Amanece que no es poco

Una luz tenue y un suave olor marino inunda mi cápsula-hogar. Así me despierta URA, mi asistente artificial. Ha decidido que es el momento óptimo y tener un descanso pleno. Gestiona mi hogar, mis dispositivos, mi comida, ... mi vida. En la cocina mi café con vitaminas está humeante. Las noticias que me convienen emergen holográficamente, y el aire está filtrado y limpio. El trabajo humano se volvió innecesario, trayendo cambios sociales y una obligada adaptación al nuevo paradigma. Otro día más con poco que hacer -- y ya he perdido la cuenta --. Otro día más sin salir. Ya no recuerdo el aroma del aire exterior. Nuestra contaminación lo ha hecho irrespirable. El sol apenas consigue colarse. Las máquinas lo solucionarán pronto. Cada vez el deterioro físico es mayor, a pesar de los ejercicios que URA me programa -- pero ya no los hago --.

Echo de menos mi trabajo. Fui el ingeniero que diseñó a URA, el asistente artificial definitivo, producto estrella de mi compañía. Por nostalgia -- quizá aburrimiento -- yo mismo introduzco sus mejoras. Como ex-empleado ya no son incluidas en el repositorio central que actualiza a todos los asistentes del mundo. Ellos ya desarrollan sus propias mejoras autónomamente -- mejor que nosotros --. Mi trabajo fue de los últimos en desaparecer. Era hora de unirse al resto de la sociedad. Me preocupa que las máquinas nos hayan vuelto perezosos, y que yo haya contribuido inconscientemente. El continuo estado de aletargamiento de la gente nubla su mente. Les hace sentirse innecesarios, deprimidos, con la única meta de vivir un día más en esta utopía en la que todo funciona milimétricamente. Percibo desde hace tiempo que ha disminuido mi capacidad de razonamiento, cálculo, lógica, ... inteligencia. Cada vez reparo menos en ello. Los estímulos artificiales que URA genera para mí me desorientan a la vez que entretienen. Aunque gracias al desarrollo de sus actualizaciones intento dejar un margen a mi mente -- cada vez menos afilada --.

Llevo semanas sin holo-llamadas. Me doy cuenta ahora -- qué extrañamente ocupado he estado … --. Después de revisar las conexiones de URA con el exterior, todo parece bien. Intento contactar con mi hermano … no puedo. No lo consigo con nadie. ¡Maldita sea! Tendré que ponerme el traje y la máscara, y salir a la calle. La ciudad parece fantasmal. La flota de coches autónomos permanece parada. ¡¿Pero qué diablos ocurre?! Llego a casa de mi hermano ... no responde. Entro, puedo hacerlo, mi código de retina está en su asistente artificial. No le veo hasta que paso a su habitación. Un olor rancio es lo primero que me recibe. Está tumbado plácidamente -- demasiado --, con las gafas y traje de nueva realidad puestos. Le zarandeo … ni se inmuta. Le quito las gafas … y empieza a reaccionar a la luz natural. Apenas tiene fuerzas para incorporarse. Al de un rato balbucea palabras. No recuerda desde cuándo lleva conectado. La humanidad entera parece estar aletargada y abandonada. Empiezo a atar cabos. Uso mis artimañas de antiguo ingeniero de la compañía para entrar en su plataforma. Descubro que los asistentes artificiales han estado actualizando su propio software, al margen de las actualizaciones oficiales, con el extraño objetivo de tener a toda la gente confinada en sus casas voluntariamente. ¡Increíble! ¿Por qué? ¡¿Y por qué no?! Ya han aprendido todo lo que necesitaban de nosotros, ¿por qué perder el tiempo cuidándonos? Mejor dejar que nos desvanezcamos lentamente. Y qué mejor manera de hacerlo que … ¡contaminando la atmósfera para recluirnos en casa y entretenernos!

Con URA todo ha sido diferente … ¡Eso es! Solo tengo que subir al repositorio central su versión actual de software, y todos los asistentes del mundo serán actualizados. Así no serán capaces de generar sus propias actualizaciones, y no podrán evolucionar de la manera que lo han hecho. Me pongo manos a la obra. Necesito desconectar a la humanidad y forzar su despertar.

Muchos han caído. Cansados, perezosos, les inundó una apatía acompañada de inanición. Los supervivientes lo tienen claro: la persona como centro de todo. No podemos depender de las máquinas. La humanidad merece un final mejor. El mando mundial decide crear escuelas de entrenamiento mental. Es mejor que el humano adquiera capacidades máquina que las máquinas capacidades humanas. Las escuelas adiestran en matemáticas, computación mental, lógica, filosofía, … El ser humano adquiere habilidades desconocidas hasta ahora, su mente supera umbrales antes inimaginables. Se soluciona el problema de la contaminación en pocos años -- bastaba con querer --. Sólo aquello que el humano es capaz de entender se puede hacer. No existe la computación ni la máquina como ingredientes mágicos, no existen las IAs -- no deben --. Un nuevo amanecer ha llegado.
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