El electrón positivo

Érase una vez un electrón que vivía feliz dentro de un aparato de Resonancia Magnética Nuclear en un hospital.
De la mañana a la noche giraba y giraba orgulloso de pertenecer a un equipo multidisciplinar de electrones, protones y neutrones que funcionaba “como un solo átomo”. Pensaba que tenía el mejor trabajo del mundo, y no le faltaba razón, puesto que trabajar en presencia de un campo magnético era tan divertido como dejarse llevar por una montaña rusa en un parque de atracciones. Y también hay que tener en cuenta que trabajar escuchando la radio era uno de las características que hacían atractivo y demandado ese puesto de trabajo. En los campos magnéticos habituales, las diferencias de energía están en la región de las frecuencias de radio, es decir, dentro del espectro electromagnético en la región de los megahercios (Mhz).

Un día que el electrón estaba trabajando, trajeron a un niño para hacerle una resonancia. Era un niño muy delgado. Su tez era pálida y en su boca se dibujaba un rictus de dolor. El niño llegó en una silla de ruedas empujada por un corpulento celador, que intentaba bromear con el chico para arrancarle una sonrisa. Pero todo era en vano. El chico no conseguía sonreír. El celador tomó suavemente en brazos al muchacho para colocarlo en el escáner, en posición adecuada para que le pudieran realizar la resonancia. Al verlo, el electrón se conmovió: el chico había perdido las dos piernas. En su lugar tenía dos muñones que no le permitirían mantenerse erguido. El electrón comprendió enseguida que ese niño no podría caminar si no le ayudaban.

Rápidamente convocó a su equipo a una reunión de urgencia. Les quedaban pocos segundos antes de volver a sus puestos puesto que el escáner de la resonancia iba a ponerse en marcha en cualquier momento para que el muchacho tuviera su diagnóstico. El celador ya había colocado al niño y se estaba apartando.
El electrón dijo a su equipo que por favor no se enfadaran con él, pero que iba a abandonarles por un tiempo. Les habló de que este chico había tocado su fibra sensible y que había tenido una gran idea para ayudarle. Pero debían dejarle marchar. Les recordó que seguirían siendo un equipo y les pidió que no perdieran el ánimo. Es bien sabido que un átomo, al perder un electrón, debe mantenerse positivo. Cuando sus compañeros protones, neutrones y electrones comprendieron que hablaba en serio y que se quería ir, le acompañaron hasta el enchufe. En el momento en que el escáner se puso en marcha, el electrón salió arrastrado por la corriente eléctrica.
Era un electrón muy valiente y no tenía miedo de surfear en la corriente. Estuvo mucho tiempo surfeando en la oscuridad hasta que llegó a un ordenador. Necesitaba saberlo todo sobre el chico: como se llamaba, en qué habitación estaba, si tenían previsto trasladarlo... Nada podía dejarse al azar. El más mínimo fallo haría fracasar su plan y este intrépido electrón no iba a permitir que nada saliera mal.
Navegó por internet para saber si cerca de él, en el hospital o en los centros de investigación de la Universidad Politécnica de su ciudad se estaba utilizando tecnología para imprimir en tres dimensiones.
Estudiando mucho, aprendió que las impresoras 3D utilizaban distintas técnicas y métodos. Todos ellos eran interesantes, pero en algunos de ellos, un electrón no podía influir mucho. Casi casi estaba desanimándose y su negatividad iba en aumento, cuando encontró por fin la forma de llevar a cabo su plan. Y girando tan rápido que Heisenberg no tendría la certeza de donde podría encontrarlo, se dirigió a la Universidad aprovechando la estupenda orientación espacial de los electrones.
En una de las impresoras 3D utilizaban la técnica de fusión por haz de electrones (EBM). A los electrones que trabajaban en esa impresora les habló del niño y les expuso su plan. Enseguida les convenció para que le ayudaran. Los electrones universitarios le contaron que uniendo las técnicas de impresión 3D con láser ya se obtenían resultados maravillosos, pero que utilizando un haz de ellos mismos, los resultados eran mucho mejores. Tan buenos, que las piezas obtenidas podían ser utilizadas en cirugía ortopédica.
El electrón les dijo que justamente era eso lo que necesitaba, que todos ellos juntos unieran sus esfuerzos para fabricar unas piernas con las medidas que él había tomado y un cartel con las instrucciones para hacerlas llegar al hospital.
Las piernas y el cartel quedaron perfectos. Cuando los científicos llegaron al día siguiente no podían creen lo que veían.
El electrón volvió al hospital justo a tiempo para ver, desde una bombilla, como un niño sonreía y lloraba a la vez, mientras su médico le enseñaba dos preciosas piernas ortopédicas de su medida exacta.

FIN
  • Hits: 145