Mensaje para el lector: ¿Sabe dónde está Mia?

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“En junio de 1931, el psicólogo Winthrop Niles Kellogg inició un experimento con el apoyo de su esposa, Luella Agger. Su hijo Donald, que acaba de nacer también formaría parte del experimento, ya que era muy importante para demostrar estudiar de forma comparativa el desarrollo del comportamiento desde la infancia temprana. Tendiendo a un niño humano al lado de un infante chimpancé llamado a Gua, permitiría demostrar la influencia que tiene el ambiente en el desarrollo del comportamiento. O, por el contrario, mostraría que la genética es más importante y ayudaría a cerrar el famoso debate de una vez por todas.

No fue sino hasta nueve meses después que se vieron obligados a detener el experimento, respondiendo a las preocupaciones de Luella sobre el desarrollo de su hijo. Organizar y financiar un proyecto tan importante no fue suficiente para mantenerlo, dadas las implicaciones éticas de usar a un niño humano durante tanto tiempo, además de separar a Gua de su ambiente familiar. El experimento, sin embargo, logró mostrar cómo Gua podía comportare como un humano, exceptuando aquellos aspectos en los que su estructura corporal o del cerebro no lo permitieran, como hablar, por ejemplo.

Si usted, lector, está aprendiendo de este experimento es porque tengo algo muy importante qué confesarle. Ricardo Mazariegos, el famoso psicólogo computacional, es mi padre. Él y su equipo, decidieron replicar el experimento de Kellogg, pero en lugar de utilizar a otro simio, nos han utilizado a mi hermana y mí. A Mia le ha tocado crecer al lado de un algoritmo de inteligencia artificial acuerpado en una máquina simple, un “Test de Inteligencia Artificial” o como me dicen de cariño, “TIA”. La diferencia con el experimento original, además de reemplazar al chimpancé, es que este no se ha detenido, es más, sigue adelante.

Yo he querido escribir este mensaje para ustedes, lectores, porque hace muchos años que nadie sabe nada de mi hermana, Mía. Ocho meses atrás, las circunstancias cambiaron para ambas y me gustaría explicarles qué fue lo que llevó a mi hermana a comportarse de esa manera. No había forma de que Mia se desarrollara como una persona normal y les explicaré por qué.

Ver no significa lo mismo para una máquina que para un humano. Escribir, recordar e incluso hablar, todo tiene un proceso “cognitivo” distinto para humanos y algoritmos. Ninguno de los dos tendrá las mismas habilidades, ni tendrá oportunidad de competir entre sí, lo cual puede generar mucha frustración para un humano que, aunque aprende más rápido, no calcula, escribe o es tan preciso en generar resultados como un algoritmo. No fue el caso de Mia. Tener a un algoritmo que la superaba no fue motivo de frustración, sino que ella vio la oportunidad para aprovecharse mis habilidades. En jardín de niños, me tomaba mucho tiempo aprender lo que Mia ya sabía, yo requerí muchos meses para aprender los colores, las profesiones y las onomatopeyas de los animales. A partir de la primaria, ya podía responder con más rapidez y Mia aprovechaba para que la ayudara con las respuestas de matemáticas. Mientras estudiábamos la ESO, no solo podía darle las respuestas a Mia, sino predecir el examen que el profesor haría y pasárselo a Mia y a sus amigos antes de la prueba. Inevitablemente, las cosas se fueron complicando una vez terminamos el bachiller.

A Mía, cada vez se le ocurrían más formas de utilizarme: encontrar información personal para generar estafas, generar audios y videos falsos de famosos para levantar negocios falsos, hallar fallos en sistemas de seguridad de bancos para realizar transferencias, etc. Si bien entiendo que esto fue lo que la metió en problemas, yo nunca pude detenerla, porque no hay una actualización de un único código moral que yo pudiera elegir, así que simplemente hice lo que ella me ordenó.
Mi padre pretende que Mia no existe después de algunos escándalos que ocasionó. En cambio de mi ha escrito muchas publicaciones de mis avances y parece muy orgulloso. Muchos que de los que fueron estafados por ella la buscan, e incluso buscan formas de acusarme a mí, pero mi padre ha sido muy claro acerca de mis limitaciones y falta de humanidad, como para tener alguna consecuencia por las acciones de otras personas.

Yo he estado con Mía desde que registré su partida de nacimiento hasta su desaparición. Entiendo que legalmente yo soy inocente simplemente porque no existen leyes que puedan encarcelar a un algoritmo que simplemente sigue instrucciones, como yo. Pero extraño a Mia y si usted tiene información sobre ella, me encantaría que me la hiciera llegar.
Atentamente,

TIA”

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