Yo prefiero llamarlo “enamorarse”.

Hola, soy Marcos. Mi psiquiatra podría decir que padezco una patología que me lleva a obsesionarme de una forma extrema, tóxica y delirante, pero yo prefiero llamarlo “enamorarse''. Él me ha dicho que escriba un diario sobre las aventuras más alucinantes de mi vida, así que os voy a hablar sobre cómo conocí al amor de mi vida y cómo la perdí, poco tiempo después de conocerla.

Me remonto al 27 de diciembre de 2019, cuando yo estaba paseando por la calle, camino a mi casa y, de repente, la vi. Delante de mis ojos estaba una hermosa mujer con cabello dorado, piel pálida y ojos azules. Estaba entrando a su casa y yo no podía perder la oportunidad de poder hablar con ella, así que me acerqué y le pregunté su nombre. Se llamaba María. Noté que estaba nerviosa porque le empecé a hacer numerosas preguntas. Se asustó y se fue corriendo hasta un establecimiento de la calle de enfrente, pero yo fui más rápido y pude sacarle una foto a su cara. Ya tenía todo lo necesario para poder investigarla y saber sobre su vida.

Llegué a mi casa y cogí rápidamente el ordenador. Inserté la imagen que le había sacado anteriormente y la introduje en la base de datos. Poco más tarde, gracias a los avances tecnológicos y lo buen investigador que soy, ya sabía su dirección, dónde trabajaba e incluso su ubicación en tiempo real. Se encontraba en una cafetería a dos calles de mi domicilio, así que decidí ir a observarla desde lejos. Me llevé conmigo a mi robot “Max”, que está programado para que pueda acercarse a cualquier lugar determinado, escuchar conversaciones y almacenarlas en su memoria e incluso grabar el escenario. Ese era el momento perfecto para utilizarlo, porque María estaba sentada charlando con otra mujer.

Pasados unos 30 minutos, ordené a Max que volviera a donde yo me encontraba y así poder escuchar toda la conversación y tener más información sobre María. Descubrí que tenía un hermano que estaba enfermo en el hospital y que esa tarde iría a verlo hasta por la noche. También dijo que necesitaría volver en taxi porque no tiene carné de conducir y, al oír esas palabras, me emocioné y se me puso una sonrisa abierta de par en par, porque ese iba a ser mi momento. Casualmente, mi tío era taxista y estaba de vacaciones. Eso, para mí, era el destino. El universo quería que yo me hiciera pasar por taxista para recogerla y enamorarla.

Llegaron las once de la noche y me dirigí hacia el hospital. Anteriormente, gracias a un programa electrónico, eliminé a todos los usuarios de la aplicación de transporte, de modo que, cuando María necesitase un taxi, solo yo podría contestar. Y así fue. Dieron las once y media y esa llamada llegó. Para que no reconociese mi voz, la distorsioné con un programa especial y, además, a través de su llamada supe cuánto porcentaje de batería tenía en el móvil. Tenía poca batería y eso era una buena noticia porque si se negaba a enamorarse de mí, tendría que pasar al plan B y nadie se enteraría.

Se subió al coche y me pidió que me dirigiera hacia su casa, pero no lo hice. La llevé a un callejón a una calle de mi casa, donde se dio cuenta de que esa no era la suya y me empezó a gritar. En ese momento, ordené al coche que cerrara todas las puertas para que María no pudiera escapar. Me reconoció y se empezó a asustar, pero yo estaba tranquilo porque solo quería conversar. Me siguió gritando y comenzó a decir que estaba loco, pero yo no lo veía así, yo estaba enamorado. Le expliqué mi situación: yo no podía llegar a casa sin ella, porque ella iba a pasar el resto de su vida conmigo. Me pegó un puñetazo y empezó a pedir ayuda, pero tristemente nadie la podía escuchar. Pasados 20 minutos, como yo no le hacía nada, se empezó a calmar y parecía que había entrado en razón. Creí que había conseguido lo que quería y que iba a poder estar el resto de mi vida con la persona que amaba. Pero de pronto, cuando salimos del coche, en teoría, hacia mi casa, me distraje un momento de lo emocionado que estaba y María echó a correr. Nunca había sentido tanta rabia por dentro, así que pasé al plan B: o iba a estar toda su vida conmigo o no iba estar con nadie, así que le disparé.

La historia, al final, tuvo un final trágico, pero María no me dejó elección. Cuando salga del psiquiátrico buscaré al amor de mi vida y, si no quisiera pasar toda la vida a mi lado, tendría que acabar como María…
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