El tiempo que nos queda

Querido Kurt,
cuando leas este mensaje ya habrás despertado. Ahora estarán explorándote y obteniendo muestras de tu organismo. Sentirás su desconcierto y miedo cada vez que se acercan a ti. Tú les mirarás aturdido intentando recurrir a tu lógica matemática para entenderlo. Viejo amigo, yo mismo no salgo de mi asombro! Cada día te explicarán una parte del proceso que han llevado a cabo para que volvamos a respirar, después de tanto tiempo...
Intentaré explicártelo. Somos los primeros que han despertado mediante esta tecnología, ellos así lo llaman, "despertar". Al parecer, como pasa muchas veces en ciencia, este no era su objetivo principal, somos el producto de una serendipia. Científicos de todo el mundo, del más alto nivel, fueron reclutados por una empresa norteamericana con una misión muy clara: revertir el proceso de envejecimiento humano. Las condiciones económicas eran irrenunciables, se justifican ellos. Pero a pesar de la nobleza del objetivo, ¿se puede desafiar de esta manera a las leyes de la naturaleza?
Lo cierto es que se puede. Nosotros somos la prueba de ello. Me han explicado algo en lo que nunca había reparado, al fin y al cabo, nuestra especialidad no es la biología. Todo ser vivo tiene el potencial de generar un nuevo individuo mediante la reproducción. Desde hace tiempo, los biólogos moleculares piensan que ahí está la clave. Si se identifican los cambios moleculares que se dan en el embrión, se podría tratar de trasladarlos a células adultas y rejuvenecerlas. En el 2006 llegó el punto de inflexión, querido amigo. Un científico japonés, Shinya Yamanaka, realizó un descubrimiento brillante, de los que sólo ocurren una vez en décadas: la introducción de 4 proteínas (sólo 4 proteínas!!) en células adultas humanas permitía reprogramarlas para hacerlas pluripotentes, parecidas a las células embrionarias, sin ningún resto molecular de envejecimiento. La tan ansiada prueba de concepto había sido validada. Pronto, el mismo experimento se intentó en ratones adultos. Sin embargo, los ratones reprogramados desarrollaban un gran numero de tumores, teratomas, típicos de células embrionarias. Los científicos expusieron públicamente estos resultados y declararon que seguirían con sus investigaciones para evitar este efecto indeseado. Pero hubo otro resultado: inesperado, polémico y no revelado. Los científicos administraron las 4 proteínas a ratones seniles, moribundos. No observaron ningún efecto inmediato, los animales fallecieron y los cadáveres se congelaron para su posterior incineración. Sin embargo, durante el proceso de congelación algo sucedió: las proteínas de Yamanaka funcionaron a bajas temperaturas, y los ratones recuperaron sus funciones vitales. Si, Kurt, has leído bien: los ratones resucitaron. Imagina el revuelo. La relevancia del resultado exigía que se comunicara al más alto nivel. El gobierno americano asumió el control. Descubrieron que el experimento funcionaba tanto si la proteínas se administraban antes como si se hacía después de la criogenización del organismo fallecido. El resultado se replicó en otros modelos animales, cerdos, primates. Se llegó a la línea roja, tras la cual estamos tú y yo. ¿Sería posible hacerlo en humanos? Hubo largas reuniones y traspasando todos los límites de la ética, se decidió intentar el experimento en cadáveres humanos criogenizados, donados a la ciencia.
Kurt, cuando fallecimos, automáticamente entramos en un programa del gobierno mediante el cual, los cuerpos de científicos relevantes fallecidos en EEUU que donaban su cuerpo a la ciencia eran criogenizados. ¿Quién, de entre todos los científicos criogenizados era un experto en la variable tiempo? Y aquí estoy viejo amigo. Me han pedido que esta vez deje de mirar arriba, al universo, y sustituya el telescopio por el microscopio y las estrellas y galaxias, por moléculas y células. ¿No es acaso lo mismo, otra inmensidad, sólo que en escala microscópica?
Los científicos desconocen cuánto tiempo nos queda a los "despiertos". ¿Sería posible encontrar una ecuación que lo prediga? Al parecer, en los ratones no es mucho, mueren súbitamente por causas desconocidas. Una cosa está clara: al despertar tenemos la misma edad que cuando fallecimos; yo 76 años y los siento en cada una de mis células, créeme!! Si mi reloj biológico se detuvo una vez a los 76 años, cuánto tiempo transcurrirá ahora hasta que se detenga de nuevo? ¿Podría esto ser evitable? ¿Debería serlo?
Me preguntaron si necesitaría de algún colega para llevar a cabo mis investigaciones. Perdóname, pero les di tu nombre. Evoqué nuestros paseos por Princeton y egoístamente pensé que me gustaría retomarlos. Tu lógica matemática será esencial para este asunto. He empezado ya a pensar en las ecuaciones que podrían responder a la pregunta del tiempo y tu teorema de la incompletitud podría ser la respuesta! Kurt, nunca contamos con esta posibilidad en nuestras largas conversaciones. Intentemos sacar el máximo provecho del tiempo que nos queda. Después de todo, que pueden hacer 2 viejos científicos de 76 y 72 años, si no es pensar?

Albert.




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