UNA DISTOPÍA PARALELA

Se dice que la curiosidad mató al gato. En mi caso no sé si la curiosidad llegó a matarme del todo, pero si de algo estoy segura, es que mi vida dio un giro de ciento ochenta grados en todos los aspectos posibles.

El intento de aguantarme las lágrimas era ineludible, caían y se deslizaban por mi rostro una detrás de otra. Salí corriendo lo más rápido posible, intentando dejar todo lo sucedido en ese desventurado lugar, pero desafortunadamente la vida no siempre es tan complaciente.
Sentí la brisa de la noche nada más salir al exterior, el frío de enero era notable. De repente, mientras andaba de vuelta a mi casa en Holborn Hill, centré mis ojos en un encapuchado que venía corriendo en dirección contraria a mí, éste me dio un empujón con el hombro que me desestabilizó por unos cuantos segundos.
No entendía qué había pasado porque al girarme, ya no había nadie en la calle. Logré recordar a un hombre que alcanzaba fácilmente los dos metros de altura, llevaba puesto un total atuendo negro en el que dominaba una gabardina beis que llegaba hasta el suelo. En la cabeza llevaba un sombrero de detective a lo Philip Marlowe que le daba un toque misterioso y escalofriante. Sin embargo, lo que más me llamó la atención fue la cicatriz que vi en su frente.
No fue hasta que decidí seguir mi camino que agaché mi mirada al suelo y encontré una carta. La curiosidad me ganó y la agarré para ver su interior.
En ese momento me di cuenta que no había vuelta atrás. Mi cuerpo empezó a temblar como si de un terremoto se tratase. Mi pulso se aceleraba a medida que pasaban los segundos y mis manos se enfriaban.
No sé cuánto tiempo estuve así hasta que me di cuenta de que la carta se estaba rompiendo. Las pocas palabras desaparecían dejando una sola hoja blanca que poco a poco también iba cayendo a pedazos en el suelo húmedo.
Fue cuando sentí mis pies dejar de tocar el suelo y desafiando la ley de la gravedad, me di cuenta de que me estaba elevando sin la ayuda de nada.
Después de eso, nada se almacenó en mi memoria.

Los párpadosme pesaban mucho. Costaba demasiado abrir los ojos. Finalmente, logré abrirlos pero enseguida pensé que hubiera sido mejor seguir inconsciente.
Mi cabeza daba vueltas y el escenario que tenía enfrente no ayudaba a organizar las ideas en mi pobre cabeza. Los edificios, las carreteras, los coches; no había absolutamente nada en su lugar. Parecía estar en un mundo paralelo donde todo estaba destrozado y no quedara ni un solo ser vivo en el planeta. Vehículos encima de otros, casas despedazadas y calles sin orden alguno. Mis ojos no lograban ver ni un elemento natural y el ambiente se notaba muy contaminado.
Pero la pregunta que atormentaba mi mente era: ¿Cómo había llegado yo ahí?
No tuve mucho tiempo para pensarlo porque vi como un minirobot con patas deslizarse hacia mí por encima de toda esa basura. Al llegar a mí, hizo un ademán para que le siguiese.
Lo hice, lo seguí. No supe bien bien el por qué.
Dicho robot me estaba dirigiendo hacia un edificio que tenía pinta de ser un búnker. Era el único sitio que parecía habitable y seguro dentro de ese montón de bazofia.
Una vez en la puerta, me cuestioné mi existencia, ¿no será esto un sueño? Me pellizqué. No, no se trataba de ninguna pesadilla.
Al entrar lo primero que llamó mi atención fue la persona que me estaba esperando. Un señor muy alto… un momento… ese hombre...
Flashbacks nublaron mi mente, dejándola en blanco. Fue en el momento en el que vi la cicatriz en la frente cuando supe quien era, el hombre de la carta.
Bienvenida a tu hogar, Srta. Collins - Me quedé petrificada y los ojos se me abrieron como platos.
¿Disculpa? ¿De qué hogar estás hablando?
Usted será la salvadora de lo que queda del mundo. Será la persona que restablecerá todo.
Casi se me escapa una risa irónica
Escuche señor..
Koundeston- dijo enseguida-
Verá señor Koundeston, creo que se ha equivocado de persona. Yo no soy lo que busca
¿Es usted Alice Collins?
Si- respondí confusa
Entonces no me equivoco de persona. Descanse, Robot 321 te llevará a tu habitación.
Y ahí, en esa enorme sala, ese extraño señor me dejó con más dudas que con las que había entrado.
No sabía exactamente qué quería de mí, pero fuera lo que fuera, iba a averiguarlo. Cueste lo que cueste.
Ya me habían hecho demasiado daño y no iba a dejar que nadie me pisoteara. Pensándolo profundamente, si he sido la elegida para salvar el planeta Tierra, seré la salvadora de este mismo.
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