís, el doctor del hospital la Fe, disculpe la llamada de imprevisto.
-José: No hay problema, ¿qué pasa?
-Doctor: Verá, nos han llegado unos datos de su salud, siéntese, estese tranquilo que no pasa nada, pero en treinta minutos le va a dar un infarto.
-José: (guarda silencio) Pero, ¿cómo es posible? ¿Qué hago?
-Doctor: No se preocupe por nada, ya hay gente llegando a su casa, en menos de dos minutos estarán con usted, relájese y no se ponga tenso, ya hemos avisado a su familia, todo está bien.
-José: No sé qué decir, gracias.
En estos momentos José no sabía cómo expresarse. Efectivamente, en menos de dos

minutos llegó la ayuda y José se recuperó.
Con el paso del tiempo José empezó a comprender que si no hubiera sido por ese reloj en el cual había metido sus datos y el cual también controlaba su ritmo cardíaco, sus pasos… no habría podido sobrevivir o al menos llevar esta situación tan bien y rápida.
El mundo de la inteligencia artificial ha venido para quedarse, toda prudencia es poca en el ámbito de la gestión de datos personales pero debemos observar los avances del futuro como un logro de nuestra era.
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