Moral o ciencia

Un extraño ruido me hizo despertar, se escuchaban fuertes golpes metálicos. Al abrir los ojos fue entonces cuando me di cuenta de donde estaba, o donde no estaba para ser exactos. No era mi cama, ni mi habitación, no había ventanas, el suelo era frío y el ambiente era demasiado húmedo. Volvió a sonar como si golpearan una tubería y al mirar hacia arriba para intentar averiguar de dónde provenía, vi cadenas que colgaban del techo. Extrañada, intenté levantarme pero al hacerlo me derrumbé pues sentía como mis piernas temblaban del esfuerzo. No entendía nada y cuanto más tiempo transcurría menos consciente era de la realidad. Unos minutos más tarde, o quizá horas, no lo sé, escuché un chirrido de la puerta y una luz me cegó. Un hombre con una bata blanca se adentró en la sala y sin decir una sola palabra se acercó a mí y tras tomarme el pulso me pinchó con una especie de jeringuilla lo que me hizo gritar, intenté que dejara de tocarme pero fue inútil, empecé a perder la visión, todo estaba borroso hasta que la oscuridad me envolvió.
Puede que pasaran varios días pero el mismo hombre de la bata me despertó 6 veces y realizó el mismo proceso. Cada vez estaba más cansada pero necesitaba saber que me estaba ocurriendo. Decidí que la próxima vez que esa puerta se abriera, sería el momento de actuar. Cuando vi la luz entrar a la habitación me levanté y empecé a hacer preguntas, ¿Qué estaban habiéndome? O ¿Por qué estaba allí? Esta vez, no solo era un señor sino varios que me agarraron y me arrastraron fuera de la sala. Sólo había dos opciones que rondaban por mi cabeza, o era mi momento de escapar o iban a matarme. Me llevaron a un laboratorio donde me ataron a una camilla y me dejaron tumbada durante unos minutos. Entró un hombre alto con el mismo uniforme que los anteriores, una bata blanca, y lo primero que me dijo fue: -¿Cómo te encuentras Mirai?-, sorprendida le pregunté qué era lo que estaba pasándome a lo que el hombre me respondió: “Serás el primer paciente humano inmune a toda enfermedad genética, serás el futuro.”
Al terminar de contar la historia y responder a todas las preguntas del abogado, me hicieron levantarme y volver a mi asiento. Esto estaba siendo demasiado difícil, recordar todo lo sucedido me daba dolor de cabeza y sólo con mirarle me entraban náuseas. No pensé que conseguiría llegar hasta aquí pero tras haber escapado de él y volver a casa solo pensé en verlo en la cárcel por todo lo que me había hecho pasar.
Cuando le llamaron a testificar, mi abogada solo le hizo una pregunta, ¿Por qué? Ni siquiera el juez podía creer lo que estaba escuchando, después de saber que dijera lo que dijera le iban a encerrar, él sólo dijo: “Porque gracias a ella he creado el único y perfecto humano inmune a cualquier epidemia y tras años de esfuerzo he logrado que mi pequeña Mirai sea la primera humana modificada genéticamente.”
Por desgracia lo que decía era cierto, tras haber estado experimentando conmigo durante meses me ha convertido en un monstruo casi inmortal. No sé cómo lo ha conseguido pero me odio a mi misma por ello. Es ilegal e inmoral crear aberraciones genéticas como en la que me he convertido, pero esto no le ha impedido hacerlo igualmente. Él se siente un héroe de la ingeniería genética pero para mí se ha convertido en mi peor pesadilla. Nunca podré olvidar la cara del señor Durand y su bata blanca.
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