TU, YO Y LA POSIBILIDAD DE VOLVER A VERNOS

Mi vida siempre ha girado en torno a una cosa. A una sola cosa. Ella. Hace ya un año que no escucho su voz, que no me levanto por las mañanas con el olor de su pelo. La echo de menos, como no hacerlo si era lo único que movía mi vida. La conocí cuando teníamos quince años y desde entonces no pude quitarle los ojos de encima. Supe desde el primer momento, que iba a ser el amor de mi vida.
Nuestra relación no siempre fue sobre ruedas, pero siempre logramos superar todas las piedras que nos ponían en el camino. Hace ya un año y medio que nos casamos, y solo 6 meses después la vida decidió arrebatármela. Un conductor con dos copas de más se cruzó en su camino y se la llevo por delante. Me quito lo que más quería, llevándose consigo todo de ella. La manera en la que bailaba sus canciones favoritas, el brillo de sus ojos cuando me hablaba de lo último que había leído, su sonrisa de oreja a oreja cuando me veía llegar a casa con comida de su restaurante favorito…
No he pasado página. No puedo, ella es mi libro entero. Y estoy decidido a traerla de vuelta conmigo. He estudiado la carrera de física y siempre he sabido que era posible viajar en el tiempo. Desde que me llego la llamada en la que me dijeron que había fallecido, no he podido pensar en otra cosa. Mi trabajo y mi vida en general quedo relavaba a un segundo lugar y me centre en recuperarla.
Como todos los días, me levanto a las seis de la mañana. Hoy no voy a ir a trabajar porque hace ya unos semanas pedí el día libre. Hoy es su cumpleaños. 18 de mayo. Cumpliría 28. Le prometí llevarla de viaje a suiza. A ella le gustaban los viajes en los que poder hacer fotos a la naturaleza y a mí me encantaba la idea de poder visitar el CERN (Consejo Europeo de Investigación Nuclear).
Fui a la habitación que hacía ya tiempo había remodelado para llevar a cabo mi proyecto. La maquina descansaba ante mis ojos, rodeada por un montón de cables y restos de materiales que me iban sobrando durante el proceso. Era parecido a una cabina porque la idea es que no viajase contigo a la hora de transportarte en el tiempo. Estaba recubierta de metal y conectada a un gran servidor que era el que realmente hacia el trabajo. En torno a ella giraban un montón de preguntas sin respuesta, pero cada día que pasaba me acercaba más a conseguirlo. Me acercaba mas a ella.
Antes de empezar a trabajar, decidí poner música, aunque no era algo que hiciese a menudo. Elegí su playlist y la puse en aleatorio. Unos segundos después empezó a sonar Look After You de Aron Wright y yo me puse a trabajar, mientras la canción iba avanzando.
Durante dos horas fui haciendo especulaciones y probando cosas que se me iban ocurriendo, cuando de repente lo vi claro. Todas esas preguntas que no tenían respuesta hace unos minutos empezaron a cobrar sentido en mi cabeza. Todos lo puntos se iban desenredando poco a poco ante mis ojos.
Me prepare rápido para salir de casa ya que para ejecutar mi nueva idea necesitaba una cosa más. Unos veinte minutos después ya de vuelta en casa, vi como el proyecto en el que llevaba meses trabajando llegaba a su fin. Lo puse todo en orden y me metí dentro de la cabina. El lugar era un poco estrecho pero me dejaba el espacio suficiente para accionar el botón que lo iniciaría todo.
Una vez pulsado, el generador empezó a funcionar enviando corrientes eléctricas a la cabina a través de los cables que las conectaban. Segundos después un fogonazo me deslumbro haciéndome cerrar los ojos. Para cuando volví a abrirlos ya no estaba dentro de la cabina. Incluso podría asegurar que no estaba ni en el mismo tiempo.
Me había trasladado unos dos años atrás. Seguía en la misma habitación pero ya no tenia ni la cabina, ni el generador, ni todos los cables que había visto hace solo unos segundos. Volvía ser como fue antes de la muerte de ella. Estanterías llenas de libros rellenaban las paredes, la luz entraba a raudales por el gran ventanal situado a mi izquierda y entonces la vi por primera vez después de un año.
Tenía un libro entre las manos y estaba tan concentrada que era imposible que me hubiese oído llegar. Y sin siquiera quererlo su nombre escapo de entre mis labios como un susurro:
- Mia …


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