Viaje por Primero de Bachillerato

— No quiero subir.
— Será un viaje corto, no te preocupes. Estamos probando viajes en el tiempo a corta distancia.
— Cuando despierte, ¿qué pasará?
— Lo sabrás cuando lo hagas.
Me subí al complejo aparato, me abroché el cinturón y eché el asiento hacia atrás, como me había mandado hacer el profesor.
— Ya estoy -le avisé-.
— ¿Preparada para uno de los viajes más intensos de toda tu vida? -me preguntó emocionado-.

Sin dejarme ni un instante para contestar, accionó la palanca y por un momento todo se volvió negro.
Desperté en la Grecia Clásica y un tal Sócrates me comentó: «solo sé que no sé nada». Pues… ¡vaya mal! Toda la vida estudiando y ahora resulta que soy una ignorante… Luego llegó Platón y juntos unieron fuerzas para enfrentarse a los sofistas. ¿Quiénes son ellos para creerse poseedores del conocimiento? Traté de huir de su disputa y acabé sumergida en la mismísima Europa en pleno siglo XVIII. ¡Menudas diatribas se traían ya las sociedades estamentales en el Antiguo Régimen! Me puse a indagar sobre el Absolutismo Ilustrado y la Guerra de Sucesión Española y, cuando me quise dar cuenta, se me estaban echando los franceses encima. ¡Menudas prisas que se traían! ¡Si hasta provocaron una revolución! Tenía que salir de ahí como fuese. De la que intentaba huir me quedé atrapada en el imperativo presente de la 2ª persona del singular. ¡Dichoso imperativo activo! No sabía hacia dónde ir...Perdí la noción del tiempo y me desperté en un precioso campo soleado lleno de flores y pájaros. Miré a la izquierda y vi venir a un refinado pastor cantando sus penas amorosas. Nada más verlo, eché a correr hacia el bosque. No estaba yo ahora para aguantar églogas; se las dejé todas a Garcilaso. De la que iba corriendo, con las prisas, caí por un agujero y me volví a topar con Platón, que se mosqueó conmigo porque, al parecer, su alma se encontraba en un mundo perfecto y tendría que volver a purificarse para poder huir de ese limitado cuerpo. ¡Menudo borde está hecho! Yo solo quería saber cómo se llegaba al mundo de las ideas... Le dejé ahí con su enfado y, de repente, se me apareció Aristóteles. Me dijo que me dejase de tonterías y de perder el tiempo, que la esencia de las cosas está en ellas mismas y no en un mundo aparte. Así que, bueno, ya me quedé más tranquila. Le di las gracias por el consejo y me alejé, con la cabeza hecha un lío.
Mientras iba caminando sumida en mis filosóficos pensamientos, me tropecé con la «Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero». ¡Lo que me faltaba ahora, Keynes! Lo siento, pero no me interesa ahora mismo la existencia de fallos en el funcionamiento del mercado. Tengo demasiadas preocupaciones en este momento y, entre ellas, no se encuentra el estado del bienestar. Quise volver hacia atrás en el camino y, al darme la vuelta, me encontré con un complemento predicativo del sujeto bastante triste. Le pregunté el motivo de su desgracia y me dijo que estaba harto de que todo el mundo intentase sustituir sus sintagmas preposicionales por un pronombre. ¿Tan difícil era entender que solo se podía sustituir por un adjetivo? Lo consolé diciéndole que no pasaba nada y, cuando me iba a ir, me sorprendió siguiéndome y caminando a mi lado. Sin tiempo a preguntarle nada me dijo que no me preocupase, que solo estaba buscando una sustitución. Y así, en el siguiente instante, desapareció. Por suerte, ya estaba sola otra vez. Me senté en una piedra del camino y, entre nominativos y ablativos, me quedé dormida.

— Oye Inés, ¿de qué hablasteis hoy en clase?
— Pero Laura, ¿cómo me preguntas eso -me dice-. ¿No atendiste?
— Es que dormí en medio de la clase y no me enteré de lo que hicisteis.
— A ver, estuvimos hablando de la importancia de la inteligencia artificial en nuestras vidas y de lo mucho que la usamos en nuestra vida cotidiana.
— ¿Me podrías poner algún ejemplo que haya dado?
— Pues nos dijo que los usamos con los asistentes personales, con los coches que nos ayudan a aparcar o incluso los que aparcan solos, o con el traductor de Google. Todos ellos los usamos todos los días y no somos conscientes de estar usando “inteligencia artificial”.
— Pues no te lo va a creer, pero soñé con que hacía un viaje en el tiempo por todo primero de bachiller. ¿Eso también entraría dentro de la inteligencia artificial?
— Eso es demasiado futurista, Laura. Mejor céntrate en lo que tenemos a nuestro alcance y podemos usar. De esta forma podrás apreciar realmente todo aquello que hace más fácil nuestras vidas a través de la inteligencia artificial.
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